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Panamá, eslabón chino




Cronista político

A nuestro retorno al país nos encontramos con la noticia de la reciente visita a Panamá del Presidente de Taiwan, el Sr. Chen Shui-bian, con una comitiva de más de 200 personas. Hay quienes dicen vino a pagar su asignación al grupito de países que en forma exclusiva se han mantenido "leales" a su pretendida aspiración de reconocimiento como representantes absolutos de la nación China.
En la edición del 31 de mayo del diario La Prensa salió publicada una noticia que da cuenta de declaraciones de la Excelentísima Sra. Presidenta, en el sentido de que Panamá apoyará a Taiwan a entrar a la ONU y OMC. Gran hilaridad nos produce las declaraciones de la Sra. Presidenta ya que Panamá tiene sus propios problemas, como lo es lograr salir de las listas negras en que se encuentra y por más esfuerzos internacionales que se dice se han realizado, con el fin de que seamos excluidos de dichas listas, todo ha resultado infructuoso. Mejor le irá a Taiwan buscar ayuda en otros litorales. Además, el voto de Panamá será de acuerdo con los intereses norteamericanos del momento.
Pero para aquellos que no se hayan percatado de la magnitud de la importancia que jugamos los panameños en todo este problema del reconocimiento chino, queremos reproducir artículo humorístico, de un cronista colombiano, que escribe en el Tiempo de Bogotá y que alguien nos hizo llegar a nuestro correo electrónico.
Según datos secretos que obran en la embajada de Estados Unidos en Panamá, el gobierno del istmo planea, en alianza con la China Comunista, una invasión destinada a formar células subversivas, socavar las instituciones democráticas, subvertir el orden y establecer en Washington la dictadura del proletariado.
La Operación Toro -así denominada por el mote de su inspirador, el ex presidente panameño Ernesto Pérez Balladares- busca introducir clandestinamente un número de espías chinos que, a juzgar por la población de la China y de Estados Unidos, calculo yo que no puede ser inferior a 93 millones de personas. Hay detalles que aún se desconocen. Básicamente: ¿por qué Panamá? ¿Para atravesar el Canal e invadir a Miami con una horda de chinos disfrazados de cubanos disfrazados de chinos? ¿Para salir a nado de la Costa Pacífica y llegar a Los ¡ngeles en un maremoto humano?
La Embajada de Estados Unidos lo ignora; pero tiene un principio de prueba: ya llegaron los primeros 137 chinos comunistas a Panamá. Sólo faltan los restantes 92.999.863 espías.
Así planteado, el asunto no parece de Carlos Marx sino de los hermanos Marx. Lo terrible es que es cierto. Aclaro: no es cierto que vengan en camino 93 millones de chinos comunistas dispuestos a tomarse el poder en Washington. Pero es cierto que el gobierno gringo ve una amenaza para su seguridad en 137 chinos que llegaron a Panamá en 1998 a reunirse con sus familias y que no han salido de ese país.
Por esta razón, el 27 de septiembre del año pasado, Washington le quitó la visa al ex presidente Pérez Balladares, un hombre de negocios recto y respetado, cuyos vínculos con el comunismo internacional se parecen a los de George W. Bush con la Asociación de Ex Balladares auspiciaba la inmigración a Panamá de miles de chinos que tienen la "intención" de ir a Estados Unidos.
Aparte de que presumir la silenciosa intención de cualquier ser humano es típico resorte totalitario, no hay un solo caso en que un chino bienvenido por Pérez Balladares haya pasado a Estados Unidos. Por el contrario, durante su gobierno descendió el número de inmigrantes chinos. El "Toro", que es hombre rico desde antes de llegar a la Presidencia, contrató una prestigiosa firma de abogados norteamericanos para defenderse; éstos han podido confirmar que no ha violado ley alguna en su país ni en Estados Unidos. Pero el infame veto se mantiene.
Lo peor es que la novelesca versión ha permeado la ingenuidad de algunos gobernantes gringos y la perversidad de otros, hasta el punto de que en el Congreso estadounidense un grupo de diputados acogió la patraña el 17 de septiembre de 1999. En resolución presentada por ellos se menciona la amenaza que significan para "los intereses de seguridad de Estados Unidos" los mínimos avances diplomáticos de la República Popular China en Latinoamérica.
¿Qué hay en el fondo de este libreto de opereta bufa? Ni chinos, ni contrabando, ni comunismo, ni nada. Negocios. E imperio. Esa misma sesión del 17 de septiembre de 1999 revela las costuras del cuento. En un pequeño aparte, la resolución menciona que Panamá otorgó una licitación para el manejo de los puertos de Balboa y Cristóbal a una compañía basada en Hong Kong (la Hutchinson Whampoa), en vez de adjudicar el contrato a "consorcios que incluyen empresas de Estados Unidos".
Por esta causa, la resolución demanda que Panamá declare nulos tales contratos y -he aquí el espinazo de la trama- exige a la Casa Blanca "que negocie nuevos arreglos con el gobierno panameño a fin de proteger el Canal y garantizar la integridad territorial de la República de Panamá". Sobra decir que el único garante y protector aceptable sería para ellos el ejército norteamericano.
Ni los panameños, que lo han apoyado, ni Pérez Balladares se tragaron el cuento chino. Pero el "Toro" relata su historia a quien quiera oírla, para que se vea "cuál es la nueva forma de presión política que Estados Unidos aplica sobre los gobernantes de países pequeños".
Y todo presagia que, con los asesores cubanos-miameños para cuestiones de América Latina que ha nombrado el gobierno de Bush, lo peor está por venir.


101 años de Panamá América

 
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