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Panamá y la crisis alimentaria


El crecimiento de la población y el desarrollo económico han disparado la demanda por alimentos de manera inusitada.

En los próximos cinco años, sólo en China, la clase media pasará de 200 a 600 millones de personas. En la India, este mismo grupo aumentará de los actuales 250 a 750 millones de personas que cambiarán sus patrones alimenticios con la adición de más proteínas y de alimentos procesados a sus dietas.

Para atender esa demanda será necesario un aumento exponencial en la producción de granos, tanto para el consumo humano como para alimentar el ganado y las aves, lo cual no es compatible con el actual desvío de productos como el maíz hacia la elaboración de etanol.

Esa urgencia por paliar el impacto del petróleo ha conducido a la aprobación de leyes que promueven el uso de biocombustibles, como es el caso de Estados Unidos que aumentará el uso de etanol a 7.5 billones de galones para el 2012 y a 15 billones de galones para el 2005; así como de la Unión Europea, que se ha impuesto como meta el uso de esta alternativa para que llegue a alcanzar el 10% del consumo total de combustibles para el 2020. Este uso ha vuelto muy atractivas las inversiones en la producción de etanol, más rentables que las que se hacen en la producción de alimentos, atrayendo hacia ese rubro recursos financieros importantes.

A la disminución de las inversiones del sector privado debe añadirse una notable reducción de las tierras destinadas a cultivos, como resultado de la creciente industrialización y la urbanización de áreas rurales. De acuerdo con la FAO, en las últimas dos décadas, si bien la cantidad de tierras arables ha crecido a una tasa del 0.1% anual, en el este de Asia se ha producido una reducción del 20% de estas tierras, cuya posesión sigue fragmentada en pequeñas fincas familiares con una producción exigua que no genera mayores ingresos.

Lo cierto es que la actividad agrícola encuentra muchas dificultades para atraer la inversión privada, pues para obtener resultados económicos satisfactorios se requieren varios años de investigación y financiamiento suficiente, así como la creación de las infraestructuras que permitan el acceso a más tierras fértiles y de éstas a los mercados nacionales e internacionales.

Todos los elementos que han conducido a la actual crisis alimentaria mundial están presentes en Panamá, pero también es cierto que el tamaño de nuestro país y una actividad económica creciente deberían ahorrarnos las manifestaciones sociales de descontento que ya son noticia cotidiana en otros países.

El anuncio de que la producción nacional de arroz podrá abastecer por completo la demanda el próximo año y el éxito de comercialización de productos básicos, pueden ser el comienzo de una política agraria efectiva que incluya a los pequeños productores para garantizar la seguridad alimentaria de todos los panameños.

101 años de Panamá América

 
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