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Pan y petróleo


El dinero que va a parar a las arcas de los países exportadores de petróleo es, en la actualidad, sencillamente todo el que circula en el mundo. Hablo del dinero en circulación: los pobres, las grandes mayorías marginada, no tienen otra clase de dinero. Circula el dinero que se gasta.

Los pobres son los que gastan todo lo que reciben. Son los que palian a diario sus necesidades; por ello, lo que ganan tienen que dejarlo en la tienda, en el supermercado, en el kiosco. No es que los ricos no gasten. Sí gastan, pero el comprar los alimentos en un supermercado para ellos no es nada aterrador ni agonizante. No se fijan en los precios. Ellos, por tener tanta plata, simplemente pagan. No descartamos a los ricos avaros, que regatean, hasta la muerte, un centavo. Pero las inmensas fortunas de los ricos se encuentran a buen recaudo en los bancos, cuando no en los nacionales en los internacionales. Viven de los intereses, ellos dicen "de las rentas". Son millones, billones de miles y miles de millones que van a parar, a diario, a estos países que todo lo controlan, todo lo mueven, todo lo manejan. En realidad que tienen un poder terreno casi supremo, todopoderoso.

Entre tanto, los magnates del mundo petrolífero, juegan a los gastos, a los placeres y a los deleites de sus voraces apetitos animados por la ostentación, la ampulosidad, la exageración en los principios de vida, y cuando no, lo que parece ser causa real e inmediata, a la competencia entre ellos mismos por demostrar más y más poder. Se compran aviones superveloces, son aviones rayo luz; invitan a un gran cantante o actriz y le pagan por minutos invertidos millones, tres o cuatro, diez o doce; entre tanto que, a unos cuantos kilómetros de sus narices, el hambre pulula por doquier; las enfermedades abundan; no hay hospitales, los trabajadores son expoliados; los niños abandonados; las mujeres llevando una vida de esclavas corporales y estigmatizadas por un perverso machismo que no comprende la dignidad humana -la palabra dignidad para ellos tiene sexo masculino-.

Ya es hora que el discurso de los ricos deje de ser un discurso de hipócritas; que éste abandone la moral que se halla bifurcada por la mentira y la demagogia y empiecen a dar muestras tangibles de solidarizarse con los pobres.

Las maneras o modos de hacerlo, por favor, cada cual sabe cómo hacerlo. Cristo lo dijo: Dad pan al hambriento y agua al sediento, abrigo al desnudo.

No hay duda alguna en sostener que la vida y el corazón se transforman con la justicia y la caridad. Cito: "La gente le preguntaba: ¿Qué debemos hacer? Él les contestaba: El que tiene dos capas dé una al que no tiene y quien tenga que comer, haga lo mismo. Vinieron también los cobradores de impuestos para que los bautizara. Le dijeron: Maestro: ¿Qué tenemos que hacer? Respondió Juan: no cobren más de lo debido". (Lucas 3: 10-14).

silguemo@hotmail.com

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