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Padre Alberto, una situación personal y no institucional


El padre Alberto, de raíces cubanas radicado en Miami, y quien fue hasta hace poco un sacerdote católico, se convirtió en los últimos años en una figura pública para toda Latinoamérica Con su carisma y contagiosa sonrisa, representaba para muchos una nueva generación de la Iglesia.

Recientemente, hemos sido testigos de hechos en la vida personal del presbítero, que han tenido resonancia en la opinión pública. Lo más reciente, que abandonaba la iglesia católica formalmente, en una acto altamente cubierto por los medios de comunicación. En el mismo evento, abrazó la religión episcopal, la cual permite el matrimonio de sus ministros. No se han hecho esperar la opiniones del por qué lo hizo; que si es la naturaleza del hombre; por amor; por la pasión, etc. No emitiré juicios con respecto al hombre, una vez sacerdote, pues no me corresponde juzgarlo. Pero, en cuanto al voto de celibato instaurado por nuestra Iglesia, debo elevar mi opinión y algunas consideraciones al respecto.

En nuestras latitudes es muy popular la frase: "Dios no escoge a los capacitados, capacita a los elegidos". El sacerdocio católico, instaurado por nuestro señor Jesucristo, es tan necesario para guiar a las almas en los duros momentos de la vida terrenal, a fin de que conozcan la verdad y logren la salvación. Estos servidores dedican el resto de sus vidas a la familia que Dios les regala, lo cual, en la mayoría de los casos, es más que un trabajo y nadie dice que es fácil. Si tuvieran su propia familia, sería casi imposible de cumplir a cabalidad con ambas, por lo que una de estas misiones se descuidaría.

Esa ardua labor, conlleva años de preparación espiritual y mental. Sus votos no son escogidos al azar, todos tienen su importancia y razón de ser. En cuanto al celibato, ha sido cumplido por miles de sacerdotes y santos con fuerte devoción y éxito, por lo que no es imposible. Sólo imaginen por un momento si el celibato es eliminado. Luego, seguirá el voto de obediencia y continuará el relajamiento, dependiendo de cuál nos desagrada o, simplemente, no se adapta a las necesidades de tal o cual persona. El caso del ex padre católico Alberto es una situación personal, no institucional. La Iglesia católica no está en crisis, las confusiones las tienen los hombres, que buscan, como en un centro comercial, las condiciones que mejor les queden. Empero, el evangelio es como una espada afilada, que toca nuestros corazones y nos dice las verdades, aunque no nos guste escucharlas.

A todos los católicos: no se desanimen, el orden promulgado por nuestra Iglesia, contrario a la anarquía, tiene su razón de ser. No imiten a los hombres y a sus comodidades terrenales; tomen al hijo de Dios como ejemplo, que El nunca los defraudará.

101 años de Panamá América

 
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