Panameño: Turismo representa...
"Ni propongo ni dispongo: expongo" Ortega y Gasset.
Aumento de la ocupación y mano de obra.
Generación de riquezas y su distribución más equitativa.
Ingreso de divisas para mejorar la balanza de pagos.
Aumento del producto nacional bruto.
Impulso a la agricultura, industria y artesanía.
Conservación de los recursos naturales.
Satisfacción de la necesidad de descanso para todos.
Disminución de la migración del campo
Crecimiento de la industria de la construcción.
Desarrollo de la cultura.
Elevación del nivel de vida.
Integración nacional.
En estos momentos en que la atención de los panameños se ha centralizado de manera muy especial en la imperante necesidad de poner en marcha estrategias que consoliden la economía nacional, nos ha parecido oportuno reproducir los puntos anteriormente expuestos, los cuales fueron ampliamente difundidos por el IPAT en la década del "70 del pasado siglo, época de oro en la activación positiva del turismo en nuestro país.
No será difícil para los asesores y expertos analistas conque cuentan los diferentes ministerios y entidades gubernamentales comprobar la veracidad de cada uno de los puntos mencionados, los cuales continúan en plena vigencia.
El ciudadano común, aún sin analizarlos, sabe que el turista que llega a nuestro terruño, favorece a sus ingresos personales. Sólo precisa la orientadora campaña educativa para prestar con eficiencia, diligencia y cordialidad, los servicios que se requieren. Se ha demostrado que la imprescindible promoción internacional para atraer las divisas por medio del turismo, es sumamente productiva. Estas, a su vez, impulsan a establecer las facilidades y ofertas para el turismo nacional y, en consecuencia, el bienestar social.
¡Hay que creer en turismo!
(Esta columna fue publicada en El Panamá América el 23 de agosto de 2000. Sus señalamientos continúan siendo un valioso aporte, ya que la industria del turismo siempre necesita para su desarrollo integral del decidido y continuo respaldo estatal).
Ante tal estilo de gestión sería también imposible que los políticos bien intencionados, negasen su apoyo, porque al negarlo evidenciarían su miopía y estrechez de intereses.
Al nuevo presidente le corresponde guiar el destino del país, por los próximos cinco años.
Debe haber llegado hora, en que los panameños y panameñas entendamos, que el modelo de administración y gestión pública que tenemos debe ser transformado y modernizado radicalmente, en su forma y en su contenido. Pero que la transformación más importante lo es, desde la perspectiva moral y ética.
O cambiamos las actitudes y estilos mentales del juego vivo y erradicamos la corrupción, o sencillamente al cabo de estos cinco años, el pueblo habrá perdido toda fe en sus gobernantes.
Ese es el principal reto del nuevo presidente y su de equipo de Patria Nueva; y lo deberá empezar a hacer en los primeros cien días. En lo personal no dudo en que lo hará porque la expectativa del pueblo y sobre todo la de su juventud, es altamente exigente.
Aumento de la ocupación y mano de obra.
Generación de riquezas y su distribución más equitativa.
Ingreso de divisas para mejorar la balanza de pagos.
Aumento del producto nacional bruto.
Impulso a la agricultura, industria y artesanía.
Conservación de los recursos naturales.
Satisfacción de la necesidad de descanso para todos.
Disminución de la migración del campo
Crecimiento de la industria de la construcción.
Desarrollo de la cultura.
Elevación del nivel de vida.
Integración nacional.
En estos momentos en que la atención de los panameños se ha centralizado de manera muy especial en la imperante necesidad de poner en marcha estrategias que consoliden la economía nacional, nos ha parecido oportuno reproducir los puntos anteriormente expuestos, los cuales fueron ampliamente difundidos por el IPAT en la década del "70 del pasado siglo, época de oro en la activación positiva del turismo en nuestro país.
No será difícil para los asesores y expertos analistas conque cuentan los diferentes ministerios y entidades gubernamentales comprobar la veracidad de cada uno de los puntos mencionados, los cuales continúan en plena vigencia.
El ciudadano común, aún sin analizarlos, sabe que el turista que llega a nuestro terruño, favorece a sus ingresos personales. Sólo precisa la orientadora campaña educativa para prestar con eficiencia, diligencia y cordialidad, los servicios que se requieren. Se ha demostrado que la imprescindible promoción internacional para atraer las divisas por medio del turismo, es sumamente productiva. Estas, a su vez, impulsan a establecer las facilidades y ofertas para el turismo nacional y, en consecuencia, el bienestar social.
¡Hay que creer en turismo!
(Esta columna fue publicada en El Panamá América el 23 de agosto de 2000. Sus señalamientos continúan siendo un valioso aporte, ya que la industria del turismo siempre necesita para su desarrollo integral del decidido y continuo respaldo estatal).
Ante tal estilo de gestión sería también imposible que los políticos bien intencionados, negasen su apoyo, porque al negarlo evidenciarían su miopía y estrechez de intereses.
Al nuevo presidente le corresponde guiar el destino del país, por los próximos cinco años.
Debe haber llegado hora, en que los panameños y panameñas entendamos, que el modelo de administración y gestión pública que tenemos debe ser transformado y modernizado radicalmente, en su forma y en su contenido. Pero que la transformación más importante lo es, desde la perspectiva moral y ética.
O cambiamos las actitudes y estilos mentales del juego vivo y erradicamos la corrupción, o sencillamente al cabo de estos cinco años, el pueblo habrá perdido toda fe en sus gobernantes.
Ese es el principal reto del nuevo presidente y su de equipo de Patria Nueva; y lo deberá empezar a hacer en los primeros cien días. En lo personal no dudo en que lo hará porque la expectativa del pueblo y sobre todo la de su juventud, es altamente exigente.