Panamá, Naciones Unidas y el Centenario
El 20 de septiembre de 1983 fui elegido Presidente de la XXXVIII Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en representación de la República de Panamá. En vista de que el 20 de septiembre de 2003 se cumplía el vigésimo aniversario de este acontecimiento, un distinguido grupo de panameños y panameñas pidieron mi anuencia para organizar, con mi participación, un acto conmemorativo al cual le atribuían singular trascendencia. Aunque les expresé mi reconocimiento, les hice desistir de su loable propósito, pues a mi juicio no existía el ambiente para dicha celebración dada la incidencia que tiene en el país la crisis de la Caja de Seguro Social.
No obstante, haciendo abstracción de todo protagonismo, debo admitir que el ejercicio de la presidencia de la Asamblea General de la Organización mundial por un ciudadano panameño, es una ejecutoria que no debe ni puede sustraerse de la historia de las realizaciones memorables logradas durante los primeros 100 años de vida republicana. Podría decirse que así lo interpretaba, el siempre bien recordado Joaquín Beleño C., quien en su columna "Temas Aridos" del diario "La Hora" expresaba los siguientes conceptos:
"La comunidad consciente de Panamá no puede ignorar la labor de primerísima clase de Jorge Illueca; y que merced a esta jornada diplomática, Panamá fue cabeza del mundo; fue respetada y convertida en líder por los pequeños bloques de países; que en los altos círculos se considera a Panamá y sus diplomáticos como una potencia en inteligencia, sagacidad, capacidad; en fin, el nombre de Panamá ha brillado refulgentemente por encima de la leyenda negra que heredamos junto con el nombre de "Panamá" que tan vilipendiado ha sido en todas las mesas de café del mundo".
Con la visión de identidad de Panamá descrita por Beleño, al asumir la presidencia de la Organización mundial, en el discurso inaugural declaré: "Estimo que mi elección constituye un triunfo de la política internacional seguida por mi país en los últimos tres lustros, que fue diseñada por el General Omar Torrijos Herrera cuando encabezaba la recia y dilatada lucha de mi patria por la reivindicación de sus derechos inalienables, luego reconocidos en los Tratados Torrijos - Carter, que son los Tratados del Canal de Panamá de 1977."
Nuestra elección fue recibida con beneplácito por una mayoría significativa de los Estados Miembros integrada por estadistas de los grupos regionales de Africa, de la América Latina, de Asia; y del Grupo Regional de Europa y otros Estados, que incluye a los Estados Unidos. Entre éstos cabe destacar la interpretación política y espiritual de la elección de Panamá, presentada en su proyección histórica, en el debate general, por el Dr. Alberto Zambrano Velasco, Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Venezuela, presidido entonces por el Dr. Luis Herrera Campins.
Al dirigirse a mí persona como Presidente de la Asamblea, el Canciller de la Patria del Libertador dijo: "No es para mí una simple formalidad expresarle la satisfacción de mi país y mi complacencia personal por su elección. Esto no se debe solamente a que usted sea un latinoamericano, ni a que su país, por sobrados títulos, le corresponda esa distinción ni a que usted haya demostrado en todas sus actuaciones una competencia y una vocación de servicio que garantizan la acertada conducción de nuestros trabajos. Más allá de todas esas pertinentes consideraciones, para nosotros tiene una significación muy especial que un panameño presida la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año que se conmemora el bicentenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar."
"Panamá, -agregó Zambrano Velasco- en efecto, es testimonio permanente del genio político de Bolívar. El Congreso Anfictiónico convocado por él en el Istmo en 1826 es la prefiguración de la organización internacional y de la formulación de reglas básicas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales".
"Imbuidos de ese espíritu, -acotó el canciller Venezolano- los Jefes de Estado de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y usted señor Presidente, como representante de Panamá, reunidos en Caracas, el día del natalicio de Bolívar, suscribieron un "Manifiesto a los Pueblos de América Latina" -oportunamente distribuido entro los Estados Miembros de las Naciones Unidas- que constituye una reafirmación del ideario Bolivariano aplicado a los principales problemas actuales de la región."
