Panamá contra las ballenas
Una total desilusión fue el voto de Panamá ante la Comisión Ballenera Internacional que se reunía en Italia para decidir y controlar su pesca. Japón, liderando a los países pesqueros, procuraba obtener la autorización del organismo para continuar matándola con fines industriales bajo el eufemismo del interés investigativo. Se estima que el número de estos mamíferos, el mayor ser viviente sobre la Tierra, se ha reducido en una décima parte del que había hace un siglo.
La presidenta de la República, Mireya Moscoso, había hecho renacer la esperanza entre los grupos ecologistas locales y del extranjero de que Panamá cambiaría su voto tradicionalmente comprometido con los intereses pesqueros, al informar que había dado instrucciones a la delegación nacional asistente en el evento, de votar a favor de la conservación de la ballena.
El voto conservacionista era más que lógico, desde el momento que nuestras cálidas aguas son destino obligado de ballenas que migran desde los helados mares glaciares vecinos a los casquetes polares hacia los trópicos en busca de aguas tibias donde reproducirse y acompañar sus críos hasta la época en que adquieran tamaño, peso y colchones de grasa suficientes para retornar "a casa", en los mares polares. Obviamente, muchos ballenatos perecen en el proceso, por ley natural, víctimas de depredadores; pero una mayoría alcanza las aguas frías del norte para reiniciar el proceso vital. No obstante, en medio del ciclo, se interpone el hombre con sus harpones, cañones y barcos pesqueros. El resultado previsible es la extinción del manso y maravilloso animal, un milagro de la naturaleza y, si se quiere, de la creación.
La presencia periódica de ballenas en nuestras aguas, en especial en el Archipiélago de las Perlas, Coiba y la Laguna de Chiriquí en Bocas del Toro, da a Panamá una oportunidad extraordinaria de explotar el turismo de avistamiento que sólo en la franja costera de Patagonia genera más de $$100 millones al año. Es cuestión de imaginar a pescadores artesanales panameños y medianos empresarios, transportando en botes a turistas a sitios de observación de ballenas, con todo lo que ello implica.
Desafortunadamente, no tenemos sentido de lo que son los intereses nacionales que, en este caso, están ligados sólidamente a la suerte de las ballenas, sobre todo con un turismo que crece en los últimos años a ritmo explosivo, con la enorme inversión hotelera de playas que está igualmente multiplicándose. ¡Por Dios! acabamos de aprobar en dos debates, sin completar el trámite de sanción presidencial, la creación del Parque Nacional Insular y Marítimo de Coiba, precisamente para explotar ese tipo de turismo; y nos gastamos, desde hace años, millones de dólares -a través del IPAT- en promoción extranjera.
Siendo así, ¿por qué nuestra delegación votó contradictoriamente, por un lado a favor de la conservación de la ballena; y por el otro, contra la creación de un santuario internacional excluido a toda caza en el Pacífico Sur, que propiciaría la reproducción del cetáceo en vías de extinción?
- No es mala idea que Martín divulgue las partidas discrecionales post-invasión.
- Ahora se rumora que Mireya inició el proyecto "Mano Dura" para mejorar su popularidad.
No me da en la cabeza que la Pena de Muerte y la Cadena Perpetua sean instrumentos que le ganarían créditos a nadie, mucho menos a una `lame duck´.
- Mientras pensaba en voz alta, finalizaron los 15 días de sesiones extraordinarias para reformas a la Constitución Nacional, táctica que aconsejaron a Martín sus asesores de "piripipao".
Por su parte, Mireya acordó la llamada a sesiones extraordinarias, en mi opinión, inexplicablemente. A menos que de verdad haya un pacto MAMI. Lo cual se podrá determinar con mayor certeza si Mireya extiende la consideración de las malhadadas reformas de nuevo para tirarle en cara a los ciudadanos el hecho de que la partidocracia, o sea el bipartidismo, quiere prevalecer a como dé lugar.
- Todas las peripecias que se han inventado prueban, sin lugar a dudas, que aquí no existe la democracia sino una caricatura de ella.
Después de quedar con las patas al aire, los dirigentes de juguete de la caricatura, juntos o individualmente, deben propugnar por una sola reforma para incluir la convocatoria de una constituyente punto.
