default

Panamá: primera advertencia


Como quien dice, Dios propone y la coyuntura dispone. Me había propuesto proseguir con el análisis del documento Santa Fe IV y la necesidad de construir una política exterior seria, responsable e independiente. No obstante, los últimos acontecimientos me obligan a expresar una opinión que escape a esa excitación espasmódica de todos los días, excitación impulsada más por la morbosidad nacional que por la necesidad de llegar a la verdad.
Son, al parecer, tres los acontecimientos que han complicado la situación de la señora Presidenta en los últimos días: Su propia enfermedad, lo del Helicóptero HP 1430 y lo referente al decreto de rebaja de la pena a un supuesto narcotraficante, condenado por la justicia ordinaria. Sobre el primero, la información ha sido transparente y solo podemos comentar que nos alegramos de la recuperación de la Presidenta y de la vuelta a sus labores cotidianas. Sin embargo, hay que reconocer que la maldad política de algunos llegó a especular con la salud de la señora Presidenta y a otros a ponerse en la línea de sucesión sin medir las consecuencias de sus actos, que no son inocentes de ninguna manera, y que confirman los niveles de desesperación de algunos por ocupar el sillón presidencial.Una crisis de esa magnitud lo que provocaría es la destrucción de la poca democracia que se vive en el país. Aunque parezca extraño, una sucesión abrupta, cualesquiera sea el motivo que se aduzca, no es una salida institucional normal sino de excepción, para casos de extrema gravedad, que no es el caso.
Lo del helicóptero hundido merece un comentario aparte, dado lo delicado del tema. Sin adjudicar culpabilidad o responsabilidad final sobre el hecho, parece oportuno que la señora Presidenta ordene (así como suena) al responsable de la cartera implicada, dar una explicación sincera, creíble y cierta de los acontecimientos. No por el prurito de sentirse bien con su conciencia, sino porque democracia significa transparencia, que es lo que ha faltado en el manejo de éste asunto delicado y grave. No vale, en éste caso, la explicación de un "policía" arrogante que es un mero ejecutor de la política, ni la de un abogado de la empresa implicada por más relaciones que tenga con la Presidencia. Tampoco vale, es decir, carece de todo valor la explicación "emotiva" de legisladores carentes de imaginación, por no decir otra cosa. Lo que es deber y exigencia de la democracia es que los directores de la política nacional, el gabinete en pleno si es necesario, se pronuncie para liberar a la Presidenta de toda responsabilidad. Lo que no implica que no existan responsables. A éstos hay que exigirles, si se les comprueba manejos dudosos o torpes, la inmediata renuncia. Desde ya, el Director del Servicio Marítimo Nacional debe ser destituido. Su actitud frente a la conferencia de prensa demuestra el desprecio que le tiene a la democracia y al propio gobierno nacional, como a este sufrido pueblo y a sus instituciones. Señora Presidenta, aún es tiempo de actuar, con fuerza y con decisión. Olvidando falsas lealtades o relaciones amicales.
Lo mismo ocurre con el caso del decreto que rebaja la pena a un supuesto narcotraficante, hecho que implica, en el desliz, otra vez al Ministro de Gobierno y Justicia.
La institución del indulto, por delitos políticos o la rebaja de la pena, por delitos comunes se establece constitucionalmente para otorgar su beneficio bajo ciertas condiciones y debe ser utilizado de manera excepcional. Ciertamente el gobierno anterior la utilizó (la institución del indulto) de manera indiscriminada, pero ese no es argumento para utilizarla, ahora, de la misma manera. Lo que implica ese decreto, si mi juicio no me falla, es un "indulto encubierto" lo que es sumamente peligroso.
Las preguntas de rigor son ¿Quién fue el gestor de esa descabellada idea y quién la ejecutó?, ¿Cuál fue la razón para decidirla y realizarla?, ¿ No hubo nadie, en 50 metros a la redonda, capaz de advertir a la Presidenta de las consecuencias de dicho acto?, ¿ Por qué no se le señala, con claridad, que esos actos administrativos no son revocables por el mismo mecanismo de su creación, como ha señalado la Corte Suprema de Justicia?.
Pareciera que alguien empuja a la Presidenta a un precipicio frente a la frivolidad y vanidad de un Gabinete. Para que nadie dude: ni estoy buscando puesto político en el gobierno ni tengo una lealtad a crítica. No soy, arnulfista. Sólo expreso una preocupación por el país. El Presidente Ernesto de la Guardia Navarro señaló, en 1956, lo siguiente: " la historia republicana nos lo enseña, que a los partidos políticos no los destruyen sus adversarios, sino ellos mismos, desde adentro". Yo diría, parafraseándolo, que a los gobiernos también.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América