¡Panamá necesita un presidente!
Los panameños distinguimos noviembre como el "Mes de la Patria". Pero es también el mes dedicado a las más profundas reflexiones en torno al futuro de la nación panameña. Conmemoramos este año 2000 el 97 aniversario de nuestra independencia, pero esta vez, con el más hondo pesar y tristeza, porque hoy más que nunca, Panamá necesita la acción sabia, viril y desapasionada de un presidente, de un verdadero estadista. Desde el 2 de septiembre de 1999 dirige los destinos del país, un gobierno altamente incapaz, ebrio de triunfalismo y del capricho femenino, sin prestigio ni respetuosidad, por lo que no puede elevarse espontáneamente, por empuje conciliador y sentimiento social, a la conciencia de la virtud. Toda la confianza que despertó la posibilidad de ser "el Gobierno de los pobres", ha resultado ser el más grande "fraude" cometido contra el pueblo panameño en el decurso de nuestra historia republicana. Pareciera ser que es éste el "trofeo" antihistórico a que se habría hecho acreedor el gobierno de "Mireya es el cambio". Por muy fácil que resulte hallar puntos de partida para un enjuciamiento negativo de la gestión gubernamental de la señora Moscoso, toda su fuerza y su peso acumulativo no hacen justicia al fenómeno histórico del "azar" de la política que facilitó su ascenso al poder. Es una verdadera "desgracia nacional" el grado de frustración, de desengaño y lo traicionado que se siente el pueblo panameño por los efectos nefastos de un régimen al cual ya ni siquiera podemos definir con propiedad (¿Es acaso un régimen anárquico, fascista, dictatorial, democrático?). Ello permite presumir el grado de pesadumbre, o que muy pronto llegue el fin -aún faltan cuatro largos años- del período constitucional del actual gobierno.
Pero sí merece respeto y grata recordación, especialmente en este "Mes de la Patria", mucho de cuanto hicieron estadistas diligentes y progresistas, tales como el Dr. Manuel Amador Guerrero, el Dr. Belisario Porras, el Dr. Harmodio Arias Madrid, el Dr. Arnulfo Arias Madrid, don Enrique A. Jiménez, Don Ricardo M. Arias Espinosa, Don Ernesto de la Guardia Jr., Don Roberto F. Chiari y el Dr Ernesto Pérez Balladares para el Estado panameño, y que perdura hoy todavía. Así, por ejemplo, sus esfuerzos en pro del desarrollo del país, cuyas huellas externas han sobrevivido a todos los cambios y transformaciones de la superficie política. Sus aportaciones patrióticas en echar las bases de la estructura nacional, en la fundación de instituciones jurídicas, sociales, culturales y de fomento económico, por ejemplo; la ejecución de los planos constructivos de la nacionalidad, la organización de la Administración Pública y Judicial, el Hospital Santo Tomás, la Universidad de Panamá, la Caja de Seguro Social, la Zona Libre de Colón, la primera reunión de presidentes de América en Panamá, el Tribunal Electoral, la defensa de la soberanía y dignidad nacional, la modernización vial nacional, por mencionar algunas de las más importantes obras que han demostrado, por encima de los destinos históricos de Panamá, que estaban preñadas de futuro. Entonces funcionaba un Estado sano en sus fundamentos, porque los gobernantes mencionados se entregaban al servicio y al estricto cumplimiento del deber. Es decir, cumplían y hacían cumplir la Constitución y las leyes de la República, siempre con un alto sentido de sensibilidad humana y social.
Bajo las condiciones y en las formas propias de su época, y por su acrisolada inteligencia, los estadistas panameños citados lucharon durante toda su vida con las exigencias que los reveses de la política plantean en cualquier época de la historia a la conciencia y a la firmeza de quienes están llamados a ostentar la suprema responsabilidad en la dirección del gobierno del Estado. Sus reflexiones sobre su responsabilidad entre el ideal y la realidad política adquieren, por la honradez para consigo mismo, el dramatismo de sus experiencias y su prestigio histórico, un peso que ha sobrevivido el paso de los años y que habla al corazón de todos los panameños que han sabido conservar el sentido de las seducciones y aprietos de la acción política. ¡Viva el Mes de la Patria¡ ¡Viva la República de Panamá!
Pero sí merece respeto y grata recordación, especialmente en este "Mes de la Patria", mucho de cuanto hicieron estadistas diligentes y progresistas, tales como el Dr. Manuel Amador Guerrero, el Dr. Belisario Porras, el Dr. Harmodio Arias Madrid, el Dr. Arnulfo Arias Madrid, don Enrique A. Jiménez, Don Ricardo M. Arias Espinosa, Don Ernesto de la Guardia Jr., Don Roberto F. Chiari y el Dr Ernesto Pérez Balladares para el Estado panameño, y que perdura hoy todavía. Así, por ejemplo, sus esfuerzos en pro del desarrollo del país, cuyas huellas externas han sobrevivido a todos los cambios y transformaciones de la superficie política. Sus aportaciones patrióticas en echar las bases de la estructura nacional, en la fundación de instituciones jurídicas, sociales, culturales y de fomento económico, por ejemplo; la ejecución de los planos constructivos de la nacionalidad, la organización de la Administración Pública y Judicial, el Hospital Santo Tomás, la Universidad de Panamá, la Caja de Seguro Social, la Zona Libre de Colón, la primera reunión de presidentes de América en Panamá, el Tribunal Electoral, la defensa de la soberanía y dignidad nacional, la modernización vial nacional, por mencionar algunas de las más importantes obras que han demostrado, por encima de los destinos históricos de Panamá, que estaban preñadas de futuro. Entonces funcionaba un Estado sano en sus fundamentos, porque los gobernantes mencionados se entregaban al servicio y al estricto cumplimiento del deber. Es decir, cumplían y hacían cumplir la Constitución y las leyes de la República, siempre con un alto sentido de sensibilidad humana y social.
Bajo las condiciones y en las formas propias de su época, y por su acrisolada inteligencia, los estadistas panameños citados lucharon durante toda su vida con las exigencias que los reveses de la política plantean en cualquier época de la historia a la conciencia y a la firmeza de quienes están llamados a ostentar la suprema responsabilidad en la dirección del gobierno del Estado. Sus reflexiones sobre su responsabilidad entre el ideal y la realidad política adquieren, por la honradez para consigo mismo, el dramatismo de sus experiencias y su prestigio histórico, un peso que ha sobrevivido el paso de los años y que habla al corazón de todos los panameños que han sabido conservar el sentido de las seducciones y aprietos de la acción política. ¡Viva el Mes de la Patria¡ ¡Viva la República de Panamá!