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Panamá, capital del mundo americano


Panamá se viste de gala, en función de su vieja tradición de país eminentemente hospitalario, para recibir en su seno a los distinguidos cancilleres americanos y a los embajadores acreditados ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), así como también a los invitados especiales y a los representantes de la prensa nacional y extranjera, como huéspedes de honor, durante los días comprendidos entre el 3 y el 5 de junio de 2007. Esto se debe a la celebración, en nuestra capital, de la XXXVII Asamblea General de la OEA, convocada para debatir temas de interés para los países de la región, especialmente el complejo tema de la "Energía para el Desarrollo".
Por su situación geográfica, en pleno centro del continente, Panamá es la capital de América. Ese concepto no es de ahora, sino que tiene mucho más de una centuria. Durante la colonia, reemplazó a Santo Domingo como lugar de aprovisionamiento para las expediciones que iban a tierras del Pacífico o del Atlántico. Pero fue el Libertador que le dio con más énfasis la categoría de capital continental, al citar las naciones de América al Congreso Afictiónico. Gráficamente la comparó con Corinto, cuyo istmo unía diversas regiones de Grecia. Desde entonces, desde que el Padre de seis naciones se convirtió en el precursor de la solidaridad americana, Panamá viene siendo sitio de unión, eje de actividades continentales, vértebra de la seguridad del hemisferio, punto neurálgico de la geografía. Somos, sin duda, un país y una ciudad con un gran espíritu cosmopolita; sin embargo, sabemos cultivar las virtudes patrióticas que integran la nacionalidad.
Por su investidura de Primer Vicepresidente y Ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, corresponderá a Su Excelencia Samuel Lewis Navarro, dar la más calurosa bienvenida a los ilustres visitantes e inaugurar la jornada histórica, en el marco del Trigésimo Séptimo Periodo de Sesiones Ordinarias de la Asamblea General de lo OEA. Todo indica que los representantes de las naciones del continente están movidos por un mismo espíritu y ardidos por una misma fe, y que todos desean que los problemas comunes (como es el energético), se resuelvan dentro del franco sistema de cooperación interamericana, y sobre base de comprensión, de derecho, de paz y de justicia.
Y es que, pasado el tiempo, desde la celebración del histórico Congreso de Panamá, en 1826, los voceros de todos los pueblos americanos, como los pueblos mismos, están convencidos de que América (el Nuevo Mundo) no nació para la guerra, para la anarquía, ni para la esclavitud, ni para las doctrinas disolventes. Y todos están conformes en afirmar que las doctrinas de la democracia son la solución final que puede fortalecernos espiritual y materialmente, no sólo para alcanzar el más alto grado de prosperidad y de cultura, sino también para hacer frente, victoriosamente, al narcotráfico, al lavado de dinero y al terrorismo internacional, con su secuela de crímenes y violencia que son, hoy día, la principal amenaza y el más tremendo peligro que se cierne sobre la civilización occidental.
La voz de los cancilleres y de los embajadores de la OEA ha de resonar, en estos días, en todo el continente, anunciando que, en el mismo suelo (Panamá) donde se reunieron en 1826 los precursores de los ideales del Panamericanismo, estarán reunidos hoy los personeros de nuestros pueblos, para buscar mayores lazos de unión y de solidaridad, y para prometer, ante la sagrada memoria del Libertador Simón Bolívar, que todos lucharán por el triunfo y la consolidación de los postulados que él predicó y soñó para la formación de una América grande, redimida y libre.
El Gobierno y el pueblo de Panamá, así como también las naciones del hemisferio, miran con júbilo y esperanza el desarrollo de estos acontecimientos, y formulan votos porque la proyección espiritual y material de ellos se prolongue en el futuro de la vida de los pueblos americanos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América