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Palabra de honor


Demetrio Fábrega publicó recientemente un ensayo biográfico sobre el origen de su familia, y de cómo el próximo presidente de la república, Ricardo Martinelli, desciende en línea directa de la generación de José de Fábrega y de Justo Arosemena.

Recuerda Fábrega con orgullo a las grandes figuras de sus antecesores que fueron personajes de singular prestancia antes y después de la república. Explica cómo los Fábrega y los Arosemena se unieron y “dejaron marcas brillantes en esa historia nacional que nadie conoce”.

No sé por qué en su relato dejó de mencionar a José Isaac Fábrega, uno de los panameños más grandes que tuvo la república. Y me va a permitir Demetrio, por la gran admiración y el respeto que le tuve a don José Isaac, que agregue algunas notas personales que tengo sobre el brillante personaje.

El 9 de agosto de 1978, con motivo de un aniversario más del nacimiento de Justo Arosemena, llegó don José Isaac Fábrega a David a pronunciar una conferencia sobre la vida de su bisabuelo. Yo tuve el honor de presentarlo en esa ocasión, en la Casa de la Cultura de David. Recordé una conversación que habíamos tenido con él, don Leonidas Escobar y yo, mientras almorzábamos en su casa unas semanas antes de este evento Copio lo que dije en esa ocasión: “Hablábamos alta y noblemente de la patria. “Para mí -decía don José Isaac en aquella ocasión memorable- un país es Nación cuando en él se identifican el hombre con su tierra, con su pasado y con su futuro; cuando siente que el dolor de la patria es el suyo; cuando cualquier hecho que la lacera aunque personalmente no lo dañe, le duele, le conmueve, le preocupa. Todo lo que le ocurre a su patria, le es propio. Cuando en un país, los hombres se sienten identificados así, hay Nación entonces…El Hombre-Nación es el que hace por la patria lo que haría por su padre, por su madre, por sus hijos, por sí mismo”.

Recordé también, que en la biblioteca de don José Isaac se mantenía en un lugar muy visible, el retrato que el Dr. Justo Arosemena le dedicó a su nieto, Julio J. Fábrega; y en las márgenes del mismo aparecían las firmas y las dedicatorias que sus descendientes han ido estampando al dejar a sus sucesores el preciado retrato familiar. El último poseedor era precisamente don José Isaac, quien lo había dedicado a su hijo Jaime Fábrega Quelquejeu.

En esa ocasión, en David, don José Isaac Fábrega, que era un gran orador, nos presentó una semblanza inolvidable de su bisabuelo, el Dr. Justo Arosemena.

Y no puedo terminar sin recordar una de sus inolvidables crónicas. Fue la que dedicó al Dr. Alfonso Preciado, el primer médico pnameño graduado en la famosa universidad de La Sorbona de París. Don José Isaac contó que, era tal la honradez del Dr. Preciado, que en una ocasión compró de palabra una casa en Colón; y quedó en llevar al día siguiente el dinero a quien se la vendió. El Dr. Preciado regresó a la capital. Y en la noche un voraz incendio en la ciudad de Colón quemó varias casas, entre ellas la que el Dr. Preciado había comprado de Palabra. Y el honorable médico fue a llevar el dinero, exactamente como lo había convenido con el vendedor. Eran nada menos que 75 mil dólares (de los primeros años del siglo XX). Y es que era su palabra la que estaba de por medio…

Demetrio, perdona esta intromisión en tu brillante ensayo familiar.

101 años de Panamá América

 
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