Panameñismo o arnulfismo
Militar en un colectivo que se ha crecido y sostenido apegado a doctrinas y principios de corte social, es un privilegio del que pocos han de disfrutado. El panameñismo es uno de esos grupos políticos que ha defendido y divulgado programas sociales, les ha dado contenido material y se enorgullece de programar sus esfuerzos políticos, al calor de esas convicciones, que pregona con entusiasmo y vigor. La tenacidad de algunos dirigentes ha revestido de paciencia y esperanza a una gran masa de seguidores que, guiados por el imperio de las razones que sustentan el nacionalismo puro, han convertido la doctrina panameñista en símbolo de lucha y emblema de identidad del partido.
El Dr. Arnulfo Arias ejerció un liderazgo fuerte, radical y excluyente, que aglutinaba grandes sectores de la clase política nacional, unos a favor de sus propuestas y ejecutorias; otros, como adversarios que tenían como propósito final, vencer al caudillo en los torneos electorales. Por más de seis décadas, la figura central de la política nacional giró en torno a su presencia en la vida pública en ocasiones interrumpidas, algunas veces frente a su ostracismo político, al que fue condenado tras uno de los derrocamientos de que fue objeto, pero del que resurgió con mayor vigor y credibilidad como dirigente, al punto que en su entorno se agruparon sus más recalcitrantes adversarios en todo el país.
Lo más significativo de ese panameñismo con que se identificó sin condiciones la clase popular fue la fortaleza y lealtad con que se mantuvo más de una generación, aceptando con estoicismo los designios del líder, apoyando sus ejecutorias y consolidando un liderazgo propio de su personalidad, algunas veces enigmática, otras controversial y hasta osado en algunas decisiones. Ese panameñismo que nutrió y mantuvo por décadas, parece haber sido transfigurado con la pretensión de algunos miembros del colectivo, de personalizar los principios y la doctrina, para abanderar posiciones que sin la figura del ya desaparecido político, no podrían sustentar, ante la falta de comprensión de sus postulados, de la esencia de su pensamiento y de la necesidad de construir sobre ideas, y no de depender de la explotación de una imagen respetada, pero in presencia física. Por eso el arnulfismo empieza a declinar, porque sólo ha servido para el aprovechamiento de advenedizos de nuevo cuño, que provienen de sectores adversos al panameñismo, que no comparten sus principios, que desconocen su doctrina y que no pueden divulgarla, ni defenderla por no pertenecer a la clase política sacrificada, luchadora, comprensiva y defensa de la masa popular. Los resultados de la última experiencia electoral mueven a la reflexión, no sólo sobre la necesidad de impulsar reformas estatutarias, sino a la urgencia de prescindir de una dirigencia incapaz, que no admite la responsabilidad en la derrota, al pretender continuar frente a un colectivo que les dio todo y del cual se han convertido en su sepultero.
Sin menospreciar la figura del Dr. Arnulfo Arias, que ha sido inspiración del panameñismo, urge la rectificación de conductas en la alta dirigencia. Es necesario que quienes no representan un caudal de votos por su simpatía popular, dejen de concentrar el poder sumiso, para abrir paso a nuevas corrientes que rescaten el honor, la dignidad y prestigio del partido. En esa tarea se concentra la opinión de miles de panameñistas que renuncian a aceptar que extraños se hayan apoderado de la dirigencia, en detrimento de los que por muchos años han limitado y han sumado nuevas generaciones a la causa, pero que han sido aislados para favorecer a quienes dejarán de compartir, cuando los beneficios del poder desaparezcan. Entonces se cobijarán bajo otras toldas, porque han sido trásfugas sin ideologías, explotadores del poder, beneficiaros de las luchas del colectivo, pero que jamás podrán enarbolar con orgullo los emblemas del partido, ni practicarán sus principios, porque no forman parte de su formación política. Hoy podemos decir que no es lo mismo el panameñismo que el arnulfismo. ...quienes no representan un caudal de votos por su simpatía popular, dejen de concentrar el poder sumiso, para abrir paso a nuevas corrientes que rescaten el prestigio del partido.
