Panorama 2004: encuestas y pronósticos
A medida que avance la campaña electoral, las encuestas y los pronósticos proliferarán. Esto no debe sorprender, pues la "encuestología" se ha convertido en uno de los pasatiempos favoritos de la actualidad. Y entre las que generan mayores comentarios, debidos más a su antigüedad que a su certitud, está la que con regularidad mensual divulga la empresa publicitaria Dichter y Neira. Comienzo por afirmar que todas las encuestas, por más que se alegue lo contrario, tienen altos índices de subjetividad, como consecuencia de: ¿A quién se pregunta? ¿Cuándo se pregunta? ¿Qué se pregunta?
Uno de los aspectos que siempre ha llamado mi atención, con respecto a la encuesta de marras, es que todavía no he tenido la oportunidad de conocer a una persona que haya visto, ni de lejos, a uno de los encuestadores. Otro que igualmente me intriga, es la selección y el tamaño de la muestra. Por más científico que se repute el método para escoger a los encuestados, es muy difícil de aceptar que 1,200 personas representen la opinión de 2,000,000. Uso esta cifra, porque de acuerdo a las informaciones que divulga el Tribunal Electoral, es el número estimado de ciudadanas y ciudadanos que podrán sufragar en los próximos comicios.
Las encuestas para medir preferencias electorales son tal vez las más engañosas y nunca serán absolutamente certeras. Su aproximación a la verdad resulta seriamente comprometida, según la oportunidad escogida para realizarlas o por las preguntas que se formulan. Pongo un ejemplo: Desde hace más de un año se viene haciendo a los encuestados la misma pregunta: ¿Si las elecciones fueran hoy, por quién votaría? En primer lugar, las elecciones no eran cuando se preguntó, y tampoco son hoy. En segundo lugar, entre los nombres dados a los encuestados se incluía a la presidenta Moscoso. Esa inclusión, tal vez tuvo algún sentido cuando el entonces mandatario en funciones se empeñaba en reelegirse, pero era absurda e inducía a confusión por el hecho de que la presidenta Moscoso no es candidata y, además, nunca se le ocurrió, como a su predecesor, intentar una aventura semejante.
Siempre he encontrado que las preguntas a los encuestados son esencialmente simples y demuestran poca estimación por las capacidades de los encuestados. Nunca se les pregunta, por ejemplo, cuáles son las razones para escoger a un candidato sobre otro. También me parece que si alguien antes de definir su preferencia electoral, adelanta su membresía partidaria, preguntarle por quién votaría resulta retórico.
Los electores posibles, como ya se ha publicado, son dos millones, pero de acuerdo con la constante de las últimas elecciones más de un 30% de esa cifra no votará, o sea, que los votos válidos pueden estimarse en 1,350,000. Los siete partidos políticos que concurrirán a las elecciones reportan la membresía de, más o menos, un millón de adherentes. En consecuencia, asumiendo, aunque no sea verdad, que todos votarán por su tolda política, lo más importante sería saber ¿Por quién votarán los 350,000 ciudadanos que no están inscritos en partidos?
Con base en lo anterior, encuentro absolutamente desencaminada la proyección de resultados que se construye, a partir de las estimaciones de las preferencias del electorado, para adjudicarle al candidato que hasta ahora, supuestamente terminaría en primer lugar, casi un millón de votos. Ni al partidario más optimista del PRD se le ocurriría esperar que su candidato duplique su votación de las elecciones pasadas.
Para responder al final del título de este comentario, desde ahora le pronostico a todos los encuestólogos que su favorito electoral no superará el medio millón de votos y que el resultado final de las el ecciones será completamente diferente a sus estimaciones, porque dependerá de cómo se repartan los otros 830,000 votos. ¡Y amanecerá y veremos!
Uno de los aspectos que siempre ha llamado mi atención, con respecto a la encuesta de marras, es que todavía no he tenido la oportunidad de conocer a una persona que haya visto, ni de lejos, a uno de los encuestadores. Otro que igualmente me intriga, es la selección y el tamaño de la muestra. Por más científico que se repute el método para escoger a los encuestados, es muy difícil de aceptar que 1,200 personas representen la opinión de 2,000,000. Uso esta cifra, porque de acuerdo a las informaciones que divulga el Tribunal Electoral, es el número estimado de ciudadanas y ciudadanos que podrán sufragar en los próximos comicios.
Las encuestas para medir preferencias electorales son tal vez las más engañosas y nunca serán absolutamente certeras. Su aproximación a la verdad resulta seriamente comprometida, según la oportunidad escogida para realizarlas o por las preguntas que se formulan. Pongo un ejemplo: Desde hace más de un año se viene haciendo a los encuestados la misma pregunta: ¿Si las elecciones fueran hoy, por quién votaría? En primer lugar, las elecciones no eran cuando se preguntó, y tampoco son hoy. En segundo lugar, entre los nombres dados a los encuestados se incluía a la presidenta Moscoso. Esa inclusión, tal vez tuvo algún sentido cuando el entonces mandatario en funciones se empeñaba en reelegirse, pero era absurda e inducía a confusión por el hecho de que la presidenta Moscoso no es candidata y, además, nunca se le ocurrió, como a su predecesor, intentar una aventura semejante.
Siempre he encontrado que las preguntas a los encuestados son esencialmente simples y demuestran poca estimación por las capacidades de los encuestados. Nunca se les pregunta, por ejemplo, cuáles son las razones para escoger a un candidato sobre otro. También me parece que si alguien antes de definir su preferencia electoral, adelanta su membresía partidaria, preguntarle por quién votaría resulta retórico.
Los electores posibles, como ya se ha publicado, son dos millones, pero de acuerdo con la constante de las últimas elecciones más de un 30% de esa cifra no votará, o sea, que los votos válidos pueden estimarse en 1,350,000. Los siete partidos políticos que concurrirán a las elecciones reportan la membresía de, más o menos, un millón de adherentes. En consecuencia, asumiendo, aunque no sea verdad, que todos votarán por su tolda política, lo más importante sería saber ¿Por quién votarán los 350,000 ciudadanos que no están inscritos en partidos?
Con base en lo anterior, encuentro absolutamente desencaminada la proyección de resultados que se construye, a partir de las estimaciones de las preferencias del electorado, para adjudicarle al candidato que hasta ahora, supuestamente terminaría en primer lugar, casi un millón de votos. Ni al partidario más optimista del PRD se le ocurriría esperar que su candidato duplique su votación de las elecciones pasadas.
Para responder al final del título de este comentario, desde ahora le pronostico a todos los encuestólogos que su favorito electoral no superará el medio millón de votos y que el resultado final de las el ecciones será completamente diferente a sus estimaciones, porque dependerá de cómo se repartan los otros 830,000 votos. ¡Y amanecerá y veremos!