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Panorama 99: Promesas y demagogias


A tres meses y unos cuantos días de las elecciones del 2 de mayo de 1999, encuentro oportuno dedicar algunos comentarios a prevenir a mis conciudadanos y conciudadanas sobre lo que deberán enfrentar en las decisivas semanas que nos separan de esa fecha.
Según los estimados, a las urnas tendrán derecho a acudir 1,750,000 panameñas y panameños mayores de 18 años, aunque con toda seguridad la concurrencia de votantes no superará el 1,200,000.
El voto es un privilegio y un deber de todos los ciudadanos, pero un buen porcentaje de ellos no lo ejercerá. Esa, desde luego, es una decisión equivocada. Quién no vota, pierde la oportunidad de que su opinión cuente. Y, aparte de descalificarse para futuros reclamos, indirectamente, puede ser el causante de que ganen los peores.
"A los malos gobernantes también los eligen aquellos que no votan".
Y puedo agregar que me parece poco práctico desperdiciar una oportunidad que sólo volverá a tenerse cuando pasen otros cinco años.
Pero dejemos a los que prefieren ausentarse de las urnas, para concentrar nuestra atención en los que sí votarán. A éstos, que asumo sí son conscientes de que tendrán que esperar otros cinco años para volver a votar, precisamente por esa circunstancia, les recomiendo mucho cuidado al decidir su voto.
Las opciones electorales ya están sobre la mesa. Algunos hubieran preferido otras alternativas, según resulta de las últimas encuestas realizadas, pero como esas no existen también ellos tendrán que escoger entre las que hay.
La candidatura oficialista no debiera engañar a nadie. Ella es el continuismo perredista, con todas sus lacras y con todas las consecuencias que ya hemos experimentado durante la desastrosa gestión gubernamental que todavía tendremos que sufrir por otros siete meses y medio.
Como el papel aguanta lo que sea y la palabra hablada sólo tiene testigos circunstanciales, debemos prepararnos para los elogios desbordados de los corifeos oficialistas, que volverán con sus promesas a pintar de colores el futuro del país, como si no fueran ellos los responsables de la pobreza y miseria que padece la mitad de la nación panameña.
Esas promesas, que podrán inscribirse en la antología universal de la demagogia política, están encaminadas a confundir, especialmente al electorado más joven, que por su edad no tiene recuerdos de las hazañas pasadas del PRD y que no ha recibido de la oposición las explicaciones sencillas y efectivas que le servirían para escoger con los ojos más abiertos.
Durante la campaña de 1994, a los sectores opositores les faltó contundencia para denunciar los antecedentes del "glorioso" partido y ese error se pagó caro.
Ahora, aprendida la lección no se debe repetir el error. El discurso de la oposición, la verdadera oposición, no debe escatimar a la hora de señalar los desafueros del actual gobierno. Que no se quede una sola trapisonda sin ser denunciada. Que se abandone la tibieza y las cosas se llamen por su nombre, dentro de los márgenes de una campaña de altura, pero sin hacer concesiones.
Pero en la contienda próxima también estará presente el factor distorsionante que representa "la otra candidatura" de oposición. El "señor tercero" es una versión más sutil de la demagogia política, supuestamente disfrazada de preocupación por el destino de los pobres.
Así como el PRD nunca se ocupó de ellos, tampoco lo hará el "señor millones". Su proyecto y su demagógico desvelo por los humildes, cuya existencia recién acaba de descubrir, está diseñado para restarle votos a la verdadera oposición y allanarle el camino al sector oficialista. Así de simple es la cosa y así hay que calificarla, también sin concesiones.
Las elecciones de 1994, las primeras verdaderamente democráticas en muchas décadas, propiciaron el surgimiento de siete candidaturas entre las cuales se coló el PRD para volver al poder. En las elecciones de 1999 debe cerrarse toda posibilidad de que esa alternativa nefasta pueda perpetuarse.
Y para evitarlo debemos, por un lado, desnudar la demagogia oficialista, y por el otro, alertar contra los seudo oposicionistas.

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