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Pactos, pactitos y podredumbre


En los tiempos en que se hizo definitivo el fraccionamiento de los partidos políticos tradicionales (Liberal y Conservador); y luego de la desaparición del último, los sectores políticos subsistentes se vieron obligados a las alianzas, que era el camino más expedito para mantener su dominio desde el Palacio de las Garzas cautivas. Había toda clase de pactos, por lo cual fue acuñada la denominación de Pactos y Pactitos, para esa inevitable modalidad eleccionaria.
En los días presentes, los partidos menores se ven obligados a ser satélites de los mayores, por encima y por debajo de escrúpulos ideológicos. Ello es índice del hecho conocido, conforme al cual la mayoría del electorado no tiene interés alguno en la militancia política, y decide su voto en los últimos días de la campaña eleccionaria, concurriendo a depositarlo, porque al panameño le complace votar. Así se integra la mayoría triunfadora, y la secta a que le corresponda el ejercicio del poder, minoritariamente.
Ante el descrédito general de los grupos partidistas, se han hecho indispensables las compactaciones electoreras que conducen a la posesión de los espacios burocráticos. He aquí toda la mecánica electoral. Porque las diferencias ideológicas son inexistentes en la hora de hoy, como lo ha venido ocurriendo desde ayer.
Parece que, no obstante, para disponer de un simple argumento sin mayores efectos, se ha venido estilando durante las dos últimas décadas el recurrir a los convenios éticos, en las vísperas electorales. Su fin es abiertamente temporal y exhibicionista, por lo cual no inciden en las conocidas corruptelas eleccionarias. La mejor prueba última de ello es la repetida reforma del Código Electoral, cada cuatro o cinco años. Hace poco se dio el caso de que, cumpliendo el ritual consabido, el Consejo de Partidos Políticos, que funciona del brazo del Tribunal Electoral, por conducto de la Asamblea Legislativa, eliminó legalmente la obligación de las elecciones primarias de candidatos presidenciales y diputadiles, haciendo simplemente optativa esa fórmula "democrática" de selección. Lo cierto es que con o sin primarias, el resultado es el de la hegemonía minoritaria de las cúpulas partidistas.
222 Ante el descrédito general de los grupos partidistas, se han hecho indispensables las compactaciones electoreras que conducen a la posesión de los espacios burocráticos.
Los problemas de la política nacional continuarán su vigencia, mientras no se destierren los subalternos objetivos que persiguen la mal llamada "clase política". Así, cualesquiera empeños de superación ni siquiera se plantean con seriedad y "los políticos" que controlan los vericuetos partidista continúan repitiendo hasta la saciedad sus métodos y sus propósitos.
Las prácticas electorales serán las mismas, sin descartar los fraudes de bajos perfiles, ni los síntomas de vicios de alto conturno, comenzando por las legislaturas y terminando por el solio presidencial. El sistema eleccionario está edificado sobre bases sociales carcomidas. ¿Ya nos olvidamos de las partidas circuitales? No pasan de ser más que un soborno legalizado, que se orquesta desde las estructuras de los órganos Legislativo y Ejecutivo, a tanto han llegado la desvergüenza y la impunidad, que nada significa la eternización de tales prácticas, hoy refrendadas mediante leyes y medidas de tolerancia.
Nada valen los perfiles, con requisitos necesarios, para candidatos, que algunas personas se toman el trabajo de redactar y publicar. Las normas constitucionales y legales vigentes crearon, desde 1983, los circuitos electorales y el monopolio partidista de las candidaturas. Tales circuitos operan como verdaderos feudos del control político existente. Y el monopolio jurídico, legal y constitucional, que beneficia a los partidos, en la postulación de Presidente y legisladores, ha secuestrado, en mano de tales estructuras, a los felices mortales escogidos por las cúpulas para que continúen estafando a todo el país.
Mientras sectores de la clase media y sindicales, que estén permeados por una mística comprometida con planes de verdadera rectificación nacional, y mientras no se identifiquen en una lucha permanente por la solución de los problemas nacionales, todo el país continuará en manos de grupos delincuentes y retrógrados que impunemente siguen hundiéndolo, y no dejarán de hacerlo, mientras no sean enfrentados por los grupos sanos de la sociedad panameña, que se decidan, una vez por todas, a darle un alto definitivo al robo, al usufructo sectario del Estado y a la degradación de la sociedad nacional y de la Patria.
En el Salón de Oro se encuentran en exposición piezas del grupo inicial originarias de sitios como El Cafetal y la India, en la provincia de Los Santos; y el Rancho Sancho, en Coclé; y Las Huacas, en Veraguas. Además, el grupo internacional denominado así por su amplia distribución en Centroamérica y Mesoamérica, pero el mayor hallazgo se dio en el Sitio Conte.


Otras piezas en exhibición son las del grupo abierto o felestrado que se desarrolló en Playa Venao de Los Santos, el grupo Conte-Macaracas y el grupo de Veraguas.
También está el grupo Parita que muestra una gran variedad de estilos de orfebrería de diferentes tipos de metalurgia en oro. Esto se refleja por ejemplo en las aves con las alas desplegadas, típicas del occidente de Panamá, al igual que las ranas.
En una de las vitrinas hay diferentes tipos de aleación de cobre y oro en tres ranas. Hay una con mucho cobre, otra con menos cobre y una tercera con mucho más oro. A estas piezas se les daba un tratamiento o baño químico con jugos ácidos derivados de plantas para que el oro migrara a la superficie y las piezas, producto de aleación, parecieran de oro, explicó el arqueólogo.
La sofisticación que tenían los ancestros precolombinos en cuanto a los materiales, implicaba conocer las técnicas del martillado, repujado y soldadura. Y es que cada miniatura que está en el salón tiene detalles muy elaborados.
Para la realización de las piezas se utilizó el proceso de cera perdida, para el que se requería un modelo y molde que luego eran destruidos, por lo que son piezas únicas.
Los orfebres indígenas trabajaban en oro puro de 24 kilates las diferentes piezas, y con tal destreza que pareciera un trabajo sencillo, cuando no lo es.
El barro y la cerámica fueron dos materiales comúnmente utilizado por los nativos aquí, pero lograron superar sus destrezas con el manejo del oro. Las huellas dejadas por los orfebres en cuanto a figuras y detalles, es lo que ha permitido a los especialistas conocer a qué grupo cultural pertenecen los objetos.
Las piezas demuestran un alto nivel tecnológico dentro de una cultura que no tenía instrumentos de metal y los únicos eran unos cinceles y pinzas de oro.
Sin embargo, lograron hacer estas pequeñas piezas que actualmente a los orfebres les cuesta reproducirlas, ya que es un trabajo que necesita un dominio sofisticado de la técnica y del manejo de los materiales.
Las piezas se clasifican por el estilo. Las características que comparten las unas con otras se puede identificar por los materiales utilizados, los que permiten determinar cómo se relacionaban culturalmente los grupos indígenas.

101 años de Panamá América

 
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