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¡Paguen! ¿A cambio de qué?


Había anunciado a algunos de mis lectores que continuaría ocupándome de la turbia componenda que se trasunta del “ventajoso arreglo”, acordado, en principio, para “comprar” los corredores a las empresas ICA y PYCSA. Pero pospondré el tema por una o dos semanas, para dedicar mi columna de hoy a otro asunto, éste sí, comprobadamente nauseabundo: la incapacidad municipal para recoger la basura y la estafa en que se ha convertido la famosa “tasa de aseo”.

El Estado puede imponer tributos y cobrarlos, a las buenas o a las malas. Y los gobernados debemos pagarlos. Los tributos se dividen, básicamente, en impuestos, contribuciones y tasas. Los impuestos no tienen contraprestación específica. Ellos sostienen el funcionamiento del gobierno; pero no están casados a ninguna actividad en particular. Las contribuciones, como las de la seguridad social, sostienen los diferentes programas que, en nuestro caso, administra la Caja del Seguro Social, pero no van a una “Caja común” como los impuestos ni están atadas a una contraprestación como las tasas. En el caso de éstas, existe una clara y directa vinculación entre lo que se paga y lo que se debe recibir a cambio de lo pagado. Ejemplos: el suministro de agua o el servicio de aseo.

Los casos del agua y del aseo son paradigmáticos para ilustrar el atraco de que somos víctimas. En el caso del agua, independiente de si le llega bien y regularmente, el consumo lo determina un medidor que cuenta los galones consumidos y usted paga por lo que recibe. En la recolección de la basura, la tarifa es impuesta por el Municipio, que la cobra sin atención a si presta o no el servicio.

En épocas del señor Navarro, se impuso un desorbitado aumento de la tasa de aseo, que se mantiene. La justificación era que el servicio costaba más de lo que pagábamos y que se requerían nuevos equipos para “realizar la recolección eficiente y puntual de la basura”. Basura resultaron esos argumentos. Se aumentó pero no se mejoró nada. Se compraron decenas de camiones que hoy son chatarra. Ahora se vuelven a anunciar compras de más camiones “con urgencia notoria”, que generan sospechas de turbios acomodos.

Como en este caso la mejor ilustración y dramática comprobación es el hecho de que la basura está a punto de ahogarnos, y que por días y semanas nadie la recoge, es obligatoria la pregunta: ¿si la tasa de aseo es el pago específico por el servicio de recolección de la basura y éste ni siquiera se presta mal sino que, materialmente, no existe, por qué el Municipio insiste en estafarnos cobrando por un servicio que no nos presta?

“Desde que se inventaron las excusas nadie queda mal”, dice un viejo refrán. Pero no lo crea, señor Vallarino, pues bien podría suceder que un día de estos, “los tasados”, cabreados de tanto abuso, mentiras e incapacidad tomen otras acciones. Por lo pronto, sería saludable que no insistiera usted en cobrar por un servicio que su administración no nos presta.

101 años de Panamá América

 
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