Panorama 2004: por acá, no; y por allá, tampoco
En el artículo del pasado 27 de agosto, bajo el título “El presunto y los mangos bajitos”, señalaba las opciones que tuvo el banquero Vallarino una vez pasadas las elecciones de 1999. La primera, era haber reconocido y aceptado que doña Mireya Moscoso lo había derrotado ampliamente, en dos ocasiones, y ofrecerle su respaldo, como un primer paso para tratar de recuperar “sitio” dentro del Partido Arnulfista. Esa era la opción lógica si, como ha quedado demostrado, su aspiración recóndita era ser postulado por este partido en el 2004. La segunda, era haberse metido de lleno al Partido Popular, que le había abierto sus puertas y postulado, después de haber perdido en las primarias arnulfistas, y volver a correr con esa bandera. La tercera, era formar su propio partido.
Lo ocurrido desde las elecciones de 1999, ha demostrado que el aspirante dos veces frustrado nunca consideró consagrarse al Partido Popular ni lanzarse a constituir un nuevo partido. Su única estrategia era, y parece seguir siendo, agarrar los mangos bajitos.
Crear un partido político es cosa muy seria, y también demanda mucha inversión, tanto económica como de esfuerzo personal. Y como, además, es una prueba de fuego que pone en evidencia si sus promotores tienen un verdadero liderazgo, al intentarlo se corre el riesgo de quedar al desnudo, políticamente hablando. Por otra parte, aunque esa era una opción viable hace tres años, hoy es muy remota.
En las circunstancias presentes, y por razón de los plazos electorales, el aspirante de marras ha quedado enfrentado a dos caminos sin futuro: 1) empecinarse en forzar una apertura a sus ilusiones en las toldas arnulfistas, donde bajo elementales reglas de ética política no tiene derecho a pretender que le sirvan en bandeja de plata, por encima de los aspirantes que han hecho méritos por su lealtad y militancia, en las buenas y en las malas. 2) volver a arroparse con la bandera del Partido Popular, donde, por lo que se ve, ya no cuenta con las simpatías de antaño, como lo han dejado en claro sus principales dirigentes. En síntesis, que por acá, no; y por allá, tampoco.
Como expliqué en el artículo “Panorama 2004: Prolegómenos”, publicado el 30 de julio de 2002, a las próximas elecciones concurrirán solamente los siete partidos vigentes: los cuatro que integran la alianza gubernamental: Arnulfista, Molirena, Cambio Democrático y Liberal Nacional; los del Pacto META: PRD y Demócrata Cristiano, ahora denominado Popular; y Solidaridad. Los cuatro primeros y los otros dos, por los vientos que soplan, se mantendrán en sus respectivos acuerdos y tendrán sus candidatos escogidos de entre sus filas. El último, que es el más débil de los siete, recientemente se ha sacudido, eligiendo a su expresidente, suegro del aspirante sin partido, para que vuelva a presidirlo. Y éste, para sorpresa de nadie, y más raudo que saeta, ha ofrecido postular a su yerno.
Recapitulando el panorama, que el aspirante banquero llegue a ser postulado por el Partido Arnulfista pinta tan poco probable como ganarse el gordito del zodíaco. Y si éste no lo postula, tampoco es imaginable que lo haga alguno de sus actuales socios de gobierno. Los demócratas cristianos, en su reencarnación como populares, parecen decididos a mancuernarse con el PRD y a jugarse en esa carta hasta su subsistencia, pero por ahí van las cosas. Si Solidaridad, finalmente, lo que todavía estará por verse, decide concretar la candidatura ofrecida, pocas y, para ser más precisos, muy sombrías son las perspectivas que se vislumbran el horizonte del postulante y del postulado. ¡Amanecerá y veremos!
Lo ocurrido desde las elecciones de 1999, ha demostrado que el aspirante dos veces frustrado nunca consideró consagrarse al Partido Popular ni lanzarse a constituir un nuevo partido. Su única estrategia era, y parece seguir siendo, agarrar los mangos bajitos.
Crear un partido político es cosa muy seria, y también demanda mucha inversión, tanto económica como de esfuerzo personal. Y como, además, es una prueba de fuego que pone en evidencia si sus promotores tienen un verdadero liderazgo, al intentarlo se corre el riesgo de quedar al desnudo, políticamente hablando. Por otra parte, aunque esa era una opción viable hace tres años, hoy es muy remota.
En las circunstancias presentes, y por razón de los plazos electorales, el aspirante de marras ha quedado enfrentado a dos caminos sin futuro: 1) empecinarse en forzar una apertura a sus ilusiones en las toldas arnulfistas, donde bajo elementales reglas de ética política no tiene derecho a pretender que le sirvan en bandeja de plata, por encima de los aspirantes que han hecho méritos por su lealtad y militancia, en las buenas y en las malas. 2) volver a arroparse con la bandera del Partido Popular, donde, por lo que se ve, ya no cuenta con las simpatías de antaño, como lo han dejado en claro sus principales dirigentes. En síntesis, que por acá, no; y por allá, tampoco.
Como expliqué en el artículo “Panorama 2004: Prolegómenos”, publicado el 30 de julio de 2002, a las próximas elecciones concurrirán solamente los siete partidos vigentes: los cuatro que integran la alianza gubernamental: Arnulfista, Molirena, Cambio Democrático y Liberal Nacional; los del Pacto META: PRD y Demócrata Cristiano, ahora denominado Popular; y Solidaridad. Los cuatro primeros y los otros dos, por los vientos que soplan, se mantendrán en sus respectivos acuerdos y tendrán sus candidatos escogidos de entre sus filas. El último, que es el más débil de los siete, recientemente se ha sacudido, eligiendo a su expresidente, suegro del aspirante sin partido, para que vuelva a presidirlo. Y éste, para sorpresa de nadie, y más raudo que saeta, ha ofrecido postular a su yerno.
Recapitulando el panorama, que el aspirante banquero llegue a ser postulado por el Partido Arnulfista pinta tan poco probable como ganarse el gordito del zodíaco. Y si éste no lo postula, tampoco es imaginable que lo haga alguno de sus actuales socios de gobierno. Los demócratas cristianos, en su reencarnación como populares, parecen decididos a mancuernarse con el PRD y a jugarse en esa carta hasta su subsistencia, pero por ahí van las cosas. Si Solidaridad, finalmente, lo que todavía estará por verse, decide concretar la candidatura ofrecida, pocas y, para ser más precisos, muy sombrías son las perspectivas que se vislumbran el horizonte del postulante y del postulado. ¡Amanecerá y veremos!