Panamá y la renuncia de Miguel Angel Rodríguez
Mejor embajador que representante de Panamá en la Organización de Estados Americanos (OEA), el ex presidente de la República, Arístides Royo, al tiempo que se negaba a atender las llamadas de nuestro corresponsal en Washington, Henry Raymont, daba un voto de confianza al hasta ese momento secretario general del organismo, el costarricense Miguel Angel Rodríguez, yéndose por la tesis de la presunción de inocencia. A su juicio, el alto funcionario debía permanecer en su cargo, hasta que se demostrara su culpabilidad en el escándalo de haber recibido un soborno de B/.200 mil a cambio de aprobar un proyecto de tendido eléctrico subterráneo en la capital de su país, cuando fungía como mandatario del mismo. En las investigaciones se involucra además a la estatal Fuerza y Luz y al Deutsche Bank en una operación que incluyó un préstamo de B/. 52.5 millones.
La ironía de todo esto es que Panamá, a través de su representante, estaba dando la imagen de defensora de Rodríguez, que ya era un cadáver insepulto, tras los mortales ataques de su compatriota, el actual presidente de Costa Rica, Abel Pacheco, quien promovía su inmediata renuncia. Rodríguez había depositado la suma del supuesto soborno en un tribunal, en garantía de su devolución en caso de ser condenado. Respaldar a un costarricense, sin reciprocidad y sin tener siquiera apoyo en su país, parece ser norma tradicional de la política exterior de Panamá. La vez anterior, bajo el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, nuestro país impulsó con éxito la candidatura de la abogada costarricense, doctora Odio para el nuevo Tribunal Penal Internacional, a despecho del Colegio Nacional de Abogados, en circunstancias en que su homólogo de Costa Rica, ironizó: "La doctora Odio será la candidata de Panamá, pero no de Costa Rica; y deberá por tanto cargar con el costo de su campaña".
Meses después de la designación de Odio en el tribunal, el mismo gobierno tico negaba su respaldo a Panamá como sede del ALCA, a favor de Miami, faltando a una regla de elemental reciprocidad. Ulteriormente, Panamá volvió a dar su voto a otro costarricense, el mismo Rodríguez, como secretario general de la OEA. Afortunadamente, luego de una breve entrevista del Dr. Royo con el representante de Estados Unidos en la OEA, John Maísto, se hizo la luz, ahorrando mayor ridículo a nuestro país. Miguel Angel Rodríguez renunció, evitando de ese modo mayores sinsabores y desprestigio al organismo que representaba.
Pasé magníficos momentos de diálogos con todos ellos.
Al artista Carlos Arboleda por su artística serigrafía del símbolo de nuestra Facultad, y a mi nieto Daniel Domínguez, quien se encargó de la fotografía.
Al INAC que acogió mi trabajo en sus ediciones del centenario.
A la profesora Ileana Gólcher con cuya atinada indicación se inició mi trabajo.
A los obreros de la imprenta. Es impresionante el número de personas que tienen que colaborar para dar debido remate a la edición de un libro.
Y a la que, aunque cito de última, es, en mi vida, la primera: mi compañera Norma, por su aliento y ayuda.
En relación con el texto, tal como explico al inicio, mi propósito es abrir trocha filosófica en el esfuerzo por encontrar una definición racional de lo panameño. Por ello a este esfuerzo de mis últimos años he incorporado una serie de trabajos de valor más bien histórico pero que tienen ese anhelo de encontrar el sentido de nuestra mismidad.
