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Panameño, cambiemos discusión de la Sala Quinta por el tema de la basura


Permítame comenzar diciendo que este pequeño escrito es un tributo a la idiosincrasia del panameño. Aquella idiosincrasia que tanto criticamos, pero que llevamos dentro. Aquella que nos lleva a olvidar acontecimientos recientemente ocurridos y que tal vez son importantes para la vida nacional por aquellos más recientes que tal vez no son de tanta importancia para nuestra nación. Y es precisamente por esta idiosincrasia que nuestros brillantes políticos hacen de nuestro país y de este pueblo lo que desean, pues saben que para acallar un hecho de real importancia para el país sólo basta con lanzar a la luz pública un problema poco trascendental; y, como el panameño pronto olvida, al cabo de unos días ya se habrá olvidado del hecho principal. ¿Les suena esto familiar, amigos míos?
No quiero decir que este sea el caso de mi escrito, pues considero que en esta ocasión la importancia de los acontecimientos es inversa, pero el ejercicio igual nos sirve para reflexionar sobre el caso. Todos conocemos de los acontecimientos de los últimos días, o para ser más preciso, los acontecimientos acaecidos después del 1 de mayo. Han sido muchos, pero hasta el incendio de Santa Ana ha quedado olvidado con las discusiones sobre la Sala Quinta.
Y no es que yo, ni muchos de mis coterráneos, estemos en desacuerdo con la creación de la Sala Quinta, pues en el fondo todo proyecto que esté destinado a aminorar nuestra ya extrema mora judicial debe ser bien recibido tanto por la comunidad jurídica como por la sociedad civil. El problema es que esta regata de fórmulas por doquier, crean duda en la mente de muchos. ¿Por qué tanto apuro, ahora que han perdido? Si el proyecto es bueno y bien explicado a toda la comunidad, no creo que alguien pueda oponerse. Días atrás conocimos el caso del señor Branco A. Pagan, un humilde taxista que demandó al Estado por tres millones de balboas por purgar injustamente una pena de casi 10 años. ¿Quién no quiere evitar futuros casos como estos? Si la Sala Quinta está dirigida a aminorar este tipo de problemas, creo que toda mente en su sano juicio estaría de acuerdo con la Sala Quinta o cualquier otro proyecto de ley que pueda resultar de una amplia y profunda discusión. Pero repito, ¿por qué el apuro? O es que hay algo que esconder... Haciendo un resumen de este gobierno, hay que aceptar que, a pesar de las muchas medidas anti-populares, se hizo un buen trabajo; y ahora le toca a doña Mireya hacer una mejor labor, por lo menos en el campo social y agroindustrial. El actual ministro de Vivienda comenzó a limpiar su ministerio. Muchos trapos sucios han salido y esperamos los resultados de la investigación de estos eventos. De igual forma, espero que este gobierno y el entrante hagan lo cónsono en todas las otras entidades públicas, y no por persecución (como unos alegan), sino porque el pueblo tiene el derecho de saber que los gobernantes de turno trabajan cinco años por y para el pueblo, y no para su bolsillo. Esto es lo que más preocupa de esta famosa Sala Quinta, que pueda ser usada para apadrinar fechorías llevadas a cabo por los actuales gobernantes. Si esto no es así señores, y si el proyecto es bueno como algunos aseguran, ¿entonces por qué el apuro? No sería mejor una diáfana culminación de sus desempeños como servidores públicos.
Pero, volvamos a nuestra idiosincrasia, para no olvidarnos tan pronto de la razón real de este escrito. Este famoso tema de la Sala Quinta ha borrado por completo el tema post-eleccionario. Ya las elecciones pasaron y la mayoría de los legisladores, alcaldes y representantes han sido nominados. Los deseos de muchos fueron alcanzados y los dolores de otros muchos fueron presa de las campañas publicitarias y de lo que el viento se lleva. Lo que aún no se ha llevado el viento, han sido las miles de papeletas y banderolas que todavía después de las elecciones afean y ensucian nuestro angosto territorio.
Felicito a los que ganaron y espero su desempeño sea marecedero de la confianza depositada en sus votos. A los que perdieron, pueden seguir ayudando a su comunidad, si es que en realidad era eso lo que los movía a ocupar una posición pública, y el pueblo los sabrá premiar en las próximas elecciones. Doña Mireya es un vívido ejemplo de ello. Pero más que felicitar a ganadores y perdedores, tenemos que reclamarles el hecho de que han ensuciado toda nuestra urbe y no mueven un dedo para limpiarla. Hasta ahora, al único candidato que personalmente he visto limpiar parte (y no todo) de lo que ensució fue al legislador electo del circuito 8-8, José I. Blandón F. De los demás, y específicamente los de mi circuito, el 8-6, por lo menos yo, no he sabido nada. Es de todos sabido que el tribunal tenía fondos para esta limpieza, pero igual sabemos que estos fondos no llegarían a costear más que la limpieza de las vías principales del país, como en efecto se ha hecho. Pero, ¿qué pasa con el resto del país? Señores legisladores, alcaldes, y especialmente los representantes de corregimiento (que dicen estar más cerca del pueblo), ¿no creen que esta es la primera acción que debieron realizar como candidatos electos? Ya está bueno de tanta poliquería y discusión sobre la Sala Quinta. ¿No creen que esto puede esperar por lo menos hasta que el país esté limpio para los nacionales que aquí habitamos y los extranjeros que visitan el país, y que tienen que ver parte de nuestra mala idiosincrasia?
¿No creen que es mejor discutir las cosas según su orden natural? Señores legisladores, hagamos un alto en la Sala Quinta y detengámonos a ver toda esa basura política que abunda en nuestras calles. Si ustedes organizaron cuadrillas para ensuciar al país, también pueden hacerlo para limpiarlo.
Designen un día y los medios para limpiar de basura política nuestro país y verán cómo el pueblo sale con hidalguía a limpiar las calles de su nación, así como salieron el 2 de mayo a elegir el rumbo futuro de su nación. Ayudemos todos a limpiar a Panamá y tratemos de entregar un país limpio, no en las arcas, sino en aseo, a la próxima presidenta electa de la nación y al nuevo siglo que nos depara.
Panameño, dejemos a un lado la idiosincrasia y cambiemos la discusión de Sala Quinta por el tema de la basura.

101 años de Panamá América

 
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