Panamá en su 98 aniversario
Noviembre es considerado por los panameños como el "Mes de la Patria". Ello nos obliga, necesariamente, a hacer las más profundas reflexiones en torno al presente y futuro de la nación panameña. Conmemoramos este año el nonagésimo octavo aniversario de la fundación de la República, o sea la separación definitiva de Colombia. Pero esta vez, con el más hondo pesar y tristeza, porque hoy más que nunca, se hace sentir la necesidad de la acción sabia y responsable, viril, honesta y desapasionada de un presidente de la República de carácter, de un verdadero estadista.
Todos sabemos, y los hechos lo han comprobado, que la señora Moscoso llega a la Presidencia de la República por efecto del "azar". Y cuando los azares de la vida (particularmente de la política), donde reina la confusión, el fanatismo, la codicia, el servilismo, la audacia propia de la mediocridad y gobierna el absurdo, traen a candidatos y candidatas dotados de escasísimo intelecto hasta el grave trance de acometer la osadía de aspirar a la Presidencia de la República, aún sabiendo de sus propias limitaciones personales en cuanto a la falta de formación profesional, de suficiente experiencia administrativa y demás atributos y cualidades indispensables para ejercer con probidad y decoro el difícil, complejo y delicado cargo de Presidente(a) de la República.
Es curioso, empero por muy fácil que resulte hallar puntos de partida para un enjuiciamiento negativo de la gestión gubernamental de la señora Moscoso, toda su fuerza y su peso acumulativo no hacen justicia al fenómeno del "azar" de la política que le facilitó su ascenso al poder. En realidad, es una verdadera "desgracia nacional" el grado de frustración, de desengaño y lo traicionado que se siente el pueblo panameño por los efectos nefastos de un gobierno incapaz, de "un gobierno que no educa ni gobierna". Todo ello permite presumir el grado de pesadumbre y de desconcierto, evidentemente indestructible, que este gobierno de "Unión por Panamá" ejerce, con su deficiencia, corrupción generalizada, nepotismo y problemática, sobre tanta gente (más de dos millones y medio de panameños), de tal manera que el pueblo diariamente clama en diversas formas pacíficas, pero con acento enérgico, porque ocurra algo que lo libere de esta "pesadilla", o que muy pronto llegue el fin (aún faltan 34 meses) del período constitucional del actual gobierno.
A escasos dos años para la celebración del primer centenario de la República, merece nuestro permanente reconocimiento, especialmente en este "Mes de la Patria", mucho de cuanto hicieron estadistas progresistas, tales como el Dr. Manuel Amador Guerrero, Dr. Belisario Porras, Dr. Harmodio Arias Madrid, Don Enrique A. Jiménez, Don Ricardo Manuel Arias Espinosa, Don Ernesto de la Guardia Jr., Don Roberto F. Chiari y el Dr. Ernesto Pérez Balladares para el Estado panameño y que perdura hoy todavía. Entonces funcionaba un Estado sano en sus fundamentos, porque los gobernantes mencionados se entregaban al servicio y al estricto cumplimiento del deber. Es decir, cumplían y hacían cumplir la Constitución y las leyes de la República, siempre con un alto sentido de responsabilidad y de sensibilidad humana y social.
Contrario a todos esos ejemplos edificantes, como se habrá advertido y denunciado por todos los sectores políticos y sociales del país, el fracaso del gobierno de la señora Moscoso se debe, además de su particular incompetencia, al ningún empeño con que los partidos turnantes de la coalición "Unión por Panamá" se han ocupado de modernizar la vida panameña. Y esto en todos los órdenes: ni en lo más alto del derecho y de la justicia, la equidad social y la educación, ni en lo mediano de la técnica administrativa, ni en los inferiores de la más elemental higiene popular. ¡Qué ironía!.
En todo caso, los panameños -con dolor de Patria, lamentablemente- hemos iniciado un nuevo siglo y milenio, bajo la administración del gobierno más incompetente que registra nuestra historia política republicana. Y esta afirmación no es, de ninguna manera, antojadiza: lo dicen las encuestas de opinión pública, lo dice el hombre y la mujer de la calle, lo señalan y difunden los medios de comunicación, lo reconocen, incluso, algunos políticos y funcionarios del actual régimen y, sobre todo, lo sienten y sufren con profundo pesar y visible muestras de impotencia, los cientos de miles de panameños pobres y de extrema pobreza (los muchos de "carne y hueso" como acostumbrara decir la actual mandataria en la pasada campaña electoral).