Me he remontado hasta 1946. Siendo un joven profesor escribí: "La universidad panameña, algunos aspectos de su misión", en los momentos en que se trataba de convertir nuestra Universidad Nacional en la Universidad Panamericana. Como le expliqué al Dr. Méndez Pereira, primera vez que me opuse al Maestro, por quien siempre he sentido admiración y aprecio, yo no me oponía a que se instalara entre nosotros esta universidad, la Universidad Interamericana. Me oponía a que sustituyera la Universidad Nacional. Para mí tenía la Universidad de Panamá una misión muy especial que cumplir: Ser la forjadora de nuestro ser nacional, por ello cité: Serás lo que debes ser y si no, no serás nada. Y la misión de nuestra Universidad es no solo la preparación profesional, sino mucho más esencial e importante, forjar el ser nacional a través de la cultura y el aprecio y cultivo de los altos valores del espíritu. Hay diplomas y condecoraciones con el nombre de Universidad Interamericana pero gracias a Dios prevaleció la Universidad de Panamá. Yo señalaba entonces lo que consideraba su misión. A través de todos estos años podemos decir, con toda honradez, que la Universidad cumple su misión, a pesar de las consiguientes trabas y dificultades.
Hoy en día se encuentra el actual rector Dr. Gustavo García de Paredes empeñado en una labor encomiable y noble de renovación. En sus inicios, y de esto doy fe como estudiante fundador, nuestra universidad se nutrió con el sacrificio de sus profesores, estudiantes y el Estado.
En alguna ocasión los profesores llegamos, a pedido del Maestro Méndez Pereira, a entregar nuestro sueldo de vacaciones para equilibrar el presupuesto universitario.
Los estudiantes promovían ferias y rifas para conseguir dinero con que alimentar nuestra incipiente biblioteca, recuerdo la asociación A.F.I.L.
Los profesores enseñábamos hasta 18 horas, en ocasiones 21. Se tenían clases los sábados y domingos y el horario empezaba muy temprano en la mañana. No tuvimos aumentos de sueldos, sino de horas. Se tenía un horario cultural: Los viernes universitarios en que se daban conferencias para el público; se publicaba una revista de la universidad sin pagar al director; se tenía una revista de los estudiantes pagada con avisos comerciales. Nosotros luchamos por nuestra universidad. Dedicarse a la docencia en forma completa es hacer voto de una vida frugal y de trabajo. Así surgen las universidades con el trabajo, sacrificio y dedicación de sus profesores y estudiantes y con el apoyo y aprecio del pueblo y del Estado que comprenden y admiran el trabajo intenso que se realiza en esa fragua de nuestro ser panameño que es la Universidad de Panamá.
(* Autor de la obra Razón y sentido de lo panameño. Ediciones del Centenario. Editorial Universitaria. INAC.)
La ironía de todo esto es que Panamá, a través de su representante, estaba dando la imagen de defensora de Rodríguez, que ya era un cadáver insepulto, tras los mortales ataques de su compatriota, el actual presidente de Costa Rica, Abel Pacheco, quien promovía su inmediata renuncia. Rodríguez había depositado la suma del supuesto soborno en un tribunal, en garantía de su devolución en caso de ser condenado. Respaldar a un costarricense, sin reciprocidad y sin tener siquiera apoyo en su país, parece ser norma tradicional de la política exterior de Panamá. La vez anterior, bajo el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, nuestro país impulsó con éxito la candidatura de la abogada costarricense, doctora Odio para el nuevo Tribunal Penal Internacional, a despecho del Colegio Nacional de Abogados, en circunstancias en que su homólogo de Costa Rica, ironizó: "La doctora Odio será la candidata de Panamá, pero no de Costa Rica; y deberá por tanto cargar con el costo de su campaña".
Meses después de la designación de Odio en el tribunal, el mismo gobierno tico negaba su respaldo a Panamá como sede del ALCA, a favor de Miami, faltando a una regla de elemental reciprocidad. Ulteriormente, Panamá volvió a dar su voto a otro costarricense, el mismo Rodríguez, como secretario general de la OEA. Afortunadamente, luego de una breve entrevista del Dr. Royo con el representante de Estados Unidos en la OEA, John Maísto, se hizo la luz, ahorrando mayor ridículo a nuestro país. Miguel Angel Rodríguez renunció, evitando de ese modo mayores sinsabores y desprestigio al organismo que representaba.
