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Otro reto presidencial


Una de las preocupaciones fundamentales de los trabajadores panameños, gira en torno a la designación del futuro Director de la Caja de Seguro Social, habida cuenta de la crisis financiera continuamente anunciada desde hace aproximadamente una década, por los diferentes gobiernos que administraron la Cosa Pública. De hecho la situación financiera de la institución, responde a varias causas, como la tan ponderada pirámide demográfica, pero indudablemente un catalizador innegable de la misma, lo constituye el hecho de haberla manejado con un criterio eminentemente partidista, como bolsón económico de las finanzas públicas, amén de los zarpazos cometidos por aquellos que, invocando el beneficio colectivo, la defraudaron millonariamente, sin culpas que pagar, mucho menos riquezas que devolver.
Otro de los aspectos que influyen definitivamente en la situación, es la alta morosidad del sector patronal, algunos de los cuales han logrado, según se comenta en voz baja, se le condone la deuda; lo cual de ser así, además de delictivo resultaría inmoral, si valoramos las pérdidas considerables que la institución ha sufrido debido a las "quiebras empresariales" o a los cambios de razón social, usualmente efectuadas para burlar los compromisos patronales, incluida las cuentas adeudadas a la Seguridad Social y lo que es peor, las prestaciones sociales a los trabajadores, sector más indefenso de la ecuación. Desde luego, que no podemos soslayar como hipótesis de trabajo, el peso específico del desempleo y de los bajos salarios en la supuesta descapitalización de la entidad.
Como podemos observar, el problema que tenemos por delante es más serio de lo que cualquier observador superficial pudiera suponer. Se trata de una organización social altamente valorada por el pueblo panameño, no sólo por lo que representa para la salud de la población laboral, sino para la estructura familiar, que se beneficia de esta manera, de los aportes efectuados por los cabezas de hogar, cumpliéndose de esta forma preceptos contenidos en la Constitución Nacional y en el Código de la Familia.
Es por lo anterior que salvar la Caja de Seguro Social de un colapso económico, o en su defecto de la privatización, se ha convertido en uno de los retos más significativos de la presidenta Mireya Moscoso, no sólo porque lo prometió durante la campaña política, sino porque, creada por su primer esposo y mentor político, constituye el eje central de nuestra deteriorada paz social, condición sine qua non para la gobernalidad sociopolítica.
Salvar la Caja de Seguro Social, señora Presidenta, es un asunto prioritario que implica elegir a su futuro conductor, tomando en consideración tanto las reglas establecidas para tal fin, como los méritos, ejecutorias y capacidades, ojalá divorciado, todo ello, de filiaciones partidistas o de intereses particulares que podrían subjetivar la gestión. Resulta imperativo que el designado, represente un interlocutor válido y reconocido, tanto por los funcionarios, como por los trabajadores, quienes de hecho son una de las fuerzas sociales dignas de ser ponderadas en su justa dimensión; lo que no debe interpretarse como amenaza, ya que coincidimos con George Chapman en que "los aduladores tienen la apariencia de amigos, como los lobos tienen la apariencia de perros".
La institución tiene que ser administrada de una manera clara, prístina y transparente, que permita examinar muchas de las fallas funcionales que evidencia, tales como la continua ausencia de medicamentos, qué decir de aquellos de calidad irrefutable; la carencia de insumos tan diversos como los que enfrentan los asegurados que para operarse de una catarata en el Hospital de Santiago, además de esperar largo tiempo, como en la ciudad, deben comprar parte del instrumental requerido. De ordinario resulta que el asegurado no puede efectuarse un análisis de química, como sucedió en uno de los laboratorios de una policlínica, recién inaugurado después de casi ocho años de estarlo remodelando, porque tenía el Spectrum Abbott dañado. Muy lindo quedó, después que funcionarios y usuarios pasaron las de Caín. Parece que la remodelación sólo fue cosmética.
Es frecuente la ausencia de instrumentos para trabajar, por falta de mantenimiento, o porque los criterios de compra de los mismos, no responden a los recomendados por los expertos, sino a decisiones basadas en motivos poco encomiables. ¿Qué asegurado no ha pasado por la experiencia de no poder hacerse un examen hematológico (de sangre) porque el coulter está fuera de servicio?; ¿qué me cuentan de los RX, las mamografías, los medicamentos, muchos de los cuales desestiman las opiniones y recomendaciones médicas específicas...? ¿A cuántos trabajadores temporales no les pagan la cuota de seguro social, en virtud de que "están a prueba" o porque la empresa está empezando o sencillamente la descuenta, pero la incumplen? ¿Por qué los inspectores correspondientes no son diligentes en la captación de los violadores y si lo son qué mano y por qué detiene la sanción merecida...?
Ojalá, la benemérita institución no vuelva a registrar en sus anales, las pérdidas millonarias, que unos gritan dos millones, y otras cifras algo más del millón. La directora del Seguro Social defiende que apenas superan el medio millón de balboas... también deja ver la posibilidad de que personas con mandos inferiores guarden responsabilidad: "En los casos en que haya un producto que se venció que no tiene que ver con la mora... con una compra excesiva, ellos tendrán que responder ante la autoridad administrativa" ( El Panamá América, 10 de septiembre de 1999). Preguntamos: ¿Es o no cierto, que se delega la autoridad, mas no la responsabilidad? ¿Acaso la directora general no es la máxima autoridad, igualmente la responsable de todo cuanto ocurra bajo su administración?
Este director, nos gustaría decir (o directora, pero no figura una mujer en la terna y me temo que con el pésimo ejemplo que antecede, tendría que luchar contra corriente) deberá contar con un liderazgo carismático, que por la vía del consenso y la técnica, convoque la unidad y concertación necesaria, de todas las fuerzas que integran la constelación institucional; que le permita encaminar la nave a puerto seguro, antes de que zozobre en un mar de improvisaciones o privatizaciones, como las impuestas por el gobierno absolutista del Toro; en lo relativo al fondo complementario, para lo cual ideó con sus compinches, empresas que por encima de nuestra voluntad, administrarán, ¡Dios quiera que bien!, el ahorro obligado del Fondo Complementario... ¡Tremendo reto Presidenta!

101 años de Panamá América

 
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