Panamá requiere un estadista
¿A qué se deberá que, cada cinco años, al iniciarse un nuevo periodo administrativo en el país; el presidente de turno y sus más altos funcionarios, no dejan de lamentarse de los problemas "heredados" de los gobiernos precedentes? Cuando esos mismos que se excusan por su falta de acción efectiva para corregir entuertos eran candidatos aspirantes a alcanzar el poder político del país, no dejaban de llamar la atención del electorado sobre la pésima actuación del gobierno en el poder, prometiendo erradicar de tajo todos los desatinos, corrupciones, injusticias, falta de empleos, escuelas, hospitales y viviendas dignas.
Si los problemas son harto conocidos por los políticos, en el gobierno y en la oposición; si el Estado nos pertenece a todos por igual, políticos y no políticos, ¿por qué los gobernantes de turno, quienes son los administradores del Estado, no sus dueños, no cumplen con su obligación de administrarlo como un buen padre de familia?
Si el administrador anterior fue deficiente, con mayor razón se puede lucir el de turno, pues sólo tiene que hacer bien, lo que el inepto deshizo.
Pasar cinco años achacándole al predecesor todo lo malo y feo que sucede en el país, en lugar de corregir el rumbo, no es más que excusas por la inactividad del gobierno en el poder.
¿A quién le puede interesar, salvo a los masoquistas, cuántos años han transcurrido con una alta tasa de desempleo, con un transporte colectivo pésimo y peligroso, con un seguro social en grave crisis, con una educación pública deficiente, con jubilados mal remunerados, y muchas cosas más? Todos queremos que los administradores del país cumplan con su deber de buenos gerentes públicos, buscando solución a los problemas sociales, promoviendo la inversión privada que se traduce en nuevos empleos, mejor sistema de vida para el pueblo. Lo que el país necesita con urgencia son gobernantes honestos, responsables, con entrega total al cargo, sin importar los sacrificios que tengan que hacer para brindar un mejor sistema de vida a los panameños.
No más excusas. A trabajar como estadistas, pensando en el futuro del país. La política está bien como vehículo para alcanzar el poder; una vez en él, hay que pensar en el país y sus mejores intereses. Así serán mejores políticos y verdaderos estadistas.
Si los problemas son harto conocidos por los políticos, en el gobierno y en la oposición; si el Estado nos pertenece a todos por igual, políticos y no políticos, ¿por qué los gobernantes de turno, quienes son los administradores del Estado, no sus dueños, no cumplen con su obligación de administrarlo como un buen padre de familia?
Si el administrador anterior fue deficiente, con mayor razón se puede lucir el de turno, pues sólo tiene que hacer bien, lo que el inepto deshizo.
Pasar cinco años achacándole al predecesor todo lo malo y feo que sucede en el país, en lugar de corregir el rumbo, no es más que excusas por la inactividad del gobierno en el poder.
¿A quién le puede interesar, salvo a los masoquistas, cuántos años han transcurrido con una alta tasa de desempleo, con un transporte colectivo pésimo y peligroso, con un seguro social en grave crisis, con una educación pública deficiente, con jubilados mal remunerados, y muchas cosas más? Todos queremos que los administradores del país cumplan con su deber de buenos gerentes públicos, buscando solución a los problemas sociales, promoviendo la inversión privada que se traduce en nuevos empleos, mejor sistema de vida para el pueblo. Lo que el país necesita con urgencia son gobernantes honestos, responsables, con entrega total al cargo, sin importar los sacrificios que tengan que hacer para brindar un mejor sistema de vida a los panameños.
No más excusas. A trabajar como estadistas, pensando en el futuro del país. La política está bien como vehículo para alcanzar el poder; una vez en él, hay que pensar en el país y sus mejores intereses. Así serán mejores políticos y verdaderos estadistas.