Pandillas, la espiral que los condena
Los allanamientos recientes al barrio El Chorrillo, donde la Policía detuvo a unas 10 personas e incautaron varias armas de fuego, se realizó, según la Dirección de Investigaciones Judiciales, para frenar la violencia que enfrenta a varias pandillas. Una de ellas lleva el emblemático nombre de “Bagdad”, referencias que aluden a la violencia y la guerra.
Sin embargo, el problema no es sólo policial, sino social y político. Es el momento de acompañar estas acciones represivas, con propuestas a más largo plazo para frenar este fenómeno delincuencial que se reproduce casi únicamente en barrios pobres, lo cual no es una casualidad.
El tiempo empieza a pasar y no podemos quedarnos sólo con la propuesta de campaña que hizo el gobierno de “mano dura”, pues es una frase que alude exclusivamente a la represión como respuesta, pero no a la solución del problema.
El gobierno debe explicar lo que propondrá para erradicar las mil causas que producen el complejo fenómeno de las pandillas. El Chorrillo, como otros barrios, se caracteriza por el derrumbe de la estructura familiar, padres ausentes, madres desempleadas, hacinamiento y promiscuidad, elementos que se convierten en las semillas del crimen juvenil.
Estos jóvenes acaban, tarde o temprano, en la cárcel. Sin embargo, las prisiones nuestras son aún peores que el seno de la pandilla. Las prisiones panameñas no ayudan como debieran, debido a las malas condiciones físicas, el ocio carcelario y el contacto con las pandillas rivales. Mientras tanto, algunos van haciéndose mayores entre rejas esperando meses y hasta años por un juicio. Bajo estas condiciones, el castigo por sí solo se convierte en una terrible contribución al delito. Hay que profundizar en las soluciones sociales para evitar que las pandillas hagan metástasis por todo el país con consecuencias aún más terribles que las actuales.