Panamá, un país rico lleno de gente pobre
Me entristece la forma en que algunos gobernantes ven al país sólo como un instrumento para hacer dinero y llenarse los bolsillos para gastarlos en lujosos cruceros, centros comerciales de Miami y pura diversión, cuando en Panamá uno de cada tres infantes experimentan el flagelo de la desnutrición.
No entiendo cómo los gobernantes pueden mirar de soslayo el problema de la gente que se acuesta sin comer y pensar en desarrollar proyectos multimillonarios como la Cinta Costera y un megapuerto en el Pacífico del Canal sin mediar licitación alguna como lo ordena la Constitución Nacional.
Muchos panameños no comen o se alimentan en base a una economía de subsistencia que incluye frijoles, maíz, guineos, arroz, yuca y café, mientras un grupo de privilegiados se reparte las riquezas del país igual que se distribuyen los naipes en un juego de mesa. Cómo es posible que sólo unos cuantos se beneficien con los negocios que realizan a raíz de la expansión del Canal, unos pocos que desconocen que miles de panameños sólo de forma casual consumen proteínas de origen animal o no cuentan con servicio de agua potable ni letrinas en sus hogares. Por qué repartirse el país y hacer negocios con los dineros del pueblo ignorando que más de la mitad de los niños indígenas sufren de desnutrición. A los políticos, y particularmente a los que dirigen este país, les corresponde pensar un poco más en los que menos tienen, porque la disponibilidad alimentaria indica que el país ha desmejorado paulatinamente la oferta de alimentación a su población. Dejemos de hacer politiquería con los más pobres, dejemos de cargar ni
ños pequeños y de repartir bolsas de arroz y franelas con los rostros de políticos que sólo se acuerdan de la gente cuando se acerca el torneo electoral, porque el costo de los alimentos se incrementa, los salarios no mejoran y la tasa de desempleo aumenta.
Señores gobernantes, hagan las cosas en base a principios de transparencia no engañen más al pueblo que los eligió lanzando promesas al viento que no pueden cumplir como esa frivolidad de "más seguridad, más empleos y cero corrupción". Descarten la posibilidad de hacer negocios turbios en abierta violación a las leyes establecidas, como construir un megapuerto, una cinta costera, una autopista Panamá-Colón en base a documentos, resoluciones y disposiciones legales trasnochadas.
Vivimos en Panamá un país rico, pero atestado de gentes pobres, donde este flagelo afecta a más de un millón de personas que representan el 37.1% de la población total del país. Del total de pobres, más de medio millón vive en condiciones de pobreza extrema o indigencia; es decir, no logran suplir sus requerimientos nutricionales mínimos aún si asignasen todos sus recursos al consumo de alimentos.
Panamá tiene una de las peores distribuciones de ingreso de América Latina, ya que el 64% de los hogares rurales está en pobreza y más de la tercera parte en pobreza extrema. La desnutrición crónica de niños de 6 a 9 años alcanza al 68% en la población indígena y al 42% en los 30 distritos más pobres. La pobreza se concentra en el área rural, donde cerca del 76% de los pobres y casi el 88% de la población en pobreza extrema residen en las áreas rurales e indígenas.
A los que dirigen la cosa pública parece no importarles que la gente ha empezado a no creer en los políticos y menos en aquellos que sólo quieren enriquecerse haciendo negocios que violentan las leyes y, sobre todo, que sólo aportarán ganancias por un grupo de empresarios y no para los miles de pobres que viven en Panamá, un país rico.
Miguel Fanovich
Diputado de la república