Panamá 2,003
En el año 2,003 la República de Panamá celebrará el centenario de su nacimiento. La mayoría de los panameños que hoy vivimos sobre esta hermosa parte de nuestro planeta estaremos presentes en la celebración. Sin embargo, existe una sombra que pretende empañar el brillo de la celebración. El nacimiento de nuestra República fue opacado por intereses foráneos que han condicionado el desarrollo económico, social y cultural de nuestra nación. El complejo de inferioridad que ha acompañado a las diferentes generaciones de panameños a lo largo de nuestra historia republicana no nos ha permitido asumir con responsabilidad los destinos de la nación.
Económicamente, nuestra República se ha convertido en una finca periférica donde se rotan los cultivos a partir de las necesidades de una metrópoli que, a falta de productividad y eficiencia interna, sacrifica las ventajas comparativas que nos distingue.
Socialmente, la distorsión introducida por la circulación del dólar estadounidense permite que convivan niveles de miseria avergonzadora al lado de los más altos niveles de consumo conectados al sector de la economía al que sirve de base dicha circulación. Como en los tiempos de Jesucristo, en los bolsillos de los ciudadanos se encuentra la moneda imperial y esto condiciona la opinión que de sí y sus capacidades tengan cada uno de los panameños, educados o analfabetas.
A través de nuestra historia patria diversos sectores de la población han querido llamar la atención sobre este hecho. Algunos desde posiciones ideológicas que mediatizan la existencia de la patria en aras de una revolución global que nunca llega. Otros desde posiciones nacidas de las vergüenza nacional que representa la tutela que ejerce Estados Unidos sobre nuestra nación. Y es que en Panamá es fácil morirse de amor por la patria, de sólo verla postergada, siempre humillada.
Hoy se pretende globalizar todo: la economía, el desarrollo, las fronteras, la soberanía y sobre todo la miseria. No cabe duda que para la supervivencia pacífica de la humanidad se necesitan enfoques globalizantes que detengan el avance del hambre y la miseria entre nuestros semejantes. Pero la globalización o mejor dicho la participación de los estados en ese proceso debe ser libre y soberanamente establecida, atendiendo siempre a los intereses de desarrollo y participación social. Actualmente las decisiones económicas están condicionadas por la enorme deuda externa que agobia a nuestras sociedades y ésta a su vez influye sobre las decisiones políticas.
En la actualidad se pretende desviar la atención de la nación del verdadero sentido que debe tener para la sociedad panameña la recuperación de la integridad territorial y la condición de estado soberano. El Canal de Panamá es accesorio a este hecho y por lo tanto no constituye la esencia de la lucha generacional de los panameños. No obstante, hoy se habla únicamente del Canal para poder dejar abierto el compás de las negociaciones sobre la presencia militar de los Estados Unidos en territorio panameño (no importa como se disfrace por ejemplo, el CMA), lo que a la postre mediatiza lo andado en materia de recuperación de la dignidad nacional.
Para algunos la presencia negociada de bases (CMA) en países como España, Italia, Alemania y otros es símbolo fehaciente de que en efecto se pueden tener dichas negociaciones. No obstante, olvidan que ya antes de la llegada de los europeos a América existían estados soberanos en dichos países. Dejemos respirar a la patria, permitamos al Estado, siempre inconcluso y amorfo, tener personalidad propia.
Los estadounidenses con las sanciones económicas y la invasión destruyeron una parte considerable de nuestro Producto Interno Bruto y de nuestra ya deteriorada conciencia nacional y no por eso dejamos de existir como nación. No dejaremos de existir tampoco si se retiran las tropas que representan el último bastión del militarismo en nuestro país.
Las negociaciones sobre la permanencia de las bases en nuestro territorio no puede ser parte de la agenda de éste ni de ningún gobierno que diga representar los intereses de la nación panameña. Las bases tal como las conocemos fueron creadas con el pretexto de defender lo indefendible.
