Pactos políticos son válidos
Desde el instante de la firma del Pacto de La Pintada hasta el día de hoy en que reflexionamos sobre el mismo, este ha sido objeto de múltiples y variados comentarios por parte de los diversos sectores de la vida nacional, tanto políticos afectos al gobierno de turno como de la oposición, inclusive de los sectores que se denominan independientes y de la sociedad civil en general.
Es claro y natural que en la práctica, este pacto en su funcionamiento está plagado de conflictos de toda naturaleza dado las condiciones en que fue ratificado en aquel entonces por dirigentes de los partidos que en su momento adversaron a la alianza Unión por Panamá durante todo el período del gobierno del expresidente, Ernesto Pérez Balladares, y en la campaña electoral en que, unos abandonaron la figura del candidato Torrijos y los otros la candidatura del empresario Alberto Vallarino, quien, en las primarias del partido Arnulfista, resultó claramente perdedor.
Los graves vacíos y secuela que está dejando a la postre este acto político por la fragilidad de su origen y constitución, están a la vista y en el caso especial de nuestra provincia, se siente aún más sus lagunas, debilidades y flaquezas, porque la estructura y jerarquías del gobierno de Doña Mireya con este pacto, no las ostenta el partido arnulfista en el poder como lo esperaban sus miles de afiliados y seguidores.
De acuerdo con analistas políticos conocidos, los pactos políticos serios y responsables sólo son válidos para la consolidación de un nuevo gobierno, cuando se realizan fundamentalmente antes de la campaña electoral y no después, sobre todo, si la nómina es como en el caso que nos ocupa, la ganadora, porque ello supondría posibles entendimientos para cubrir intereses creados, para llevar espacios, obtener vigencia y poder político y acrecentar al final sus fines como colectivo político. Creemos que no se equivocan los analistas políticos que así piensan y formulan estas aseveraciones.
Nos preguntamos, ¿han estado los dirigentes de los partidos que fueron contrarios a la alianza Unión por Panamá y que hoy integran el Pacto de La Pintada, compenetrados de la filosofía, postulados y principios que llevaron a ocupar el solio presidencial a Doña Mireya?; ¿reconocen estos colectivos políticos, los planes, proyectos y programas que después de un diagnóstico de la realidad social, económica político y cultural del país, lograron plasmar con inusitado esfuerzo el documento de campaña de Unión por Panamá, "Nuestro compromiso para el cambio", que en su contenido conlleva los motivos y fines de esta alianza para mejorar las condiciones de pobreza extrema en que se debate la mayoría de la población panameña?.
Sin duda que es muy difícil asegurar que exista entre los que fueron en la campaña política férreos adversarios, una afinidad en las interrogantes antes expuestas porque, lógicamente, cada nómina presidencial una vez establecida, debe responder ante una determinada problemática, a líneas, acciones y estrategias distintas de alguna manera y mal se pudiera, para efecto de la "gobernabilidad", coincidir en criterios, ideas y conceptos, de manera concensuada. Por otro lado, el desarrollo de la política partidista se constituye en un trabajo árduo y agotador y como tal en alguna forma hay que recompensarlo una vez se llegue al poder, no sólo para los dirigentes de los grupos políticos afines, sino para los cientos de hombres y mujeres que caminaron por llanuras, laderas y montañas, cruzando ríos y quebradas, alimentándose mal y sobre todo, llevando la voz y el pensamiento emocionado a un pueblo que clama mejores días para sus miles de conciudadanos.
El caso concreto que debemos manifestar es que en realidad con el Pacto de La Pintada no se ha sido consecuente con muchos dirigentes y líderes de base de la Unión por Panamá. Aún no han tenido cabida y oportunidad de mejorar sus condiciones de vida en el gobierno de Doña Mireya. Se está retardando el proceso de asimilación de su clientela política, porque el pacto ciertamente ha favorecido a sectores que no se involucraron para nada en beneficio de la campaña política de la alianza Unión por Panamá.
Por estas razones de indiscutible valor, nos parece que cada día que transcurre, se agudizará este Pacto y cualesquiera otro que se que intente formalizar, dado los señalamientos que con prudencia hemos tratado de considerar. Todavía hay tiempo para enmendar y corregir esta situación, a todas luces improcedente. Doña Mireya obtuvo con su alianza triunfadora, un amplio margen de votos que la consagran con la capacidad necesaria para hacerle frente a las contingencias políticas de siempre. Contando de seguro con una mayoría del pueblo que respalda hasta ahora su gestión presidencial, se requiere tan sólo con su verdadera alianza, vender con la verdad desnuda a la opinión pública, los planes y programas del gobierno por personal capacitado, a fin de crear la debida conciencia de las bondades y los fines de sus proyectos dirigidos a los más pobres.