Pasé magníficos momentos de diálogos con todos ellos.
Al artista Carlos Arboleda por su artística serigrafía del símbolo de nuestra Facultad, y a mi nieto Daniel Domínguez, quien se encargó de la fotografía.
Al INAC que acogió mi trabajo en sus ediciones del centenario.
A la profesora Ileana Gólcher con cuya atinada indicación se inició mi trabajo.
A los obreros de la imprenta. Es impresionante el número de personas que tienen que colaborar para dar debido remate a la edición de un libro.
Y a la que, aunque cito de última, es, en mi vida, la primera: mi compañera Norma, por su aliento y ayuda.
En relación con el texto, tal como explico al inicio, mi propósito es abrir trocha filosófica en el esfuerzo por encontrar una definición racional de lo panameño. Por ello a este esfuerzo de mis últimos años he incorporado una serie de trabajos de valor más bien histórico pero que tienen ese anhelo de encontrar el sentido de nuestra mismidad.
Me he remontado hasta 1946. Siendo un joven profesor escribí: "La universidad panameña, algunos aspectos de su misión", en los momentos en que se trataba de convertir nuestra Universidad Nacional en la Universidad Panamericana. Como le expliqué al Dr. Méndez Pereira, primera vez que me opuse al Maestro, por quien siempre he sentido admiración y aprecio, yo no me oponía a que se instalara entre nosotros esta universidad, la Universidad Interamericana. Me oponía a que sustituyera la Universidad Nacional. Para mí tenía la Universidad de Panamá una misión muy especial que cumplir: Ser la forjadora de nuestro ser nacional, por ello cité: Serás lo que debes ser y si no, no serás nada. Y la misión de nuestra Universidad es no solo la preparación profesional, sino mucho más esencial e importante, forjar el ser nacional a través de la cultura y el aprecio y cultivo de los altos valores del espíritu. Hay diplomas y condecoraciones con el nombre de Universidad Interamericana pero gracias a Dios prevaleció la Universidad de Panamá. Yo señalaba entonces lo que consideraba su misión. A través de todos estos años podemos decir, con toda honradez, que la Universidad cumple su misión, a pesar de las consiguientes trabas y dificultades.
Hoy en día se encuentra el actual rector Dr. Gustavo García de Paredes empeñado en una labor encomiable y noble de renovación. En sus inicios, y de esto doy fe como estudiante fundador, nuestra universidad se nutrió con el sacrificio de sus profesores, estudiantes y el Estado.
En alguna ocasión los profesores llegamos, a pedido del Maestro Méndez Pereira, a entregar nuestro sueldo de vacaciones para equilibrar el presupuesto universitario.
Los estudiantes promovían ferias y rifas para conseguir dinero con que alimentar nuestra incipiente biblioteca, recuerdo la asociación A.F.I.L.
Los profesores enseñábamos hasta 18 horas, en ocasiones 21. Se tenían clases los sábados y domingos y el horario empezaba muy temprano en la mañana. No tuvimos aumentos de sueldos, sino de horas. Se tenía un horario cultural: Los viernes universitarios en que se daban conferencias para el público; se publicaba una revista de la universidad sin pagar al director; se tenía una revista de los estudiantes pagada con avisos comerciales. Nosotros luchamos por nuestra universidad. Dedicarse a la docencia en forma completa es hacer voto de una vida frugal y de trabajo. Así surgen las universidades con el trabajo, sacrificio y dedicación de sus profesores y estudiantes y con el apoyo y aprecio del pueblo y del Estado que comprenden y admiran el trabajo intenso que se realiza en esa fragua de nuestro ser panameño que es la Universidad de Panamá.
(* Autor de la obra Razón y sentido de lo panameño. Ediciones del Centenario. Editorial Universitaria. INAC.)