Panamá y la certificación sanitaria a EE.UU.
LA PRECISIÓN con que han actuado las autoridades panameñas en el tema del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, revela un ejercicio de coordinación de políticas de Estado en beneficio de los sectores productivos y del objetivo de generación de empleos y reducción de la pobreza. Además, es una demostración del trabajo efectivo entre la diplomacia y las instancias que dirigen el comercio internacional.
La novena ronda celebrada en enero en Washington, respaldada por la mayoría de los gremios de agro productores, fue la concreción de un enorme esfuerzo diplomático para acercar posiciones, después de 11 meses de estancamiento, buscar el equilibrio para acomodar los intereses de Panamá y encontrar el punto medio con Estados Unidos.
En esa ronda hubo importantes avances en el acceso a los mercados estadounidenses de rubros sensitivos agrícolas y en el tema de las compras gubernamentales. Además se cerró el capítulo de comercio al por menor. Pero en materia sanitaria, el equipo negociador del presidente Martín Torrijos consideró que se trataba de un asunto eminentemente científico y que, por tanto, debería sustraerse del ámbito político y ser analizado con toda la objetividad y rigurosidad requerida. El objetivo final es asegurar el patrimonio animal y vegetal del país y la salud de la población panameña.
En esas circunstancias, los negociadores nacionales decidieron no cerrar el TLC con Estados Unidos y abrieron un compás de espera para encontrar una fórmula que permitiera subsanar el tema sanitario. Para allanar el camino técnicos del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y del Ministerio de Saludos (MINSA) iniciaron el análisis del sistema sanitario estadounidense con la información disponible en Panamá proveniente, entre otras fuentes, de las inspecciones hechas en el pasado a numerosas plantas e instalaciones agropecuarias de ese país.
Sin embargo, los técnicos panameños estimaron necesario recabar información adicional e inspeccionar directamente las instituciones sanitarias estadounidenses.
Con esa propuesta viajaron la semana pasada a Washington el primer vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores, Samuel Lewis Navarro, y el ministro de Comercio e Industrias, Alejandro Ferrer. Tras reuniones con el equipo de Seguridad Nacional del presidente George W. Bush, altos funcionarios del Departamento de Estado, los negociadores del TLC por parte de Estados Unidos y líderes demócratas y republicanos del Congreso, el gobierno estadounidense aceptó abrir sus instalaciones a inspectores panameños.
Bajo esa determinación, los expertos del MIDA y el MINSA evaluarán esta semana los procesos, las regulaciones, los equipos y las medidas de seguridad que Estados Unidos aplica para el control y prevención de enfermedades, incluyendo métodos de muestreo, procedimientos ante emergencias, capacidad de reacción, estándares internacionales y acciones de cooperación científica. Para realizar ese trabajo visitarán instituciones en Washington y Atlanta.
De regreso en Panamá, elaborarán un informe que podría establecer un compromiso con Estados Unidos bajo principios que reflejen los estándares internacionales y sean consistentes con el Acuerdo de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
La fórmula de solución presentada por Panamá no solo destraba el impasse, sino que le da una nueva dinámica al proceso negociador que debería concluir en marzo. La iniciativa panameña ha estado acompañada por el respaldo del sector privado, gremios de productores y declaraciones públicas del embajador de Estados Unidos en Panamá, William Eaton.
Además, las instancias de poder en Washington reiteraron la semana pasada la importancia estratégica que tiene Panamá como socio confiable y reforzaron su compromiso de concluir cuanto antes un acuerdo comercial.
El Representante Comercial de Estados Unidos, Robert Portman, dijo en una conferencia de prensa que espera enviar al Congreso en los próximos meses el TLC con Panamá.
Sin duda que para ambos países el acuerdo comercial sigue siendo una prioridad como tema de Estado y una herramienta fundamental para impulsar el desarrollo económico y social y la generación de nuevas oportunidades. Para Panamá el TLC es un reto que demanda la conjunción de esfuerzos de todos los sectores para ofrecerle un mejor futuro al país.
La novena ronda celebrada en enero en Washington, respaldada por la mayoría de los gremios de agro productores, fue la concreción de un enorme esfuerzo diplomático para acercar posiciones, después de 11 meses de estancamiento, buscar el equilibrio para acomodar los intereses de Panamá y encontrar el punto medio con Estados Unidos.
En esa ronda hubo importantes avances en el acceso a los mercados estadounidenses de rubros sensitivos agrícolas y en el tema de las compras gubernamentales. Además se cerró el capítulo de comercio al por menor. Pero en materia sanitaria, el equipo negociador del presidente Martín Torrijos consideró que se trataba de un asunto eminentemente científico y que, por tanto, debería sustraerse del ámbito político y ser analizado con toda la objetividad y rigurosidad requerida. El objetivo final es asegurar el patrimonio animal y vegetal del país y la salud de la población panameña.
En esas circunstancias, los negociadores nacionales decidieron no cerrar el TLC con Estados Unidos y abrieron un compás de espera para encontrar una fórmula que permitiera subsanar el tema sanitario. Para allanar el camino técnicos del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y del Ministerio de Saludos (MINSA) iniciaron el análisis del sistema sanitario estadounidense con la información disponible en Panamá proveniente, entre otras fuentes, de las inspecciones hechas en el pasado a numerosas plantas e instalaciones agropecuarias de ese país.
Sin embargo, los técnicos panameños estimaron necesario recabar información adicional e inspeccionar directamente las instituciones sanitarias estadounidenses.
Con esa propuesta viajaron la semana pasada a Washington el primer vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores, Samuel Lewis Navarro, y el ministro de Comercio e Industrias, Alejandro Ferrer. Tras reuniones con el equipo de Seguridad Nacional del presidente George W. Bush, altos funcionarios del Departamento de Estado, los negociadores del TLC por parte de Estados Unidos y líderes demócratas y republicanos del Congreso, el gobierno estadounidense aceptó abrir sus instalaciones a inspectores panameños.
Bajo esa determinación, los expertos del MIDA y el MINSA evaluarán esta semana los procesos, las regulaciones, los equipos y las medidas de seguridad que Estados Unidos aplica para el control y prevención de enfermedades, incluyendo métodos de muestreo, procedimientos ante emergencias, capacidad de reacción, estándares internacionales y acciones de cooperación científica. Para realizar ese trabajo visitarán instituciones en Washington y Atlanta.
De regreso en Panamá, elaborarán un informe que podría establecer un compromiso con Estados Unidos bajo principios que reflejen los estándares internacionales y sean consistentes con el Acuerdo de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
La fórmula de solución presentada por Panamá no solo destraba el impasse, sino que le da una nueva dinámica al proceso negociador que debería concluir en marzo. La iniciativa panameña ha estado acompañada por el respaldo del sector privado, gremios de productores y declaraciones públicas del embajador de Estados Unidos en Panamá, William Eaton.
Además, las instancias de poder en Washington reiteraron la semana pasada la importancia estratégica que tiene Panamá como socio confiable y reforzaron su compromiso de concluir cuanto antes un acuerdo comercial.
El Representante Comercial de Estados Unidos, Robert Portman, dijo en una conferencia de prensa que espera enviar al Congreso en los próximos meses el TLC con Panamá.
Sin duda que para ambos países el acuerdo comercial sigue siendo una prioridad como tema de Estado y una herramienta fundamental para impulsar el desarrollo económico y social y la generación de nuevas oportunidades. Para Panamá el TLC es un reto que demanda la conjunción de esfuerzos de todos los sectores para ofrecerle un mejor futuro al país.