Panamá entre países que menos contaminan
Para que la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, que inició sus trabajos el lunes en Johannesburgo, no quede solamente en compromisos de papel, es urgente que las naciones ricas apliquen el concepto de seguridad global a temas como el cambio climático y la erradicación de la pobreza en el mundo, destacó Gonzalo Menéndez Franco, número dos de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) y miembro de la delegación panameña que participa en esta nueva cita para salvar el planeta. "En la cumbre se ha reconocido a Panamá como uno de los países que menos contamina", añadió Menéndez Franco, al revelar que al suscribir el Protocolo de Kioto, relacionado con el cambio climático, el país acepta los topes establecidos para las emisiones de gases contaminantes como el dióxido de carbono, generado por la combustión de petróleo y carbón. Los asistentes a la Cumbre de Johannesburg lo han repetido de diferentes formas. Y la postura panameña es coincidente: hay que darle un enfoque integral al desarrollo sostenible que interrelacione las dimensiones económicas, sociales, ambientales y culturales.
La delegación panameña, encabezada por Carlos Arellano Lenox, responsable del Consejo Nacional para el Desarrollo Sostenible; la conforman también, además de Menéndez Franco, Ruby de Moscoso, primera dama de la nación; Gonzalo Córdoba, de la Secretaria Nacional de Ciencia y Tecnología (SENACYT); Alfredo Castillero del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX); Juan Díaz, de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), y Rodrigo Tarte, de la Ciudad del Saber. También José Manuel Pérez, del Programa de Desarrollo Sostenible de Darién, que coordina el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Miriam de Anaya, del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Panamá (IDIAP), Rigoberto González, del Programa Panamá Rural del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y el embajador de Panamá en Sudáfrica, Rodrigo Chiari. El vicepresidente Arturo Vallarino, arribó el sábado para participar en la cita de jefes de Estado y de Gobierno.
Panamá circula entre las delegaciones una iniciativa para crear en la Ciudad del Saber un Centro Internacional para el Desarrollo Sostenible, que contaría con una estructura para acopio de información y un Instituto Internacional para el Estudio y la Promoción del Desarrollo Sostenible, lo que ha recibido el respaldo de países latinoamericanos, Canadá, Estados Unidos y naciones europeas.
Para llegar a Johannesburgo se pasó antes por la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, celebrada hace 10 años, seguida de cuatro reuniones preparatorias. Lo que queda por delante, en opinión de Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992, es establecer un compromiso de convivencia. "Hay que cambiar radicalmente el ritmo de esta convivencia complaciente con el desastre y la crueldad. Hay que recuperar la dignidad, el sentido más profundo del compromiso con la vida, con las vidas, con la supervivencia de las especies, de las civilizaciones", recalcó en la víspera del encuentro de Johannesburgo.
La ausencia de los líderes de las principales potencias industrializadas, incluyendo al presidente estadounidense George W. Bush, el líder italiano Silvio Berlusconi y el presidente del gobierno español, José María Aznar, demuestran que falta un compromiso real para impulsar modelos de desarrollo compatibles con la sostenibilidad ambiental. Antes del arribo de los jefes de estado y de gobierno de 104 países, unos 10,000 delegados debatieron la declaración política que había avanzado en consensos sobre diversos compromisos, pero en Johannesburgo esos acuerdos se han diluido. El aspecto más importante, lo relacionado con los medios de ejecución de los compromisos, al encontrar resistencia por parte de los países industrializados, con Estados Unidos a la cabeza, es negociado por un grupo de contacto nombrado por Nitin Desai, secretario general de la conferencia.
Un documento preparado por el embajador de Barbuda, John Ashe, ha reducido el perfil de responsabilidades aprobadas en las distintas reuniones preparatorias que buscaba poner en práctica el principio de la Cumbre de Río, el cual establecía que el país que más contamina debería pagar más por la limpieza del planeta. "Lo que se pretende es establecer responsabilidades comunes, pero diferenciadas", dijo Arellano Lenox, quien ha participado activamente en las negociaciones.
"Lo que ha sucedido en los últimos días, es que Estados Unidos ha metido la mano", reveló un diplomático latinoamericano. "Ese principio va contra la industria petrolera mundial", añadió. En ese contexto, los países industrializados dan un giro a la Cumbre de Johannesburgo y reducen la salvación del planeta a un tema de comercio y ambiente, es el criterio generalizado que prevalece entre las delegaciones de las naciones en desarrollo. Diplomáticos latinoamericanos también han comentado que del mismo modo como Estados Unidos desarrolló el concepto de seguridad global para enfrentar la amenaza terrorista, también debió considerar que el cambio climático requiere un desarrollo global que impida la destrucción de los recursos naturales del planeta.
A lo largo de la primera semana de la cita de Johannesburgo los delegados se ocuparon de temas como salud, biodiversidad, ecosistemas, agricultura, transferencia de tecnología, educación, ciencia, consumo, agua, sanidad y energía. También habrá intervenciones de los organismos no gubernamentales. Esas organizaciones mantienen una cumbre paralela a la que asisten unos 25,000 miembros de organizaciones no gubernamentales en un centro de convenciones en las cercanías del histórico barrio de Soweto.
