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Panamá y China Continental


Al aceptar una de las Presidencias Honorarias de la Asociación Panameña de Amistad con China, quiero explicar por qué favorezco la normalización de las relaciones diplomáticas entre Panamá y la República Popular de China.
Aprecio en China continental a un país de cinco mil años de historia y de cultura, que cubre 9,561,000 kilómetros cuadrados (sólo superado por Rusia y Canadá). Aprecio al país más poblado del mundo con arriba de 1,200 millones de habitantes, aproximadamente el 23% de la población mundial. Aprecio al país que es el séptimo del mundo en Producto Doméstico Bruto, con 906 millardos (o 906,000 millones) de dólares, pero el segundo en poder adquisitivo, con 4,047 millardos de dólares en Producto Doméstico Bruto en paridad de poder adquisitivo -"purchasing power parity"- (en Pocket World in Figures, The Economist, 1999 edition). Aprecio no sólo a un país que tiene una indudable importancia en el mundo actual, sino además que sustenta una de las nueve principales civilizaciones contemporáneas, tal que las identifica Samuel Huntington en su controvertido libro The Clash of Civilizations...
Como decía Napoleón, "China es un gigante dormido. Déjenla acostada y dormida, porque cuando se despierte sorprenderá al mundo". No hay duda de que China ha despertado, sobre todo gracias a Deng Xiaoping, y que nos está sorprendiendo. Con razón, mientras unos 25 países reconocen diplomáticamente a Taiwán, más de 160 reconocen a la República Popular de China, entre ellos todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero todo ello por sí sólo no me haría favorecer la normalización de relaciones diplomáticas. La favorezco porque estoy convencido de que ella corresponde a los mejores intereses nacionales, y subrayo el término intereses. Primero, en cuanto a la gente que somos, se puede estimar que cerca de 200,000 habitantes de Panamá, aproximadamente el 7% de nuestra población, tienen alguna ascendencia china. En su casi totalidad su origen se ubica en alguna parte de China continental, de modo que sus raíces y su parentela, si todavía la tienen y se mantienen en contacto con ella, forman parte de la República Popular de China.
Segundo, en cuanto al comercio que mantenemos, la Gerencia de la Zona Libre de Colón me informó que, en este año hasta fines de Septiembre, la Zona Libre importó de China continental, incluyendo a Hong Kong, mercancías por valor de $ 1,209,147,000, mientras que importó de Taiwán mercancías por valor de $ 460,375,000. Tercero, en cuanto al uso de nuestro Canal, la Autoridad del Canal me informó también que en el año fiscal 2,001 atravesaron el Canal provenientes de China continental, incluyendo a Hong Kong, 10,608,612 toneladas de mercancía, y provenientes de Taiwán 2, 514, 669 toneladas. Y atravesaron el Canal con destino a China continental, incluyendo a Hong Kong, 12, 728,191 toneladas de mercancía y con destino a Taiwán 7,526,738 toneladas. El reciente ingreso de China continental a la Organización Mundial sin duda ampliará las ventajas de China continental y probablemente invierta varias desventajas.
Desde estos tres puntos de vista, por lo tanto, el interés para Panamá de normalizar sus relaciones diplomáticas con la República Popular de China es a mi juicio palpable. Sin embargo, por ello no dejemos de abogar porque el problema de la relación entre China continental y Taiwán se resuelva pacíficamente y de mutuo acuerdo, en el respeto a la unidad de China, sin que se sacrifique la calidad de vida de los chinos que viven en la isla.
A fuer de sinceros -y las relaciones de mutuo interés requieren una sinceridad fundamental para perdurar- debemos decir que tenemos diferencias que esperamos se superen con la dinámica vertiginosa de cambios que se está dando en el mundo. Nosotros somos firmes creyentes en los derechos humanos como condición de la vida civilizada, no sólo en occidente, sino universalmente. Visité China, por invitación del Partido, al que había invitado previamente al Congreso de la Internacional Demócrata Cristiana celebrado en Madrid en 1998. Abordé el tema de la vigencia de los derechos humanos con personal del Ministerio de Relaciones Exteriores y del Partido. Comencé por recalcar que como sociedad habían resuelto uno de los gravísimos problemas del derecho humano a la vida, al proporcionar alimento a más de 1,200 millones de seres humanos, y que estaba seguro que, si habían podido responder a este reto, podrían también responder al reto de los otros derechos humanos, de las tres generaciones de los mismos, si se lo proponían.
Nosotros somos firmes creyentes en la libertad de conciencia y de culto. Buscamos tanto abrirnos a la presencia entre nosotros del pensamiento oriental, en forma del Taoísmo, Confucianismo y Budismo, como que la China se abra a la presencia del pensamiento Judeo-Cristiano, incluso en su forma católica que conlleva la comunión con el Papa. Confiamos que todos los seres humanos tengan la opción de escoger y practicar la religión o la filosofía de su libre escogencia. En mi viaje a China planteé a mis anfitriones que, siendo marxistas de nuevo cuño, habían de reconocer que el cambio en la infraestructura económica acarrearía tarde o temprano un cambio en la superestructura política y cultural. Si han tenido el coraje de introducir una modernización de la economía, es decir su transformación hacia una economía de mercado, sin duda tendrán el coraje de sacar, las consecuencias libertarias de lo que están realizando, para el engrandecimiento de su país y beneficio de su pueblo.
Es con todo esto en mente que me declaro a favor de la normalización de las relaciones diplomáticas con la China única que representa, ante la comunidad de naciones y la República Popular de China. (ariyan@sinfo.net)
* El autor fue Presidente de la IDC.

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