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Panamá es immortal


Estuve fuera de mi terruño visitando a mi hermano Toño y a todos los familiares en Chicago durante tres semanas. Al regresar el 14 de agosto en la noche, me causó gran extrañeza que con varias personas que hablé no pude conseguir información en cuanto al status de las reformas constitucionales que estuvo considerando con marcada precipitud la actual Asamblea Legislativa, la cual será mayormente recordada en la historia como la del CEMIS, la equiparación multimillonaria de Panama Ports Company y el nombramiento sinuoso, tortuoso, de por los menos un par de magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), para mencionar unos pocos casos peludos por la percepción de corrupción que crearon.
Hago un esfuerzo grande por volver a escribir mis artículos, por amor a Panamá y al arte, porque es quizás lo único que me queda por contribuir a la patria que tanto quiero. No he querido empezar a criticar al gobierno entrante, lo cual no es difícil, si sólo nos fijamos en algunos reconocidos, espero que antiguos, maleantes funcionarios y asesores que tienen su "pedigrí" y uno que otro indulto. He preferido esperar a ver si en los hechos comprueban que patria Nueva es tal o es lo mismo de siempre.
Llevo casi 14 años de jubilado, en los cuales he pergeñado comentarios y opiniones en la esperanza de que motivarían a los que puedan a trabajar por el país y no por su bolsillo, su partido o sus incógnitos benefactores. Con frecuencia he cerrado mis artículos con la frase: " ¡Panamá es inmortal!". Es de esperarse que muchos pongan en tela de duda mi sinceridad. Entre ellos hay un amigo norteamericano que comentó esto como si fuera algo exagerado, extraordinario. Yo le dije que me sentía cómodo con esta expresión.
Llevaba años, quizás más de dos décadas, que extrañaba que en el mes de la patria ya no se publicaban los poemas de Rubén Miró y Gaspar Octavio Hernández y marchas tales como la que reza, "las estrellas que en ti lucen, nos enseñan el camino, que conduce a tu destino, donde serás siempre inmortal". Por lo que en noviembre de 1990 comenté muy favorablemente un artículo que fue publicado con el título: "Te amo, Panamá mío", suscrito por el Dr. Diego Domínguez Caballero. En breve, de ahí nació una sincera amistad y el Dr. Domínguez y yo hemos conversado frecuentemente acerca de nuestras preocupaciones por el futuro del Panamá que amamos.
El 1 de julio de 2004 se presentó en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá la publicación de un ensayo del Dr. Domínguez: Razón y Sentido de lo Panameño. De más está decir que recomiendo su lectura. Es un intento sencillo, como es el carácter de su autor, de educar acerca de la filosofía, la ética y la moral de la panameñidad para que sea asequible al ciudadano común.
Lo antedicho nace de mi desilusión de todo lo que hemos observado entre los administradores de la cosa pública panameña, sean los que fueron elegidos democráticamente o autocráticamente, es decir, digitalmente. Me siento consternado que después de una narcodictadura de 21 años, más otros cinco, y de 10 años de supuesta democracia, aún persista un cerrado sistema partidista que mangonea la cosa pública, peor, al pueblo que es el soberano.
En cuanto a las pendientes reformas constitucionales, sin dejar de aceptar que muchas se pueden considerar potables, dentro de las circunstancias no tan democráticas que nos impone el sistema político que vivimos, no puedo menos que censurar, sólo como único ejemplo, que se estén decretando 71 curules, posiblemente tipo CEMIS, cuando la pobreza, miseria y corrupción existentes imponen que esa cantidad no sobrepase los 50. Paso por alto muchísimos temas, ya que ni siquiera estoy seguro que las reformas de marras vayan a ser aprobadas. Un bochinche que he escuchado es que no serán publicadas a tiempo en la Gaceta Oficial.
Sugiero que leamos el ensayo del reconocido filósofo citado, pues creo que nos ayudará a tomar mejores decisiones para hacer realidad una patria nueva.
Deben proponer políticas de seguridad ciudadana centrada en la prevención, rehabilitación y resocializacion afinando los temas punitivas en el marco de una concepción integral.
Diseñar una política internacional coherente y centrada en el derecho internacional, la búsqueda de opciones frente al neoliberalismo, la autodeterminación y la paz.
Panamá debe dejar de ser paraíso de políticos corruptos y autoritarios, y restablecer las deterioradas relaciones con Cuba y Venezuela.
Deben poseer una profunda convicción civil y patriótica, expresada en la negación de cualquier arreglo que sirva para instalar bases militares en el territorio, o de permitir cualquier intento de militarización interna. Es decir, ni bases no cuarteles. Al mismo tiempo deben ser profundamente respetuosos de los derechos humanos fundamentales de la población panameña.
Deben tener una convicción democrática profunda, respetando la voluntad popular, logrando la separación real de los poderes del Estado, descentralizando política y administrativamente al país, y apoyando la creación de una nueva Constitución Nacional, a través de mecanismos democráticos que incluyan a todos los sectores nacionales.
Deben poseer una profunda sensibilidad social, en especial con relación a la realidad de la exclusión y la pobreza, impulsando una vigorosa cruzada que trascienda el paternalismo o el asistencialismo en favor de una auténtica promoción comunitaria que permita a la gente ser protagonista de su propio desarrollo. Entender que los pobres tienen rostro y asociaciones, y por ello apoyar y estimular a las cooperativas, grupos comunales, sindicatos y asociaciones.
Deben contribuir a generar la apertura a la participación de la sociedad civil. Articular la presencia de la democracia representativa con la democracia participativa. Optar por la participación es "asumir la pluralidad de intereses legítimos y contrapuestos, significa renunciar al monopolio del poder político y administrativo por parte de las autoridades elegidas." (Jordi Borja)
Deben ponerle atención especial a la situación del Panamá rural e indígenas, a través de una transformación agraria integral y sostenible.
Deben impulsar las acciones necesarias para proteger y mejorar el medio ambiente tanto en el campo como en la ciudad. Lograr mayor igualdad entre los géneros, avanzar en el cese de toda forma de discriminación racial o étnica y generar nuevas oportunidades para la juventud.
El país ya no soportaría otra estocada de mal gobierno. El zapatismo mexicano propone que el que mande, mande obedeciendo, reconociendo así la idea de la representatividad; pero con nuevos e incluyentes controles democráticos. Ubica los liderazgos como resultado de un proceso colectivo democrático.
Mandar obedeciendo significa repensar el poder y a través de un planteamiento ético, pues es la subordinación del Estado al pueblo de donde emana el poder. Por ello, cada ciudadano es responsable de monitorear la marcha de la cosa pública, transparentarla, participar y también presionar y criticar cuando dé a lugar.
(raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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