Por la parte panameña participan Esmeralda Brown y el dirigente indígena kuna Onel Arias. Si no se logran compromisos concretos, señalaron representantes de las organizaciones no gubernamentales, Johannesburgo será un nuevo altar donde se rinda culto a la solidaridad y a la madre naturaleza sin que muchos de los países que son decisivos para alcanzar resultados concretos muevan un dedo para salvar al planeta.
La delegación panameña, encabezada por Carlos Arellano Lenox, responsable del Consejo Nacional para el Desarrollo Sostenible; la conforman también, además de Menéndez Franco, Ruby de Moscoso, primera dama de la nación; Gonzalo Córdoba, de la Secretaria Nacional de Ciencia y Tecnología (SENACYT); Alfredo Castillero del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX); Juan Díaz, de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), y Rodrigo Tarte, de la Ciudad del Saber. También José Manuel Pérez, del Programa de Desarrollo Sostenible de Darién, que coordina el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Miriam de Anaya, del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Panamá (IDIAP), Rigoberto González, del Programa Panamá Rural del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y el embajador de Panamá en Sudáfrica, Rodrigo Chiari. El vicepresidente Arturo Vallarino, arribó el sábado para participar en la cita de jefes de Estado y de Gobierno.
Panamá circula entre las delegaciones una iniciativa para crear en la Ciudad del Saber un Centro Internacional para el Desarrollo Sostenible, que contaría con una estructura para acopio de información y un Instituto Internacional para el Estudio y la Promoción del Desarrollo Sostenible, lo que ha recibido el respaldo de países latinoamericanos, Canadá, Estados Unidos y naciones europeas.
Para llegar a Johannesburgo se pasó antes por la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, celebrada hace 10 años, seguida de cuatro reuniones preparatorias. Lo que queda por delante, en opinión de Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992, es establecer un compromiso de convivencia. "Hay que cambiar radicalmente el ritmo de esta convivencia complaciente con el desastre y la crueldad. Hay que recuperar la dignidad, el sentido más profundo del compromiso con la vida, con las vidas, con la supervivencia de las especies, de las civilizaciones", recalcó en la víspera del encuentro de Johannesburgo.
La ausencia de los líderes de las principales potencias industrializadas, incluyendo al presidente estadounidense George W. Bush, el líder italiano Silvio Berlusconi y el presidente del gobierno español, José María Aznar, demuestran que falta un compromiso real para impulsar modelos de desarrollo compatibles con la sostenibilidad ambiental. Antes del arribo de los jefes de estado y de gobierno de 104 países, unos 10,000 delegados debatieron la declaración política que había avanzado en consensos sobre diversos compromisos, pero en Johannesburgo esos acuerdos se han diluido. El aspecto más importante, lo relacionado con los medios de ejecución de los compromisos, al encontrar resistencia por parte de los países industrializados, con Estados Unidos a la cabeza, es negociado por un grupo de contacto nombrado por Nitin Desai, secretario general de la conferencia.
Un documento preparado por el embajador de Barbuda, John Ashe, ha reducido el perfil de responsabilidades aprobadas en las distintas reuniones preparatorias que buscaba poner en práctica el principio de la Cumbre de Río, el cual establecía que el país que más contamina debería pagar más por la limpieza del planeta. "Lo que se pretende es establecer responsabilidades comunes, pero diferenciadas", dijo Arellano Lenox, quien ha participado activamente en las negociaciones.
"Lo que ha sucedido en los últimos días, es que Estados Unidos ha metido la mano", reveló un diplomático latinoamericano. "Ese principio va contra la industria petrolera mundial", añadió. En ese contexto, los países industrializados dan un giro a la Cumbre de Johannesburgo y reducen la salvación del planeta a un tema de comercio y ambiente, es el criterio generalizado que prevalece entre las delegaciones de las naciones en desarrollo. Diplomáticos latinoamericanos también han comentado que del mismo modo como Estados Unidos desarrolló el concepto de seguridad global para enfrentar la amenaza terrorista, también debió considerar que el cambio climático requiere un desarrollo global que impida la destrucción de los recursos naturales del planeta.
A lo largo de la primera semana de la cita de Johannesburgo los delegados se ocuparon de temas como salud, biodiversidad, ecosistemas, agricultura, transferencia de tecnología, educación, ciencia, consumo, agua, sanidad y energía. También habrá intervenciones de los organismos no gubernamentales. Esas organizaciones mantienen una cumbre paralela a la que asisten unos 25,000 miembros de organizaciones no gubernamentales en un centro de convenciones en las cercanías del histórico barrio de Soweto.
Por la parte panameña participan Esmeralda Brown y el dirigente indígena kuna Onel Arias. Si no se logran compromisos concretos, señalaron representantes de las organizaciones no gubernamentales, Johannesburgo será un nuevo altar donde se rinda culto a la solidaridad y a la madre naturaleza sin que muchos de los países que son decisivos para alcanzar resultados concretos muevan un dedo para salvar al planeta.