Pacto social o mercado
El Pacto social al que aludía Jean Jacob Rosseau consiste en limitar la soberanía individual para satisfacer las necesidades de todos; garantizar un mínimo de convivencia social a cambio de limitaciones personales. Esta fórmula ha ido perdiendo terreno frente a las ansias de ganancia imperante en nuestros días.
En vez de limitar la explotación laboral se opta por la "flexibilización"; en vez de asumir un papel en la defensa del consumidor, se opta porque el Estado sea un espectador en el "libre mercado", en donde las trasnacionales ponen al mundo de rodillas y aunque en algunos países, incluido estados Unidos, se toman medidas para controlar al monstruo (el mercado), en Panamá aún no se toma ninguna que lo afecte. Al parecer se acepta la teoría de Adam Smith acerca que el libre mercado y la competencia producen perdedores naturales (la mayoría del pueblo panameño) y la trasnacionalización económica es un fenómeno mundial frente al cual hay que doblegarse o, en el mejor de los casos, enfrentar sus consecuencias con subsidios estatales y no con políticas de justicia social.
Las necesidades del pueblo hay que atenderlas con interés y profundidad. No se puede responder con "es un problema mundial", porque las autoridades deben resolver los problemas y no justificarlos.
Algunos gobernantes creen tener una pléyade de genialidades y que nadie, absolutamente nadie, conoce mejor las posibles soluciones que sus "técnicos" (que en no pocas ocasiones se equivocan de canto a rabo), por lo que rechazan cualquier propuesta que no provenga de "sus" técnicos.
Otros no miran ni escuchan las soluciones propuestas fuera del gobierno porque no se ajustan a sus intereses políticos, ideológicos o materiales, colectivos o personales.
Existen aspirantes a gobernantes que esconden el prurito de llegar al poder para satisfacer única y exclusivamente sus ansias de poder y sus intereses personalísimos, aunque para ello deban disfrazarse de cualquier cosa en la campaña electoral, como actualmente vemos, y una vez electos, no sienten la necesidad de resolver ningún problema popular.
El aumento del costo de vida que afecta a la población no puede ser enfrentado con medidas coyunturales y tenues, sino con políticas permanentes.
Ver las posibilidades de indexación salarial; aumento general de salarios; control de precios por acuerdos nacionales; aumentos de peajes del Canal de Panamá a las trasnacionales petroleras; aumento de impuestos a la ganancia corporativa; fomento de los convenios colectivos y leyes generales sobre salarios del sector público, son algunas, de las medidas que debieran considerarse en vez de esquivar la afectación al capital y sobre todo al trasnacional por parte de los gobernantes electos para enfrentar esos problemas, desde la óptica de los intereses nacionales y populares.