Panamá: país surrealista
Las recientes declaraciones de nuestro nuevo Ministro de Gobierno y Justicia, de que no existe en Panamá una ola de violencia, son desafortunadas, por decir lo menos. Cualquier cínico diría que es cierto, aquí no hay una "ola" de violencia, existe un "maremoto". Si no lo creen, pregúntenselo a los taxistas; solamente el viernes 11 de octubre, los medios reportaban planes para equipar a los taxis de vidrios blindados para protegerse de la violencia que les afecta particularmente a ellos.
Las declaraciones del flamante funcionario público son un ejemplo más de la ausencia de coherencia en las declaraciones de los miembros de esta administración gubernamental. Estas declaraciones no compaginan con sus anteriores promesas, recién instalado en su último nuevo cargo, de establecer con urgencia un "Plan de Seguridad Nacional" como respuesta a las insistentes demandas de la población de mayor seguridad personal. He ahí la incoherencia.
Esa ausencia de consistencia le hace daño a las buenas intenciones que hubiera tenido cuando, al asumir su último cargo, prometió mayor seguridad personal. ¿Quién cree ahora en sus buenas intenciones? ¿Qué grado de credibilidad tendrá su proyectado "Plan de Seguridad Nacional", cuando en una segunda vuelta dice que no hay ola de violencia? ¿Entonces, de dónde sale la necesidad de dicho plan?
En otras palabras, sus declaraciones le hacen daño a sus propias intenciones. El problema va más allá. Decir que no existe una ola de violencia en Panamá es confirmación adicional de lo que cree el público que pareciera que los políticos de esta administración viven en un mundo aparte del que vivimos el resto de los panameños. Por ésta y otras razones, yo mantengo que Panamá es un país surrealista.
Veamos otro ejemplo. En la recién, aparentemente apagada, campaña de la Administración contra los medios, utilizó como adalides de la decencia y puritanismo a personajes políticos que, obviamente, eran los menos indicados para esos roles. ¿No es evidencia más de que somos un país surrealista? Aparte de ser otra burla a nuestro intelecto, le hizo daño a la real necesidad de adecentamiento de los medios de comunicación masiva. La necesidad de adecentamiento de los medios de comunicación masiva es real. Existe una razón legítima de exigirles que cambien sus programaciones y publicaciones hacia una orientación más positiva de nuestra niñez y juventud. No hay lugar a dudas de la influencia nociva y promoción de anti-valores de algunos programas radiales y televisivos. No sola es dañina su malsana influencia en nuestra niñez y juventud, sino que insultan el sentido de decencia y pudor de los adultos. He criticado y continúo criticando la inacción ciudadana ante la clara erosión social y moral que sufrimos los panameños. Me causa, particularmente, alta perplejidad la tolerancia de la mujer panameña ante el continuo abuso de su imagen y sus atributos corporales para promover venta de todo tipo de artículo o artefacto, como también la vulgaridad y obscenidad de que es objeto la mujer en ciertas publicaciones de circulación masiva.
Todo lo anterior justifica una verdadera campaña de adecentamiento de los medios y promoción de valores cívicos, morales y espirituales. Sin embargo, utilizar estas realidades para orquestar una campaña de amordazamiento de los medios y, sobretodo, usar como paladines de esta campaña a políticos desprestigiados, le quita mérito y seriedad, y resta valor a la solución de un grave mal social que nos aqueja.
La sociedad civil, con su tolerancia, es tan culpable como los políticos irresponsables en que continúe el proceso de deterioro social y moral. Esa inacción contribuye a que seamos un país surrealista. Esa tolerancia nos expone a todos a que una masa cansada y frustrada de ser burlada una y otra vez, despierte de ese aparente letargo como inexorablemente tendrá que hacerlo si se ahonda la crisis social y económica y reaccione apoyando soluciones tipo Chávez o Toledo, o lo que es ya una realidad para Brasil, con apoyo a un Lula Da Silva criollo. Lo he venido advirtiendo a políticos y ciudadanía en general.
Estamos viviendo sentados en un barril de pólvora y en nuestro surrealismo negamos su existencia. Empecemos a salir del surrealismo antes que sea tarde. Despertemos.
Sociedad civil y gobierno deben dar claras manifestaciones de sensibilidad social con soluciones reales, serias y bien dirigidas, no con los ejemplos antes citados.
