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Pandillas, un grave problema


En toda la región centroamericana se viene acrecentando un fenómeno social que atenta diariamente contra la seguridad ciudadana: las pandillas.
Originalmente, las llamadas "maras" fueron consideradas en cada uno de los países en que se presentaron, como brotes aislados, provenientes probablemente del ejemplo recibido del accionar de bandas juveniles radicadas inicialmente en los barrios bajos de grandes ciudades de la costa oeste de los Estados Unidos. Con el tiempo, sin embargo, la problemática de los "mareros" ha ido demostrando que es una verdadera manifestación del hampa criolla, aupada por el criminal negocio del narcotráfico y con ramificaciones incluso en las altas esferas sociales y del poder.
El fenómeno de las pandillas en Panamá, si bien hasta ahora no ha querido verse como una extensión de las maras centroamericanas, en su modus operandi actual, es muy similar al de aquéllas.
Tráfico de drogas y de armas, violencia entre pandillas o bandas rivales, inseguridad, destrucción y muerte, son lugares comunes entre las maras de Centroamérica y nuestras "criollas" pandillas o bandas delicitivas. Los tatuajes, la jerga particular y el lenguaje de señas y símbolos para despistar a las autoridades, también es similar entre nuestros pandilleros y los mareros. En fin, la utilización de sus miembros por parte de los traficantes de drogas, de armas y por el crimen organizado, es también situación común entre los mareros y los pandilleros.
¿Qué están esperando nuestras autoridades para darse cuenta de lo grave que es esta realidad? ¿Acaso que los miembros de una pandilla jueguen al fútbol con la cabeza de un miembro de una banda rival? ¿No les parece suficiente el incendio del sector de un barrio popular por querer "quemar" a un adversario? Reaccionemos antes que, como en Centroamérica, lo que se ponga en juego sea el Estado de Derecho.

101 años de Panamá América

 
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