Palabras grandes, compromisos pequeños
Quizás sea como decía Stendhal, que el hombre usa las palabras para disfrazar sus pensamientos. Quizás sea una condición humana -que naturalmente incluye a los políticos, a todos, y no sólo a los que muestran un mayor éxito en las encuestas.
Hasta ahora la campaña electoral ha estado dominada por palabras, no por ideas; por términos altisonantes, o epítetos ofensivos, vocablos rudos, groseros, o simplemente por frases vacías. No es cierto que los candidatos tratan de emular la forma como habla el pueblo; más bien se han propuesto la triste tarea de imitar burdamente lo peor de nuestro pueblo, pues no es cierto que en Panamá no haya gente educada y bien pensante capaz de entretejer crítica y propuesta en un discurso razonado y sustentado en evidencias.
Pero pareciera que los candidatos no se sienten del todo cómodos con mantener un intercambio de gente educada. Cuando hacen propuestas, la suma de las palabras no alcanza la altura de una promesa.
Estamos a tiempo para empezar a construir un mandato político que se corresponda con los retos que el Estado deberá enfrentar el próximo periodo. No más guerras de eslóganes ridículos, por favor. Queremos grandes compromisos, aunque las palabras sean pocas y conocidas. Porque los votos que el dinero suma, sustraen la esperanza de la política.