Si no damos el primer paso, decidimos hacer un cambio de actitud todos los días, en beneficio de todos, con una visión de futuro, a mediano y largo plazo, no importará lo que el nuevo presidente y su equipo de trabajo haga por Panamá, y seremos cómplices y culpables de lo que no se pueda hacer en beneficio de todos los panameños, por no querer poner de nuestra parte....más fáciles y sencillas deberían ser las posibles soluciones a los problemas nacionales, si todos ponemos de nuestra parte.
El Dr. Arnulfo Arias ejerció un liderazgo fuerte, radical y excluyente, que aglutinaba grandes sectores de la clase política nacional, unos a favor de sus propuestas y ejecutorias; otros, como adversarios que tenían como propósito final, vencer al caudillo en los torneos electorales. Por más de seis décadas, la figura central de la política nacional giró en torno a su presencia en la vida pública en ocasiones interrumpidas, algunas veces frente a su ostracismo político, al que fue condenado tras uno de los derrocamientos de que fue objeto, pero del que resurgió con mayor vigor y credibilidad como dirigente, al punto que en su entorno se agruparon sus más recalcitrantes adversarios en todo el país.
Lo más significativo de ese panameñismo con que se identificó sin condiciones la clase popular fue la fortaleza y lealtad con que se mantuvo más de una generación, aceptando con estoicismo los designios del líder, apoyando sus ejecutorias y consolidando un liderazgo propio de su personalidad, algunas veces enigmática, otras controversial y hasta osado en algunas decisiones. Ese panameñismo que nutrió y mantuvo por décadas, parece haber sido transfigurado con la pretensión de algunos miembros del colectivo, de personalizar los principios y la doctrina, para abanderar posiciones que sin la figura del ya desaparecido político, no podrían sustentar, ante la falta de comprensión de sus postulados, de la esencia de su pensamiento y de la necesidad de construir sobre ideas, y no de depender de la explotación de una imagen respetada, pero in presencia física. Por eso el arnulfismo empieza a declinar, porque sólo ha servido para el aprovechamiento de advenedizos de nuevo cuño, que provienen de sectores adversos al panameñismo, que no comparten sus principios, que desconocen su doctrina y que no pueden divulgarla, ni defenderla por no pertenecer a la clase política sacrificada, luchadora, comprensiva y defensa de la masa popular. Los resultados de la última experiencia electoral mueven a la reflexión, no sólo sobre la necesidad de impulsar reformas estatutarias, sino a la urgencia de prescindir de una dirigencia incapaz, que no admite la responsabilidad en la derrota, al pretender continuar frente a un colectivo que les dio todo y del cual se han convertido en su sepultero.
Sin menospreciar la figura del Dr. Arnulfo Arias, que ha sido inspiración del panameñismo, urge la rectificación de conductas en la alta dirigencia. Es necesario que quienes no representan un caudal de votos por su simpatía popular, dejen de concentrar el poder sumiso, para abrir paso a nuevas corrientes que rescaten el honor, la dignidad y prestigio del partido. En esa tarea se concentra la opinión de miles de panameñistas que renuncian a aceptar que extraños se hayan apoderado de la dirigencia, en detrimento de los que por muchos años han limitado y han sumado nuevas generaciones a la causa, pero que han sido aislados para favorecer a quienes dejarán de compartir, cuando los beneficios del poder desaparezcan. Entonces se cobijarán bajo otras toldas, porque han sido trásfugas sin ideologías, explotadores del poder, beneficiaros de las luchas del colectivo, pero que jamás podrán enarbolar con orgullo los emblemas del partido, ni practicarán sus principios, porque no forman parte de su formación política. Hoy podemos decir que no es lo mismo el panameñismo que el arnulfismo. ...quienes no representan un caudal de votos por su simpatía popular, dejen de concentrar el poder sumiso, para abrir paso a nuevas corrientes que rescaten el prestigio del partido.
Si no damos el primer paso, decidimos hacer un cambio de actitud todos los días, en beneficio de todos, con una visión de futuro, a mediano y largo plazo, no importará lo que el nuevo presidente y su equipo de trabajo haga por Panamá, y seremos cómplices y culpables de lo que no se pueda hacer en beneficio de todos los panameños, por no querer poner de nuestra parte....más fáciles y sencillas deberían ser las posibles soluciones a los problemas nacionales, si todos ponemos de nuestra parte.