Tú, Gloria, no te preocupes, te puedes tranquilizar; no se me ocurre un piropo que te pudiera lanzar. Pensé en algún atributo que te pudiera endosar pero por mucho que quise no lo pude ni inventar".
Las declaraciones del flamante funcionario público son un ejemplo más de la ausencia de coherencia en las declaraciones de los miembros de esta administración gubernamental. Estas declaraciones no compaginan con sus anteriores promesas, recién instalado en su último nuevo cargo, de establecer con urgencia un "Plan de Seguridad Nacional" como respuesta a las insistentes demandas de la población de mayor seguridad personal. He ahí la incoherencia.
Esa ausencia de consistencia le hace daño a las buenas intenciones que hubiera tenido cuando, al asumir su último cargo, prometió mayor seguridad personal. ¿Quién cree ahora en sus buenas intenciones? ¿Qué grado de credibilidad tendrá su proyectado "Plan de Seguridad Nacional", cuando en una segunda vuelta dice que no hay ola de violencia? ¿Entonces, de dónde sale la necesidad de dicho plan?
En otras palabras, sus declaraciones le hacen daño a sus propias intenciones. El problema va más allá. Decir que no existe una ola de violencia en Panamá es confirmación adicional de lo que cree el público que pareciera que los políticos de esta administración viven en un mundo aparte del que vivimos el resto de los panameños. Por ésta y otras razones, yo mantengo que Panamá es un país surrealista.
Veamos otro ejemplo. En la recién, aparentemente apagada, campaña de la Administración contra los medios, utilizó como adalides de la decencia y puritanismo a personajes políticos que, obviamente, eran los menos indicados para esos roles. ¿No es evidencia más de que somos un país surrealista? Aparte de ser otra burla a nuestro intelecto, le hizo daño a la real necesidad de adecentamiento de los medios de comunicación masiva. La necesidad de adecentamiento de los medios de comunicación masiva es real. Existe una razón legítima de exigirles que cambien sus programaciones y publicaciones hacia una orientación más positiva de nuestra niñez y juventud. No hay lugar a dudas de la influencia nociva y promoción de anti-valores de algunos programas radiales y televisivos. No sola es dañina su malsana influencia en nuestra niñez y juventud, sino que insultan el sentido de decencia y pudor de los adultos. He criticado y continúo criticando la inacción ciudadana ante la clara erosión social y moral que sufrimos los panameños. Me causa, particularmente, alta perplejidad la tolerancia de la mujer panameña ante el continuo abuso de su imagen y sus atributos corporales para promover venta de todo tipo de artículo o artefacto, como también la vulgaridad y obscenidad de que es objeto la mujer en ciertas publicaciones de circulación masiva.
Todo lo anterior justifica una verdadera campaña de adecentamiento de los medios y promoción de valores cívicos, morales y espirituales. Sin embargo, utilizar estas realidades para orquestar una campaña de amordazamiento de los medios y, sobretodo, usar como paladines de esta campaña a políticos desprestigiados, le quita mérito y seriedad, y resta valor a la solución de un grave mal social que nos aqueja.
La sociedad civil, con su tolerancia, es tan culpable como los políticos irresponsables en que continúe el proceso de deterioro social y moral. Esa inacción contribuye a que seamos un país surrealista. Esa tolerancia nos expone a todos a que una masa cansada y frustrada de ser burlada una y otra vez, despierte de ese aparente letargo como inexorablemente tendrá que hacerlo si se ahonda la crisis social y económica y reaccione apoyando soluciones tipo Chávez o Toledo, o lo que es ya una realidad para Brasil, con apoyo a un Lula Da Silva criollo. Lo he venido advirtiendo a políticos y ciudadanía en general.
Estamos viviendo sentados en un barril de pólvora y en nuestro surrealismo negamos su existencia. Empecemos a salir del surrealismo antes que sea tarde. Despertemos.
Sociedad civil y gobierno deben dar claras manifestaciones de sensibilidad social con soluciones reales, serias y bien dirigidas, no con los ejemplos antes citados.
Tú, Gloria, no te preocupes, te puedes tranquilizar; no se me ocurre un piropo que te pudiera lanzar. Pensé en algún atributo que te pudiera endosar pero por mucho que quise no lo pude ni inventar".