Panamá, sede del ALCA
Nuestro país aspira a ser sede permanente del organismo que deberá estar integrado para el 2005. Sin embargo, es evidente que tal no esperará el último momento para elegir su sede permanente, por lo que las ciudades y países aspirantes están en plena campaña para ganar esa condición.
Dos ciudades se disputan con mayor opción ese privilegio y ellas son Miami y Panamá. Y a fuerza de franqueza hemos de reconocer que nuestra rival tenía amplia ventaja, como capital comercial de América Latina, con todo y estar situada en Estados Unidos. Sus atractivos, comunicaciones e infraestructura, le hacían insuperable.
Pero la situación cambió tras los atentados del 11 de septiembre pasado. Estados Unidos está en guerra contra el terrorismo y su nación viene siendo objeto de agresiones del extremismo islámico, manifestado en el secuestro y uso de aviones civiles como bombas, y en el ataque con armas biológicas.
Paralelamente, el contragolpe militar norteamericano se manifiesta en la guerra contra Afganistán y sus bastiones terroristas, en colaboración con su aliada más fiel, Gran Bretaña. El riesgo de una interminable alternancia de golpes y ripostas es una realidad. Y las ciudades y capitales del mundo desarrollado son las más expuestas a la acción fanática del extremismo, incluyendo a Miami, donde aparecieron las primeras víctimas del Antrax, con una muerte contabilizada hasta ahora.
En Miami se entrenaron como pilotos los secuestradores de los aviones usados el 11 de septiembre; y allí vivieron entremezclados entre los ciudadanos del lugar. El mismo bin Laden ha jurado que nadie vivirá en paz en ningún rincón del país hasta que tengan igual privilegio los palestinos en el Medio Oriente. Y hay razones de sobra para tomarlo en serio, no importa si mañana o pasado resulta muerto o capturado; porque el terrorismo es mucho más que un solo hombre u organización.
Esa es la dura realidad con la que hay que aprender a vivir; y ella deberá ser sopesada para elegir la sede permanente del ALCA. Obviamente hay otros factores que pueden ayudarnos, tales como la posición geográfica equidistante del resto de las naciones miembros. Otras consideraciones serán su menor costo de vida, su entronque de comunicaciones por fibra óptica, el centro bancario, su dolarización, su bastión comercial, Zona Libre, el Canal y calidad de vida a menor costo. Las posibilidades de Panamá de obtener la sede permanente, se han multiplicado. Son inmensas.
Dos ciudades se disputan con mayor opción ese privilegio y ellas son Miami y Panamá. Y a fuerza de franqueza hemos de reconocer que nuestra rival tenía amplia ventaja, como capital comercial de América Latina, con todo y estar situada en Estados Unidos. Sus atractivos, comunicaciones e infraestructura, le hacían insuperable.
Pero la situación cambió tras los atentados del 11 de septiembre pasado. Estados Unidos está en guerra contra el terrorismo y su nación viene siendo objeto de agresiones del extremismo islámico, manifestado en el secuestro y uso de aviones civiles como bombas, y en el ataque con armas biológicas.
Paralelamente, el contragolpe militar norteamericano se manifiesta en la guerra contra Afganistán y sus bastiones terroristas, en colaboración con su aliada más fiel, Gran Bretaña. El riesgo de una interminable alternancia de golpes y ripostas es una realidad. Y las ciudades y capitales del mundo desarrollado son las más expuestas a la acción fanática del extremismo, incluyendo a Miami, donde aparecieron las primeras víctimas del Antrax, con una muerte contabilizada hasta ahora.
En Miami se entrenaron como pilotos los secuestradores de los aviones usados el 11 de septiembre; y allí vivieron entremezclados entre los ciudadanos del lugar. El mismo bin Laden ha jurado que nadie vivirá en paz en ningún rincón del país hasta que tengan igual privilegio los palestinos en el Medio Oriente. Y hay razones de sobra para tomarlo en serio, no importa si mañana o pasado resulta muerto o capturado; porque el terrorismo es mucho más que un solo hombre u organización.
Esa es la dura realidad con la que hay que aprender a vivir; y ella deberá ser sopesada para elegir la sede permanente del ALCA. Obviamente hay otros factores que pueden ayudarnos, tales como la posición geográfica equidistante del resto de las naciones miembros. Otras consideraciones serán su menor costo de vida, su entronque de comunicaciones por fibra óptica, el centro bancario, su dolarización, su bastión comercial, Zona Libre, el Canal y calidad de vida a menor costo. Las posibilidades de Panamá de obtener la sede permanente, se han multiplicado. Son inmensas.