En este 98 aniversario de la República, reitero, me siento orgulloso de ser hijo de un país situado en una de las porciones más hermosas del continente americano y del mundo. Pero he de advertir, que la política es la escuela en que se recogen con más frecuencia los desengaños populares. Muchas veces, quizás valdría mejor decir que casi siempre, los errores y las equivocaciones de un jefe de Estado, obedecen a un mal informe o a una intriga manipulada por sus colaboradores. ¡Loor a la Patria en su día!.
Todos sabemos, y los hechos lo han comprobado, que la señora Moscoso llega a la Presidencia de la República por efecto del "azar". Y cuando los azares de la vida (particularmente de la política), donde reina la confusión, el fanatismo, la codicia, el servilismo, la audacia propia de la mediocridad y gobierna el absurdo, traen a candidatos y candidatas dotados de escasísimo intelecto hasta el grave trance de acometer la osadía de aspirar a la Presidencia de la República, aún sabiendo de sus propias limitaciones personales en cuanto a la falta de formación profesional, de suficiente experiencia administrativa y demás atributos y cualidades indispensables para ejercer con probidad y decoro el difícil, complejo y delicado cargo de Presidente(a) de la República.
Es curioso, empero por muy fácil que resulte hallar puntos de partida para un enjuiciamiento negativo de la gestión gubernamental de la señora Moscoso, toda su fuerza y su peso acumulativo no hacen justicia al fenómeno del "azar" de la política que le facilitó su ascenso al poder. En realidad, es una verdadera "desgracia nacional" el grado de frustración, de desengaño y lo traicionado que se siente el pueblo panameño por los efectos nefastos de un gobierno incapaz, de "un gobierno que no educa ni gobierna". Todo ello permite presumir el grado de pesadumbre y de desconcierto, evidentemente indestructible, que este gobierno de "Unión por Panamá" ejerce, con su deficiencia, corrupción generalizada, nepotismo y problemática, sobre tanta gente (más de dos millones y medio de panameños), de tal manera que el pueblo diariamente clama en diversas formas pacíficas, pero con acento enérgico, porque ocurra algo que lo libere de esta "pesadilla", o que muy pronto llegue el fin (aún faltan 34 meses) del período constitucional del actual gobierno.
A escasos dos años para la celebración del primer centenario de la República, merece nuestro permanente reconocimiento, especialmente en este "Mes de la Patria", mucho de cuanto hicieron estadistas progresistas, tales como el Dr. Manuel Amador Guerrero, Dr. Belisario Porras, Dr. Harmodio Arias Madrid, Don Enrique A. Jiménez, Don Ricardo Manuel Arias Espinosa, Don Ernesto de la Guardia Jr., Don Roberto F. Chiari y el Dr. Ernesto Pérez Balladares para el Estado panameño y que perdura hoy todavía. Entonces funcionaba un Estado sano en sus fundamentos, porque los gobernantes mencionados se entregaban al servicio y al estricto cumplimiento del deber. Es decir, cumplían y hacían cumplir la Constitución y las leyes de la República, siempre con un alto sentido de responsabilidad y de sensibilidad humana y social.
Contrario a todos esos ejemplos edificantes, como se habrá advertido y denunciado por todos los sectores políticos y sociales del país, el fracaso del gobierno de la señora Moscoso se debe, además de su particular incompetencia, al ningún empeño con que los partidos turnantes de la coalición "Unión por Panamá" se han ocupado de modernizar la vida panameña. Y esto en todos los órdenes: ni en lo más alto del derecho y de la justicia, la equidad social y la educación, ni en lo mediano de la técnica administrativa, ni en los inferiores de la más elemental higiene popular. ¡Qué ironía!.
En todo caso, los panameños -con dolor de Patria, lamentablemente- hemos iniciado un nuevo siglo y milenio, bajo la administración del gobierno más incompetente que registra nuestra historia política republicana. Y esta afirmación no es, de ninguna manera, antojadiza: lo dicen las encuestas de opinión pública, lo dice el hombre y la mujer de la calle, lo señalan y difunden los medios de comunicación, lo reconocen, incluso, algunos políticos y funcionarios del actual régimen y, sobre todo, lo sienten y sufren con profundo pesar y visible muestras de impotencia, los cientos de miles de panameños pobres y de extrema pobreza (los muchos de "carne y hueso" como acostumbrara decir la actual mandataria en la pasada campaña electoral).
En este 98 aniversario de la República, reitero, me siento orgulloso de ser hijo de un país situado en una de las porciones más hermosas del continente americano y del mundo. Pero he de advertir, que la política es la escuela en que se recogen con más frecuencia los desengaños populares. Muchas veces, quizás valdría mejor decir que casi siempre, los errores y las equivocaciones de un jefe de Estado, obedecen a un mal informe o a una intriga manipulada por sus colaboradores. ¡Loor a la Patria en su día!.