Panamá vigilada
El sistema de vigilancia mediante cámaras de vídeo para el control y monitoreo que, a partir de ahora, hará la policía a las personas en ciertos sectores de la ciudad es un proyecto recién instalado por el gobierno en la capital panameña. El mismo supone que esta actividad le permitirá a la Policía Nacional, además de monitorear ciertos espacios públicos, prevenir los delitos. Ahora bien, si estos sistemas de vigilancia no tuvieran otras implicaciones sobre lo estrictamente privado sería suficiente razón para aceptarlos sin debate alguno. Pero no es así.
Es importante indicar que el programa de vigilancia responde a la necesidad de mejorar la calidad de vida las personas y su pleno disfrute como seres humanos en un entorno social seguro, que no debe resultar hostil bajo ningún concepto. En tal sentido, la protección de la vida, en términos individuales o grupales, tiene que ser asumida por las autoridades y, en consecuencia, es una tarea que debe ser apoyada. Pero lo que no podemos hacer es entrar a ciegas en una sociedad fuertemente vigilada.
Mas, nada es sencillo en el mundo moderno. El aumento de la vigilancia estatal sobre los ciudadanos ha recibido críticas sistemáticas en casi todos los países donde ha sido establecido. Los cuestionamientos se centran en el hecho cierto que los procesos y las prácticas de vigilancia policial, con sistemas tecnológicos tan invasivos de la vida privada, contribuyen considerablemente a elevar las sospechas de los individuos, creando también zonas urbanas de exclusión y fortaleciendo los estereotipos sociales de la gente. Desde el punto de vista estrictamente técnico el proyecto es conveniente, pero debe ser debatido para que los ciudadanos tomen conciencia de sus derechos cuando éstos se vean amenazados por la vigilancia.
La vigilancia policial es una nueva forma de vida que, bajo el lema de la seguridad, avanza en una dirección que debemos analizar y debatir de forma urgente pues, a menudo, se convierte en cierto tipo de vigilancia que en el pasado tenía como finalidad intencional limitar y controlar nuestro comportamiento y movimientos sin nuestro consentimiento. De allí que debemos comprender los efectos de la vigilancia y el impacto que ésta tendrá en nuestra vida privada y en la sociedad.
Es importante indicar que el programa de vigilancia responde a la necesidad de mejorar la calidad de vida las personas y su pleno disfrute como seres humanos en un entorno social seguro, que no debe resultar hostil bajo ningún concepto. En tal sentido, la protección de la vida, en términos individuales o grupales, tiene que ser asumida por las autoridades y, en consecuencia, es una tarea que debe ser apoyada. Pero lo que no podemos hacer es entrar a ciegas en una sociedad fuertemente vigilada.
Mas, nada es sencillo en el mundo moderno. El aumento de la vigilancia estatal sobre los ciudadanos ha recibido críticas sistemáticas en casi todos los países donde ha sido establecido. Los cuestionamientos se centran en el hecho cierto que los procesos y las prácticas de vigilancia policial, con sistemas tecnológicos tan invasivos de la vida privada, contribuyen considerablemente a elevar las sospechas de los individuos, creando también zonas urbanas de exclusión y fortaleciendo los estereotipos sociales de la gente. Desde el punto de vista estrictamente técnico el proyecto es conveniente, pero debe ser debatido para que los ciudadanos tomen conciencia de sus derechos cuando éstos se vean amenazados por la vigilancia.
La vigilancia policial es una nueva forma de vida que, bajo el lema de la seguridad, avanza en una dirección que debemos analizar y debatir de forma urgente pues, a menudo, se convierte en cierto tipo de vigilancia que en el pasado tenía como finalidad intencional limitar y controlar nuestro comportamiento y movimientos sin nuestro consentimiento. De allí que debemos comprender los efectos de la vigilancia y el impacto que ésta tendrá en nuestra vida privada y en la sociedad.