El paralelismo es para darle al bipartidismo tiempo para reagruparse e inventar quién sabe que estupidez. Nadie piensa en acabar con la pesadilla que vivimos todos los panameños. ¡Pobre Panamá!
La presidenta de la República, Mireya Moscoso, había hecho renacer la esperanza entre los grupos ecologistas locales y del extranjero de que Panamá cambiaría su voto tradicionalmente comprometido con los intereses pesqueros, al informar que había dado instrucciones a la delegación nacional asistente en el evento, de votar a favor de la conservación de la ballena.
El voto conservacionista era más que lógico, desde el momento que nuestras cálidas aguas son destino obligado de ballenas que migran desde los helados mares glaciares vecinos a los casquetes polares hacia los trópicos en busca de aguas tibias donde reproducirse y acompañar sus críos hasta la época en que adquieran tamaño, peso y colchones de grasa suficientes para retornar "a casa", en los mares polares. Obviamente, muchos ballenatos perecen en el proceso, por ley natural, víctimas de depredadores; pero una mayoría alcanza las aguas frías del norte para reiniciar el proceso vital. No obstante, en medio del ciclo, se interpone el hombre con sus harpones, cañones y barcos pesqueros. El resultado previsible es la extinción del manso y maravilloso animal, un milagro de la naturaleza y, si se quiere, de la creación.
La presencia periódica de ballenas en nuestras aguas, en especial en el Archipiélago de las Perlas, Coiba y la Laguna de Chiriquí en Bocas del Toro, da a Panamá una oportunidad extraordinaria de explotar el turismo de avistamiento que sólo en la franja costera de Patagonia genera más de $$100 millones al año. Es cuestión de imaginar a pescadores artesanales panameños y medianos empresarios, transportando en botes a turistas a sitios de observación de ballenas, con todo lo que ello implica.
Desafortunadamente, no tenemos sentido de lo que son los intereses nacionales que, en este caso, están ligados sólidamente a la suerte de las ballenas, sobre todo con un turismo que crece en los últimos años a ritmo explosivo, con la enorme inversión hotelera de playas que está igualmente multiplicándose. ¡Por Dios! acabamos de aprobar en dos debates, sin completar el trámite de sanción presidencial, la creación del Parque Nacional Insular y Marítimo de Coiba, precisamente para explotar ese tipo de turismo; y nos gastamos, desde hace años, millones de dólares -a través del IPAT- en promoción extranjera.
Siendo así, ¿por qué nuestra delegación votó contradictoriamente, por un lado a favor de la conservación de la ballena; y por el otro, contra la creación de un santuario internacional excluido a toda caza en el Pacífico Sur, que propiciaría la reproducción del cetáceo en vías de extinción?
- No es mala idea que Martín divulgue las partidas discrecionales post-invasión.
- Ahora se rumora que Mireya inició el proyecto "Mano Dura" para mejorar su popularidad.
No me da en la cabeza que la Pena de Muerte y la Cadena Perpetua sean instrumentos que le ganarían créditos a nadie, mucho menos a una `lame duck´.
- Mientras pensaba en voz alta, finalizaron los 15 días de sesiones extraordinarias para reformas a la Constitución Nacional, táctica que aconsejaron a Martín sus asesores de "piripipao".
Por su parte, Mireya acordó la llamada a sesiones extraordinarias, en mi opinión, inexplicablemente. A menos que de verdad haya un pacto MAMI. Lo cual se podrá determinar con mayor certeza si Mireya extiende la consideración de las malhadadas reformas de nuevo para tirarle en cara a los ciudadanos el hecho de que la partidocracia, o sea el bipartidismo, quiere prevalecer a como dé lugar.
- Todas las peripecias que se han inventado prueban, sin lugar a dudas, que aquí no existe la democracia sino una caricatura de ella.
Después de quedar con las patas al aire, los dirigentes de juguete de la caricatura, juntos o individualmente, deben propugnar por una sola reforma para incluir la convocatoria de una constituyente punto.
El paralelismo es para darle al bipartidismo tiempo para reagruparse e inventar quién sabe que estupidez. Nadie piensa en acabar con la pesadilla que vivimos todos los panameños. ¡Pobre Panamá!