Panamá Viejo, Patrimonio de la Humanidad
La ciudad de Panamá fue fundada originalmente el 15 de agosto de 1519 por Pedrarias Dávila. Para el continente americano este hecho reviste extraordinario valor histórico porque fue la primera ciudad española en su litoral pacífico.
La ausencia de aguas profundas imposibilitó la construcción de un puerto en sus inmediaciones, obligando a usar las islas de Naos, Perico y Flamenco como puntos de trasbordo, donde se depositaban los embarques para trasladarlos a otras embarcaciones. .
La vieja ciudad fue el terminal pacífico del primer canal mixto interoceánico de América, y primer precursor de la actual vía acuática. El terminal atlántico estaba constituído por Nombre de Dios, fundada al año siguiente 1520. Entre ambos fluía una complicada ruta que mezclaba un camino terrestre y otro acuático consistente en el Río Chagres.
En las inmediaciones de Nombre de Dios se fundó poco después la primera "Zona Libre" y complejo portuario, llamado Portobelo. Las mercancías y tesoros transitaban por aquel canal mixto, a cuyas orillas se construyeron varios fortines para proteger los embarques y comerciantes de bandoleros y piratas.
Los contínuos ataques de corsarios a Nombre de Dios y Portobelo, sumado a la destrucción de la antigua ciudad de Panamá por la acción del pirata inglés Henry Morgan en 1671, puso fin al primer canal panameño, optándose desde entonces por rutas más largas pero menos riesgosas. Ello marcó el fin de los terminales atlánticos de cuyo antiguo esplendor nos quedan las portentosas ruinas de Portobelo y el Fuerte San Lorenzo.
Hoy se están llevando a cabo labores provisionales de conservación del conjunto de edificaciones que constituyen Panamá Viejo, lo cual está a cargo de un patronato que lleva su nombre, a cargo del Club Kiwanis y el Banco del Istmo, que cuenta con un presupuesto de 263 mil balboas.
Simultáneamente, se están desarrollando investigaciones arqueológicas que tienen por objeto precisar las características de sus edificaciones, así como el modo de vida de la época y la existencia de asentamientos indígenas, cuya presencia en el lugar ha sido confirmada con el descubrimiento de un entierro y variados utensilios.
Lo ideal sería luchar para que la vieja ciudad fuera declarada Patrimonio de la Humanidad, a fin de tener acceso a fondos y ayuda técnica extranjera que contribuyera a la ejecución de un trabajo de conservación e investigación de mayor envergadura.
Ojalá un día podamos despejar todo el área, actualmente ocupada de viviendas y comercios, y constituirla en un parque monumental que sea orgullo de los panameños y fuente de atracción turística complementaria del Viejo Casco de la ciudad nueva, con miras al potencial hotelero de Amador, Taboga, Contadora y Gatún. La suma que sea necesaria, nos será devuelta con creces para provecho de las futuras generaciones.
La ausencia de aguas profundas imposibilitó la construcción de un puerto en sus inmediaciones, obligando a usar las islas de Naos, Perico y Flamenco como puntos de trasbordo, donde se depositaban los embarques para trasladarlos a otras embarcaciones. .
La vieja ciudad fue el terminal pacífico del primer canal mixto interoceánico de América, y primer precursor de la actual vía acuática. El terminal atlántico estaba constituído por Nombre de Dios, fundada al año siguiente 1520. Entre ambos fluía una complicada ruta que mezclaba un camino terrestre y otro acuático consistente en el Río Chagres.
En las inmediaciones de Nombre de Dios se fundó poco después la primera "Zona Libre" y complejo portuario, llamado Portobelo. Las mercancías y tesoros transitaban por aquel canal mixto, a cuyas orillas se construyeron varios fortines para proteger los embarques y comerciantes de bandoleros y piratas.
Los contínuos ataques de corsarios a Nombre de Dios y Portobelo, sumado a la destrucción de la antigua ciudad de Panamá por la acción del pirata inglés Henry Morgan en 1671, puso fin al primer canal panameño, optándose desde entonces por rutas más largas pero menos riesgosas. Ello marcó el fin de los terminales atlánticos de cuyo antiguo esplendor nos quedan las portentosas ruinas de Portobelo y el Fuerte San Lorenzo.
Hoy se están llevando a cabo labores provisionales de conservación del conjunto de edificaciones que constituyen Panamá Viejo, lo cual está a cargo de un patronato que lleva su nombre, a cargo del Club Kiwanis y el Banco del Istmo, que cuenta con un presupuesto de 263 mil balboas.
Simultáneamente, se están desarrollando investigaciones arqueológicas que tienen por objeto precisar las características de sus edificaciones, así como el modo de vida de la época y la existencia de asentamientos indígenas, cuya presencia en el lugar ha sido confirmada con el descubrimiento de un entierro y variados utensilios.
Lo ideal sería luchar para que la vieja ciudad fuera declarada Patrimonio de la Humanidad, a fin de tener acceso a fondos y ayuda técnica extranjera que contribuyera a la ejecución de un trabajo de conservación e investigación de mayor envergadura.
Ojalá un día podamos despejar todo el área, actualmente ocupada de viviendas y comercios, y constituirla en un parque monumental que sea orgullo de los panameños y fuente de atracción turística complementaria del Viejo Casco de la ciudad nueva, con miras al potencial hotelero de Amador, Taboga, Contadora y Gatún. La suma que sea necesaria, nos será devuelta con creces para provecho de las futuras generaciones.