default

País sin rumbo


HACE aproximadamente unos tres años que publiqué un artículo en este diario ahora bien reorientado, Panamá América, bajo el título de "Ultradegradación Institucional", dándole un nombre apropiado a la vieja crisis de institucionalidad, que había venido padeciendo el país, desde los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, hasta la actualidad.
Los años de fundación de la República ocuparon a nuestros hombres públicos de aquella época en construir las bases jurídicas y la estructura político-social de la Nación, en materia de educación, de finanzas públicas, de estructura estatal, de salud pública, de apertura de vías de comunicación y otras soluciones y menesteres básicos. Lo hicieron esos dirigentes nacionales con esfuerzo y ánimo patrióticos. Pero ya en los años treinta comenzaron las divisiones partidistas y el fraccionalismo de sectas politiqueras, que lentamente vinieron entronizándose en el país, desde fines de 1941 hasta nuestros días.
Me referí en aquél artículo al máximo de degeneración institucional en que se había pulverizado la República. Aseguraba que lamentablemente la sociedad panameña no había podido generar fuerzas sociales de regeneración interna, para los problemas y fallas nacionales que aparecieron y aumentaron a partir de la paz universal de 1945, en un terreno propicio que fue de hechura propia.
Con otras palabras, acaba de coincidir con mi opinión anterior el licenciado Guillermo A. Cochez, en su artículo periodístico de estos días, titulado "Un sistema en crisis de muerte", que se inicia con los siguientes apóstrofes:
"No podemos hablar únicamente de la crisis de la justicia. Se trata de la crisis del sistema entero; en lo social, lo económico, lo político; todo está corroído. Crisis que se viene acumulando en los cien años que tiene el país de independiente". Es lo que también nosotros hemos venido sosteniendo y escribiendo en dosis medidas, porque se trata de artículos periodísticos.
Los países no cambian porque un hombre, una mujer, o un grupo les señale el camino de su redención, ya que el funcionamiento desastroso o próspero de una nación es un problema político, que no se resuelve únicamente con buena voluntad, sino con decisiones políticas sabias y certeras, que ciertos grupos políticos sepan poner en marcha. No es suficiente que nos coloquemos por delante de un micrófono de televisión, o que escribamos un artículo periodístico repleto de las más sabias soluciones.
En Panamá, una partidocracia constitucionalizada, unos partidos políticos que monopolizan, por medio de artículos constitucionales y legales, la marcha total del país, para beneficio totalitario de sus intereses económicos de clase social, de grupos demagógicos con grandes intereses pecuniarios. Y ese monopolio constitucional no puede ser destruido sólo con buena voluntad, con discursos por la televisión y acciones tibias parecidas, sino con una lucha política esforzada, cuyos jefes conquisten el voto de la mayoría del pueblo, a favor de su propia salvación, lo que es una verdadera lucha política democrática, de años y no de días.
Nosotros sabemos muy bien que la única vía de solución de los problemas nacionales en beneficio del pueblo panameño, está en un organismo integrado por jóvenes profesionales que conozcan esos problemas, que con el apoyo de los sindicatos no vendidos y demás agrupaciones cívicas honestas formen un movimiento político democrático que desplace del poder a la actual partidocracia monopolista que controla todos los gobiernos que se elijan o se formen.
La tarea es muy ardua, pero hay elementos profesionales, sindicalistas y cívicos de un mínimo de experiencia que deben formar la legión que oriente al pueblo panameño por los caminos de su propia salvación.
He aquí el único camino certero. Todo lo demás son pamplinas y sueños de opio.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América