"En nuestro tiempo, esos ideales de unidad y libertad toman nueva forma en los variados vínculos que unen a los pueblos de las Repúblicas bolivarianas, están presentes con renovado impulso de las naciones americanas; nos colocan al lado de los pueblos en desarrollo y son estandarte para lograr el término definitivo del colonialismo y para impedir las agresiones e intervenciones de las grandes potencias."
Múltiples fueron las gestiones que en bien de la paz y la seguridad internacionales adelanté en nombre de la Asamblea General de las Naciones Unidas. No puedo dejar de mencionar que por razón de una de mis comunicaciones dirigidas a los líderes mundiales, recibí una respuesta muy alentadora de la Primera Ministra de la India, Indira Gandhi, quien me expresó lo siguiente:
"Ningún esfuerzo individual y colectivamente debe escatimarse para realizar nuestro objetivo común. Las Naciones Unidas son indispensables en este proceso. Las discusiones informales que hemos sostenido a nivel de Jefes de Estado y de Gobierno durante la Trigésima Octava Asamblea General, en las cuales usted amablemente participó, estimo que han ayudado a reafirmar la significación de nuestra Organización. Usted, Presidente Illueca, se ha referido correctamente a la responsabilidad primaria del Consejo de Seguridad en el mantenimiento de la paz y seguridad mundial. Nosotros estudiaremos cuidadosamente su proposición para que tenga lugar una reunión de alto nivel del Consejo de Seguridad. Como miembro del Consejo y en nuestra capacidad de Presidente del Movimiento No-Alineado naturalmente trabajaremos estrechamente con otros países en mejorar la efectividad del Consejo de Seguridad dentro del marco de la Carta."
Durante el ejercicio de nuestro mandato en las Naciones Unidas sostuve de modo consistente que la lucha de los pueblos en desarrollo por su liberación no culmina con la descolonización política, sino que necesariamente imprime un ritmo de cambio en sus relaciones económicas internas y exteriores. Este proceso de cambio sólo podrá darse en forma pacífica y armónica dentro del marco de la cooperación económica internacional para el desarrollo que propician las Naciones Unidas.
Estamos comprometidos a hacer realidad la esperanza de que los pueblos ricos y pobres del mundo podrán registrar un proceso de transformación y de renovación de las estructuras políticas, sociales, económicas y humanitarias a tono con los asombrosos progresos científicos y tecnológicos que sacuden a la humanidad.
No obstante, haciendo abstracción de todo protagonismo, debo admitir que el ejercicio de la presidencia de la Asamblea General de la Organización mundial por un ciudadano panameño, es una ejecutoria que no debe ni puede sustraerse de la historia de las realizaciones memorables logradas durante los primeros 100 años de vida republicana. Podría decirse que así lo interpretaba, el siempre bien recordado Joaquín Beleño C., quien en su columna "Temas Aridos" del diario "La Hora" expresaba los siguientes conceptos:
"La comunidad consciente de Panamá no puede ignorar la labor de primerísima clase de Jorge Illueca; y que merced a esta jornada diplomática, Panamá fue cabeza del mundo; fue respetada y convertida en líder por los pequeños bloques de países; que en los altos círculos se considera a Panamá y sus diplomáticos como una potencia en inteligencia, sagacidad, capacidad; en fin, el nombre de Panamá ha brillado refulgentemente por encima de la leyenda negra que heredamos junto con el nombre de "Panamá" que tan vilipendiado ha sido en todas las mesas de café del mundo".
Con la visión de identidad de Panamá descrita por Beleño, al asumir la presidencia de la Organización mundial, en el discurso inaugural declaré: "Estimo que mi elección constituye un triunfo de la política internacional seguida por mi país en los últimos tres lustros, que fue diseñada por el General Omar Torrijos Herrera cuando encabezaba la recia y dilatada lucha de mi patria por la reivindicación de sus derechos inalienables, luego reconocidos en los Tratados Torrijos - Carter, que son los Tratados del Canal de Panamá de 1977."
