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Panamá, el Dubai de América


Hace un par de días escuché en un programa de televisión, de una cadena internacional de noticias, una frase muy curiosa, que hacía referencia a nuestro país como: “El Dubai de América”. Haciendo eco de mi curiosidad, al instante inicié una pequeña investigación para corroborar el porqué de esa comparación.

Dubai es un país ubicado en el Golfo Pérsico, con una población aproximada de un millón y medio de habitantes, regentada por un emirato árabe. La religión mayoritaria es el Islam. Posee reservas de petróleo propias y puertos de trasiego de mercancías. Al observar estos elementos, aún no podemos apreciar la similitud de nuestro istmo con esta nación. Sin embargo, al observar su balanza comercial y la macroeconomía, sólo entonces salta a relucir el porqué de la bien intencionada analogía; nuestro momentáneo auge económico.

La economía de Dubai floreció en menos de 50 años. La mayoría de los estudiosos coinciden en que esto se debió a la diversificación económica ordenado por el Gobierno. Es uno de los pocos países del golfo, que no dependen exclusivamente de las bondades del petróleo. Con inversiones millonarias en turismo, industria portuaria, desarrollos inmobiliarios y otros, esta pequeña nación se ha convertido en el “clúster económico” de la región.

Mirando hacia América, Panamá en los últimos años, ha despuntado en la esfera económica, principalmente en la industria inmobiliaria. Aunado a las grandes expectativas con relación a la expansión del Canal. Sin embargo, tomando el ejemplo de Dubai, nuestros gobernantes deberán fomentar otras industrias alternas como el turismo, la industria portuaria, la pequeña y mediana empresa, la exportación de productos agrícolas no tradicionales; y por sobre todas las cosas, procurar el bienestar social de sus habitantes. Y es que, a pesar del supuesto auge económico, las clases media y las más necesitadas están sufriendo de problemas serios que deberían haberse solucionado con urgente prioridad. Este es el caso del sistema del transporte público, de la seguridad, la educación, la atención médica y los altos impuestos que recaen sobre las clases medias.

Para tener un verdadero desarrollo económico no bastan las inversiones millonarias privadas. La clave está en el equilibrio, entre lo anterior y la atención de las necesidades más apremiantes de la población más necesitada. Las repercusiones de una desigualdad en estos factores, indiscutiblemente traerá consigo, un levantamiento social. El pueblo necesita percibir y ser parte del crecimiento económico del país para entonces hablar de un desarrollo económico.

101 años de Panamá América

 
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