Panamá desde lejos
Lo único que no se extraña de Panamá cuando se vive afuera es la vida violenta que cada día aumenta y que se experimenta en nuestras calles cuando te suenan sin razón la bocina, te recuerdan a tu difunta madre porque no vas a la velocidad que pretenden o cuando se pasan la luz roja y casi te asesinan porque estabas de primero en la fila que tiene la luz verde. Sin embargo, Panamá es entrañable. Tu familia, su gente, tus amigos. Tu comida caliente con guiso casero y tu helada Panamá. Tu música alegre y sus bailes tan movidos y su calor tropical que te logra enjugar algunas gotas de sudor.
Sin embargo a la distancia, sentimos que podemos ser mejores en muchas cosas. Por ejemplo, poniendo orden en nuestras ciudades, en las urbanizaciones. Una ciudad capital como Washington dispone de más áreas verdes que cualquier otra, a la par de campos de juegos y parques por donde uno mire, que sirven de entretenimiento y solaz a gran cantidad de sus habitantes y que seguro lograran que muchos jóvenes no se sientan atraídos por la droga. Nosotros, donde no hay moles de cemento, buscamos la forma de eliminar la verde y sin planificación alguna, lo rellenamos con alguna construcción; en las barriadas donde por ley deben haber espacios para campos de juegos y parques, hacemos lo imposible para ceder para estos espacios los peores espacios.
La capital norteamericana tiene reglas muy severas de urbanismo. El que no las respeta simplemente le demuelen lo construido en contra de las disposiciones. Hacen cumplir muy estrictamente sus reglas sobre manejo y estacionamientos; a cada momento vemos grúas transportando vehículos mal estacionados: 100 por la multa; 200 por el transporte. El que maneja embriagado se le ponen multas muy altas y se le acumulan puntos que pueden suspenderle la licencia de conducir por dos años El que no respeta la propiedad estatal, como las estafetas, los basureros y las áreas públicas podría hasta ser conducido a la cárcel.
No soy de los que me quejo por lo que veo en otras partes y no encuentro en Panamá. Sin embargo, somos muy dados a copiarlo todo de otros lares; sin embargo, pero sólo lo peor: las bocinas estrepitosas; los horripilantes peinados y tintes; la ropa que atenta sobre todo contra la dignidad de las féminas. Copiemos lo mejor, lo que nos hará mejores. El hábito a ser ordenados; la costumbre de la lectura, el amor por las artes; la afición por la música clásica; la dedicación por el deporte. Gobernados y gobernantes, en una alianza sólida, pueden ayudar a que copiemos esas cosas buenas que una cultura como la anglosajona nos puede enseñar.
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