Nuestra elección fue recibida con beneplácito por una mayoría significativa de los Estados Miembros integrada por estadistas de los grupos regionales de Africa, de la América Latina, de Asia; y del Grupo Regional de Europa y otros Estados, que incluye a los Estados Unidos. Entre éstos cabe destacar la interpretación política y espiritual de la elección de Panamá, presentada en su proyección histórica, en el debate general, por el Dr. Alberto Zambrano Velasco, Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Venezuela, presidido entonces por el Dr. Luis Herrera Campins.
Al dirigirse a mí persona como Presidente de la Asamblea, el Canciller de la Patria del Libertador dijo: "No es para mí una simple formalidad expresarle la satisfacción de mi país y mi complacencia personal por su elección. Esto no se debe solamente a que usted sea un latinoamericano, ni a que su país, por sobrados títulos, le corresponda esa distinción ni a que usted haya demostrado en todas sus actuaciones una competencia y una vocación de servicio que garantizan la acertada conducción de nuestros trabajos. Más allá de todas esas pertinentes consideraciones, para nosotros tiene una significación muy especial que un panameño presida la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año que se conmemora el bicentenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar."
"Panamá, -agregó Zambrano Velasco- en efecto, es testimonio permanente del genio político de Bolívar. El Congreso Anfictiónico convocado por él en el Istmo en 1826 es la prefiguración de la organización internacional y de la formulación de reglas básicas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales".
"Imbuidos de ese espíritu, -acotó el canciller Venezolano- los Jefes de Estado de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y usted señor Presidente, como representante de Panamá, reunidos en Caracas, el día del natalicio de Bolívar, suscribieron un "Manifiesto a los Pueblos de América Latina" -oportunamente distribuido entro los Estados Miembros de las Naciones Unidas- que constituye una reafirmación del ideario Bolivariano aplicado a los principales problemas actuales de la región."
"En nuestro tiempo, esos ideales de unidad y libertad toman nueva forma en los variados vínculos que unen a los pueblos de las Repúblicas bolivarianas, están presentes con renovado impulso de las naciones americanas; nos colocan al lado de los pueblos en desarrollo y son estandarte para lograr el término definitivo del colonialismo y para impedir las agresiones e intervenciones de las grandes potencias."
Múltiples fueron las gestiones que en bien de la paz y la seguridad internacionales adelanté en nombre de la Asamblea General de las Naciones Unidas. No puedo dejar de mencionar que por razón de una de mis comunicaciones dirigidas a los líderes mundiales, recibí una respuesta muy alentadora de la Primera Ministra de la India, Indira Gandhi, quien me expresó lo siguiente:
"Ningún esfuerzo individual y colectivamente debe escatimarse para realizar nuestro objetivo común. Las Naciones Unidas son indispensables en este proceso. Las discusiones informales que hemos sostenido a nivel de Jefes de Estado y de Gobierno durante la Trigésima Octava Asamblea General, en las cuales usted amablemente participó, estimo que han ayudado a reafirmar la significación de nuestra Organización. Usted, Presidente Illueca, se ha referido correctamente a la responsabilidad primaria del Consejo de Seguridad en el mantenimiento de la paz y seguridad mundial. Nosotros estudiaremos cuidadosamente su proposición para que tenga lugar una reunión de alto nivel del Consejo de Seguridad. Como miembro del Consejo y en nuestra capacidad de Presidente del Movimiento No-Alineado naturalmente trabajaremos estrechamente con otros países en mejorar la efectividad del Consejo de Seguridad dentro del marco de la Carta."
Durante el ejercicio de nuestro mandato en las Naciones Unidas sostuve de modo consistente que la lucha de los pueblos en desarrollo por su liberación no culmina con la descolonización política, sino que necesariamente imprime un ritmo de cambio en sus relaciones económicas internas y exteriores. Este proceso de cambio sólo podrá darse en forma pacífica y armónica dentro del marco de la cooperación económica internacional para el desarrollo que propician las Naciones Unidas.
Estamos comprometidos a hacer realidad la esperanza de que los pueblos ricos y pobres del mundo podrán registrar un proceso de transformación y de renovación de las estructuras políticas, sociales, económicas y humanitarias a tono con los asombrosos progresos científicos y tecnológicos que sacuden a la humanidad.