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Pacora, de los reproches a las soluciones


Todo tiene su momento, dice la Biblia. Y para las urbanizaciones que se inundaron hace algunas semanas en el sector de Pacora, es tiempo ya de pasar de los reproches a las soluciones. Y no es que seamos sordos al dolor humano ni ciegos ante la responsabilidad de los diseñadores, constructores y entidades que aprobaron los densos proyectos habitacionales en áreas altamente inundables, sino que estimamos que ya es tiempo de pasar a las soluciones, dejando el resto en manos de los jueces.
Para empezar, es bueno apuntar que el costo y la calidad de las viviendas involucradas es del tipo que necesita este país incrementar para los próximos diez años, a fin de proveer una solución al problema de la vivienda y la calidad de vida de los más pobres. Es el momento de poner un alto a los desórdenes urbanos tipo San Miguelito, Arraiján, Capira y La Chorrera, por no mencionar a Puerto Pedregal, en David.
La calidad y el precio de las viviendas, de precio inferior a B/. 15 mil y con mensualidades menores de B/. 50 se acerca a lo ideal si los comparamos con las alternativas tipo "favelas" de versión criolla. Es verdad que fallaron detalles y se cometieron graves errores, pero no por eso debemos condenar el concepto de una casa popular, dotada con lo más elemental para una vida decorosa. Lo demás, se puede mejorar a base de la experiencia, sin alterar la accesibilidad del precio. Cierto que se emplean paredes de un nuevo material de "foam" y alambre. Pero eso no causó la inundación y, además, bien tratado, es más sólido que las de bloque de cemento y arcilla, con la ventaja que permite importantes economías. El mismo material se usa en costosas edificaciones de Marbella y San Francisco. Pueden también añadirse más parques, áreas de juego, comercio y servicios, sin alterar la idea de una vivienda popular de calidad aceptable.
La solución que proponemos para Prados del Este, no es distinta a la que se hizo para enfrentar las recurrentes inundaciones en Changuinola, donde el limítrofe río Sixaola, parecía un mar, cada vez que salía de cauce, causando iguales tragedias. Sugerimos canalizar el río, ensanchar sus márgenes y amurallarlos con un malecón, trasladando a otro sitio las casas más expuestas. Así hicieron en Bonn, Alemania, a orillas del río Rin, y en innumerables poblaciones en las márgenes del río Amarillo en China. Sin mencionar a los holandeses, que viven y duermen tranquilos bajo el nivel del mar.

101 años de Panamá América

 
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