Es claro y natural que en la práctica, este pacto en su funcionamiento está plagado de conflictos de toda naturaleza dado las condiciones en que fue ratificado en aquel entonces por dirigentes de los partidos que en su momento adversaron a la alianza Unión por Panamá durante todo el período del gobierno del expresidente, Ernesto Pérez Balladares, y en la campaña electoral en que, unos abandonaron la figura del candidato Torrijos y los otros la candidatura del empresario Alberto Vallarino, quien, en las primarias del partido Arnulfista, resultó claramente perdedor.
Los graves vacíos y secuela que está dejando a la postre este acto político por la fragilidad de su origen y constitución, están a la vista y en el caso especial de nuestra provincia, se siente aún más sus lagunas, debilidades y flaquezas, porque la estructura y jerarquías del gobierno de Doña Mireya con este pacto, no las ostenta el partido arnulfista en el poder como lo esperaban sus miles de afiliados y seguidores.
De acuerdo con analistas políticos conocidos, los pactos políticos serios y responsables sólo son válidos para la consolidación de un nuevo gobierno, cuando se realizan fundamentalmente antes de la campaña electoral y no después, sobre todo, si la nómina es como en el caso que nos ocupa, la ganadora, porque ello supondría posibles entendimientos para cubrir intereses creados, para llevar espacios, obtener vigencia y poder político y acrecentar al final sus fines como colectivo político. Creemos que no se equivocan los analistas políticos que así piensan y formulan estas aseveraciones.
Nos preguntamos, ¿han estado los dirigentes de los partidos que fueron contrarios a la alianza Unión por Panamá y que hoy integran el Pacto de La Pintada, compenetrados de la filosofía, postulados y principios que llevaron a ocupar el solio presidencial a Doña Mireya?; ¿reconocen estos colectivos políticos, los planes, proyectos y programas que después de un diagnóstico de la realidad social, económica político y cultural del país, lograron plasmar con inusitado esfuerzo el documento de campaña de Unión por Panamá, "Nuestro compromiso para el cambio", que en su contenido conlleva los motivos y fines de esta alianza para mejorar las condiciones de pobreza extrema en que se debate la mayoría de la población panameña?.
Sin duda que es muy difícil asegurar que exista entre los que fueron en la campaña política férreos adversarios, una afinidad en las interrogantes antes expuestas porque, lógicamente, cada nómina presidencial una vez establecida, debe responder ante una determinada problemática, a líneas, acciones y estrategias distintas de alguna manera y mal se pudiera, para efecto de la "gobernabilidad", coincidir en criterios, ideas y conceptos, de manera concensuada. Por otro lado, el desarrollo de la política partidista se constituye en un trabajo árduo y agotador y como tal en alguna forma hay que recompensarlo una vez se llegue al poder, no sólo para los dirigentes de los grupos políticos afines, sino para los cientos de hombres y mujeres que caminaron por llanuras, laderas y montañas, cruzando ríos y quebradas, alimentándose mal y sobre todo, llevando la voz y el pensamiento emocionado a un pueblo que clama mejores días para sus miles de conciudadanos.
El caso concreto que debemos manifestar es que en realidad con el Pacto de La Pintada no se ha sido consecuente con muchos dirigentes y líderes de base de la Unión por Panamá. Aún no han tenido cabida y oportunidad de mejorar sus condiciones de vida en el gobierno de Doña Mireya. Se está retardando el proceso de asimilación de su clientela política, porque el pacto ciertamente ha favorecido a sectores que no se involucraron para nada en beneficio de la campaña política de la alianza Unión por Panamá.
Por estas razones de indiscutible valor, nos parece que cada día que transcurre, se agudizará este Pacto y cualesquiera otro que se que intente formalizar, dado los señalamientos que con prudencia hemos tratado de considerar. Todavía hay tiempo para enmendar y corregir esta situación, a todas luces improcedente. Doña Mireya obtuvo con su alianza triunfadora, un amplio margen de votos que la consagran con la capacidad necesaria para hacerle frente a las contingencias políticas de siempre. Contando de seguro con una mayoría del pueblo que respalda hasta ahora su gestión presidencial, se requiere tan sólo con su verdadera alianza, vender con la verdad desnuda a la opinión pública, los planes y programas del gobierno por personal capacitado, a fin de crear la debida conciencia de las bondades y los fines de sus proyectos dirigidos a los más pobres.