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A Panamá hay que hacerlo nuevamente


Siempre será interesante toda polémica o controversia entre dos hombres, porque en ellas hay luchas entre la verdad y la mentira; entre la lógica y el sofisma, entre la ética y lo amoral, entre la razón y la injusticia, entre la virtud y el vicio: Esto es, entre el bien y el mal, y del triunfo de los primeros términos sobre los últimos, sin duda derivarán enseñanzas los hombres que de ello se percaten.
En Panamá cada vez existen más problemas y la lógica no prevalece entre los funcionarios públicos, porque aceptan en su mayoría, las imposiciones de los consorcios internacionales. La gasolina acaba de subir nuevamente de precio. Los medicamentos están altísimos. Los alimentos costosísimos. Los útiles escolares al alcance de personas con altos salarios, o deben sacrificarse entre dos opciones, la más importante, para poder comprarle a sus hijos lo que deben utilizar en planteles educativos en mal estado, con profesores o maestras en paro, en vez de enseñar adecuadamente las indispensables materias que formen caballeros y damas del futuro y no delincuentes o personas sin trabajo que cometen toda clase de fechorías al no tener un céntimo en sus bolsillos, cuando hay empleos públicos con salarios altísimos y prebendas por todos lados, para no comentar que en su mayoría están casi siempre en reuniones en vez de atender al público y dar las soluciones adecuadas para que el pobre pueda subsistir como un ser humano digno. Pero hasta en la Caja de Seguro Social es necesario que el paciente se despierte a las cinco de la mañana para hacer fila y poder verse con un médico que llega tarde o receta un medicamento que la farmacia estatal no tiene y debe gastar mucho dinero para aliviar el mal que le aqueja.
En el interior del país, el agua potable, o es mala o no existe. Las carreteras están en pésimas condiciones. La cultura es muy baja. Viven en el 2000 casi en idénticas condiciones que en la época cuando Panamá era un Departamento Colombiano.
La buena administración gubernamental debe confesar de plano sus deficiencias, y no permitir que ocurra nuevamente el mal. En Panamá cada vez más se extiende una brecha entre el adinerado y el humilde. Tanto menos vale el hombre cuanto más se somete o acomoda a la voluntad de los demás y en nuestro país la educación está siendo manipulada para que de secundaria salgan malos conocedores de nuestras principales materias, como urbanidad, estudios sociales, matemáticas y como valerse ellos mismos. ¿Y para qué un diploma de secundaria, si casi no hay empleos? Se está discutiendo un alza de los salarios, cuando se debe exigir una baja en los artículos de necesidades básicas. ¿Quiénes están detrás de estos movimientos? Sindicatos que se la pasan hablando en televisión, cuando deben pelear para que los Medios de Comunicación Social entrevisten al pueblo, en vez que a políticos que hablan bastantes minutos cuando el común ciudadano sólo se le es permitido exponer sus ideas brevemente. ¿A eso se le llama libertad de expresión?. ¿ Y qué mencionar de los buses? Rotos y en pésimo estado por dentro y las autoridades de tránsito sólo prometen que arreglaran el mal y en la realidad no hacen anda constructivo, debido a que no se ponen de acuerdo con la entidad encargada en arreglar los semáforos que en su mayoría están dañados en una u otra forma, sin luces o le falta la luz amarilla de advertencia. ¿Y los conductores? Atrevidos intrépidos que no respetan los Reglamentos de Tránsito y continuamente cometen infracciones bajo la vista impávida de las autoridades que nada hacen.
¿Qué acontece con la Censura Nacional? La inmoralidad continua y los censores silenciosos estandartes anónimos. ¿Y la Junta Consultiva que debiese censurar las televisiones que enseñan a cómo desmoralizar a los ciudadanos? Nada se sabe y el Ministerio de la Familia pone obstáculos cuando se desea entablar una acción judicial contra las absurdas telenovelas.
Parece que los políticos se les ha olvidado que el hombre no vive para sí sólo, sino para el bien de los demás, teniendo un deber que llenar y no entorpecer el bien común, porque las cárceles están llenas de personas que sus casos demoran en abrirse, porque los funcionarios cuando se les encuentra en sus puestos prometen y no cumplen, pues la sabiduría del hombre aparece en sus actos, porque todo hombre es hijo de sus obras.
A Panamá hay que hacerlo nuevamente, con bases sólidas y cultura propia que no tiene. El panameño no ha sido hecho únicamente para adquirir fama, gloria o éxito, sino para algo más elevado, siendo el centro del planeta, no debe permitir que la mezcla de razas dominen nuestro comercio y nuestra ideología que casi no existe por carecer de panameñeidad. Sólo una poderosa evolución filosófica podrá desarraigar de nosotros el moderno concepto de Patria y los sentimientos generosos y altruistas en que se inspira. Y para ello, no se exige tan enorme sacrificio, sólo ser veraz.

101 años de Panamá América

 
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