A Panamá sepultada en sus ruinas...
Este sería el título de un soneto de Quevedo si viviera en nuestra tierra, una poesía que sentenciaría en su último terceto: ¡Oh Panamá en tu grandeza, en tu hermosura, huyó lo que era firme y solamente lo fugitivo permanece y dura!.
El domingo 10 de septiembre de 2000, la Dra. Brittmarie Janson Pérez, una autora a quien admiró entrañablemente, suscribió un artículo a este periódico intitulado "Justicia y Rencor", en el cual explica ambos conceptos - este último según ella muy en boga por las aristas del pacto META- y sus razones para realizar autos de fe en la ortodoxia democrática, fiscalizados por el gobierno y seguidos de ordalías para castigar a todo individuo que tuvo la desgracia de vestir un uniforme militar.
Panamá ha sido el ejemplo fehaciente de esta ironía por diez años: Lo transitorio - los hechos de un pasado que empieza en 1903 y no en 1968 como piensa la gran mayoría- aún perduran marcados en las emociones que, según Platón, evocan la importancia del suceso; para toparse violentamente con la "tabula rasa" que nos ofrece el horizonte. Este ha sido el origen explicativo de nuestro universo rutilante: la dialéctica del subdesarrollo panameño.
El "status quo" se alimenta de esta contraposición de realidades y no de las críticas que se expresan en contra de la intolerancia y el rencor; este es un presente que nos tiene metidos de cabeza en pugnas históricas mientras soslayamos la armonía de nuestro progreso como nación.
¡Nos perdemos entre la tinta perdida en alguna enmienda constitucional que no ve los motivos de tanta corrupción! No son las leyes propiamente, sino la idiosincrasia del funcionario público y del "cursus honorum" panameño. Es relativamente fácil: ¡La única manera de erradicar esta endemia legislativa, palpable en todo cargo público, es convencer al pueblo que no vote por la misma nómina corroída!.
Es verdad: la gente debe saber quiénes fueron los artífices de los crímenes y de los malos manejos, incluyendo los civiles, para destapar el más antiguo y el peor de los castigos: el ostracismo a la indiferencia. Pero advierto, hay que tener cuidado con las acusaciones porque el uniforme no hacía el delito.
Sin embargo, ¿acaso mis detractores quieren convertirse en lo que tanto desprecian?. Instituir una política de terror en contra de todo aliado castrense tiene escrito, en letras escarlatas, cacería de brujas.
Muchos saben quiénes fueron los protagonistas del largometraje, a otros tristemente no les interesa; no obstante, lo cierto es que el colaborador militar camina con sigilo y habla con menos frecuencia, y cuando lo hace no refuta y se traga el orgullo que le queda, aunque hay uno que otro que se hace de la vista gorda y nos causa risa con sus ufanas declaraciones.
Estoy seguro que me dirán que tal recurso, la comúnmente llamada ley de hielo, es infantil porque al final lo que se quiere es sangre y paredones: Lo deseado es añadir la ley del talión a Los Diez Mandamientos y ejecutar, con igual laconismo, a todo indeseable para luego depositar sus restos en El Arca de la Alianza. Al final, lo que vamos a crear entre huesos y cenizas son escombros que continuarán sepultando a Panamá en sus ruinas...
El domingo 10 de septiembre de 2000, la Dra. Brittmarie Janson Pérez, una autora a quien admiró entrañablemente, suscribió un artículo a este periódico intitulado "Justicia y Rencor", en el cual explica ambos conceptos - este último según ella muy en boga por las aristas del pacto META- y sus razones para realizar autos de fe en la ortodoxia democrática, fiscalizados por el gobierno y seguidos de ordalías para castigar a todo individuo que tuvo la desgracia de vestir un uniforme militar.
Panamá ha sido el ejemplo fehaciente de esta ironía por diez años: Lo transitorio - los hechos de un pasado que empieza en 1903 y no en 1968 como piensa la gran mayoría- aún perduran marcados en las emociones que, según Platón, evocan la importancia del suceso; para toparse violentamente con la "tabula rasa" que nos ofrece el horizonte. Este ha sido el origen explicativo de nuestro universo rutilante: la dialéctica del subdesarrollo panameño.
El "status quo" se alimenta de esta contraposición de realidades y no de las críticas que se expresan en contra de la intolerancia y el rencor; este es un presente que nos tiene metidos de cabeza en pugnas históricas mientras soslayamos la armonía de nuestro progreso como nación.
¡Nos perdemos entre la tinta perdida en alguna enmienda constitucional que no ve los motivos de tanta corrupción! No son las leyes propiamente, sino la idiosincrasia del funcionario público y del "cursus honorum" panameño. Es relativamente fácil: ¡La única manera de erradicar esta endemia legislativa, palpable en todo cargo público, es convencer al pueblo que no vote por la misma nómina corroída!.
Es verdad: la gente debe saber quiénes fueron los artífices de los crímenes y de los malos manejos, incluyendo los civiles, para destapar el más antiguo y el peor de los castigos: el ostracismo a la indiferencia. Pero advierto, hay que tener cuidado con las acusaciones porque el uniforme no hacía el delito.
Sin embargo, ¿acaso mis detractores quieren convertirse en lo que tanto desprecian?. Instituir una política de terror en contra de todo aliado castrense tiene escrito, en letras escarlatas, cacería de brujas.
Muchos saben quiénes fueron los protagonistas del largometraje, a otros tristemente no les interesa; no obstante, lo cierto es que el colaborador militar camina con sigilo y habla con menos frecuencia, y cuando lo hace no refuta y se traga el orgullo que le queda, aunque hay uno que otro que se hace de la vista gorda y nos causa risa con sus ufanas declaraciones.
Estoy seguro que me dirán que tal recurso, la comúnmente llamada ley de hielo, es infantil porque al final lo que se quiere es sangre y paredones: Lo deseado es añadir la ley del talión a Los Diez Mandamientos y ejecutar, con igual laconismo, a todo indeseable para luego depositar sus restos en El Arca de la Alianza. Al final, lo que vamos a crear entre huesos y cenizas son escombros que continuarán sepultando a Panamá en sus ruinas...