Panamá, parque de chatarras
Nuestra ciudad empieza a distinguirse de otras capitales de América por dos características muy suyas, los casinos y las chatarras. De los primeros ya hemos opinado. Parecemos un gran tugurio y burdel multicolor, con sitios de apuesta y juego en cada esquina, todos compitiendo entre sí en vistosidad y lujo. Las chatarras, en cambio, presentan la imagen opuesta, de ruina, desorden, fealdad y decadencia. De estas nos ocuparemos en esta oportunidad.
Aunque toda ciudad que se precie suele mostrar su mejor cara, la ciudad de Panamá es todo lo contrario, convertida en un inmenso parque de chatarras. En efecto, los hay esparcidos por todos los rincones, pero siempre exhibiéndose ostentosas a la orilla de las principales vías de la urbe. Algunas son negocios privados que coleccionan chatarras para la venta, previo "deshuese", o sea su desarme en piezas. Otras son meros sitios sin dueño donde se van amontonando autos vandalizados, abandonados o inservibles, acompañados por refrigeradoras viejas, muebles, neveras, televisores y acondicionadores de aire que completaron desde hace tiempo su ciclo útil.
El espectáculo que brindan esos cementerios de chatarra es lastimoso. Los turistas que dan sus primeras vueltas en taxi por la capital, deben quedar espantados cada día. Precisamente de allí viene nuestra recomendación. Ciérrense todos los parques de chatarra situados en las principales vías y múdense todos los que operen en barrios residenciales. Y, finalmente, establézcanse lugares especiales para ubicar esos negocios, donde no estén fácilmente a la vista, ni hagan más fea la ciudad capital.
Recuerda que en el servicio del bien común, que debe mover a todo funcionario, debe tenerse claro que el servidor público está sujeto a un mayor escrutinio por parte de la sociedad, por lo tanto las leyes de privacidad no deben inhibir ni restringir la investigación y difusión de información de interés público.
"La Comisión de Justicia y Paz encuentra que todo lo anterior tiene vigencia con la situación de la demanda millonaria contra un diario de la localidad y el secuestro salarial de un periodista panameño", manifiesta.
Recuerda a los magistrados de la Corte que la Doctrina de la Real Malicia y el Derecho de Prensa no amparan los agravios, las injurias, la calumnia y la difamación cuando es fruto de la total y absoluta despreocupación por verificar la realidad de la información, pero sí a la prensa cuando la nota se refiere a cuestiones públicas, funcionarios, figuras públicas o particulares involucrados en ella.
Aunque toda ciudad que se precie suele mostrar su mejor cara, la ciudad de Panamá es todo lo contrario, convertida en un inmenso parque de chatarras. En efecto, los hay esparcidos por todos los rincones, pero siempre exhibiéndose ostentosas a la orilla de las principales vías de la urbe. Algunas son negocios privados que coleccionan chatarras para la venta, previo "deshuese", o sea su desarme en piezas. Otras son meros sitios sin dueño donde se van amontonando autos vandalizados, abandonados o inservibles, acompañados por refrigeradoras viejas, muebles, neveras, televisores y acondicionadores de aire que completaron desde hace tiempo su ciclo útil.
El espectáculo que brindan esos cementerios de chatarra es lastimoso. Los turistas que dan sus primeras vueltas en taxi por la capital, deben quedar espantados cada día. Precisamente de allí viene nuestra recomendación. Ciérrense todos los parques de chatarra situados en las principales vías y múdense todos los que operen en barrios residenciales. Y, finalmente, establézcanse lugares especiales para ubicar esos negocios, donde no estén fácilmente a la vista, ni hagan más fea la ciudad capital.
Recuerda que en el servicio del bien común, que debe mover a todo funcionario, debe tenerse claro que el servidor público está sujeto a un mayor escrutinio por parte de la sociedad, por lo tanto las leyes de privacidad no deben inhibir ni restringir la investigación y difusión de información de interés público.
"La Comisión de Justicia y Paz encuentra que todo lo anterior tiene vigencia con la situación de la demanda millonaria contra un diario de la localidad y el secuestro salarial de un periodista panameño", manifiesta.
Recuerda a los magistrados de la Corte que la Doctrina de la Real Malicia y el Derecho de Prensa no amparan los agravios, las injurias, la calumnia y la difamación cuando es fruto de la total y absoluta despreocupación por verificar la realidad de la información, pero sí a la prensa cuando la nota se refiere a cuestiones públicas, funcionarios, figuras públicas o particulares involucrados en ella.