EL CMA tiene un fin aún más perverso y vulgar: hacer más sofisticada la injerencia de Estados Unidos enm los asuntos internos de las nacionales americanas. ¿Debe ser Panamá punta de lanza en la política militarista de EU en nuestra América? Después de revisar la historia de nuestras relaciones con EU debe avergonzarnos participar en un proyecto con esas pretensiones.
Económicamente, nuestra República se ha convertido en una finca periférica donde se rotan los cultivos a partir de las necesidades de una metrópoli que, a falta de productividad y eficiencia interna, sacrifica las ventajas comparativas que nos distingue.
Socialmente, la distorsión introducida por la circulación del dólar estadounidense permite que convivan niveles de miseria avergonzadora al lado de los más altos niveles de consumo conectados al sector de la economía al que sirve de base dicha circulación. Como en los tiempos de Jesucristo, en los bolsillos de los ciudadanos se encuentra la moneda imperial y esto condiciona la opinión que de sí y sus capacidades tengan cada uno de los panameños, educados o analfabetas.
A través de nuestra historia patria diversos sectores de la población han querido llamar la atención sobre este hecho. Algunos desde posiciones ideológicas que mediatizan la existencia de la patria en aras de una revolución global que nunca llega. Otros desde posiciones nacidas de las vergüenza nacional que representa la tutela que ejerce Estados Unidos sobre nuestra nación. Y es que en Panamá es fácil morirse de amor por la patria, de sólo verla postergada, siempre humillada.
Hoy se pretende globalizar todo: la economía, el desarrollo, las fronteras, la soberanía y sobre todo la miseria. No cabe duda que para la supervivencia pacífica de la humanidad se necesitan enfoques globalizantes que detengan el avance del hambre y la miseria entre nuestros semejantes. Pero la globalización o mejor dicho la participación de los estados en ese proceso debe ser libre y soberanamente establecida, atendiendo siempre a los intereses de desarrollo y participación social. Actualmente las decisiones económicas están condicionadas por la enorme deuda externa que agobia a nuestras sociedades y ésta a su vez influye sobre las decisiones políticas.
En la actualidad se pretende desviar la atención de la nación del verdadero sentido que debe tener para la sociedad panameña la recuperación de la integridad territorial y la condición de estado soberano. El Canal de Panamá es accesorio a este hecho y por lo tanto no constituye la esencia de la lucha generacional de los panameños. No obstante, hoy se habla únicamente del Canal para poder dejar abierto el compás de las negociaciones sobre la presencia militar de los Estados Unidos en territorio panameño (no importa como se disfrace por ejemplo, el CMA), lo que a la postre mediatiza lo andado en materia de recuperación de la dignidad nacional.
Para algunos la presencia negociada de bases (CMA) en países como España, Italia, Alemania y otros es símbolo fehaciente de que en efecto se pueden tener dichas negociaciones. No obstante, olvidan que ya antes de la llegada de los europeos a América existían estados soberanos en dichos países. Dejemos respirar a la patria, permitamos al Estado, siempre inconcluso y amorfo, tener personalidad propia.
Los estadounidenses con las sanciones económicas y la invasión destruyeron una parte considerable de nuestro Producto Interno Bruto y de nuestra ya deteriorada conciencia nacional y no por eso dejamos de existir como nación. No dejaremos de existir tampoco si se retiran las tropas que representan el último bastión del militarismo en nuestro país.
Las negociaciones sobre la permanencia de las bases en nuestro territorio no puede ser parte de la agenda de éste ni de ningún gobierno que diga representar los intereses de la nación panameña. Las bases tal como las conocemos fueron creadas con el pretexto de defender lo indefendible.
EL CMA tiene un fin aún más perverso y vulgar: hacer más sofisticada la injerencia de Estados Unidos enm los asuntos internos de las nacionales americanas. ¿Debe ser Panamá punta de lanza en la política militarista de EU en nuestra América? Después de revisar la historia de nuestras relaciones con EU debe avergonzarnos participar en un proyecto con esas pretensiones.