Panorama electoral en EU
En uno de esos alardes de candor político que caracterizan la gesta del Presidente de Estados Unidos (EU), George Bush, éste utiliza los últimos días de su mandato para congraciarse todavía más con sus fieles políticos: la pequeña empresa y la alta burguesía.
Este fue el propósito por el cual firmó un dramático decreto-ley reduciendo radicalmente las tasas de impuestos a las empresas, aumentando así las probabilidades de abultar más la deuda pública.
Las críticas no se hicieron esperar; viniendo no solamente de los demócratas sino también de muchos republicanos.
Por su lado, aunque el candidato demócrata John Kerry acusa sin vueltas a su rival de defender a los ricos en detrimento de los pobres, Bush actúa como si no se diera por aludido.
A su vez, el presidente ataca a Kerry calificándolo de izquierdista y oportunista, carente, según Bush, de posibilidades para financiar los programas sociales que propone.
Son ejemplos de una característica básica de esta campaña: una formidable polarización ideológica.
Como bien observa Ana Barón, la veterana periodista de Clarin de Buenos Aires: "No hubo medias tintas, ni ejercicios de moderación para conquistar el voto de los indecisos o de los independientes, como habían predicho muchos analistas. Todo el esfuerzo estuvo puesto en movilizar a las bases de los respectivos partidos".
Todos los observadores concuerdan que desde hace tres décadas que no había en Estados Unidos una elección tan polarizada.
Las dos últimas elecciones con posiciones radicalmente contrapuestas fueron en 1972: Richard Nixon contra George McGovern, y la de 1964, cuando Lyndon Johnson se enfrentó al ultraconservador Barry Goldwater.
En 1964, en el contexto de la "Great Society", Johnson propuso durante su campaña una serie de programas sociales que el conservador Goldwater calificó de socializantes y comunistas.
Ya en esa época, Goldwater quería privatizar la jubilación y estaba a favor de bombardear Vietnam del Norte.
En 1972, Nixon encaminó su estrategia para conquistar el sur de Estados Unidos, que en ese entonces era demócrata, acusando a McGovern de extremista "pro drogas y pro aborto".
La radicalización hoy de la campaña electoral se origina en el sombrío antecedente de los comicios de 2000. Al Gore ganó el sufragio popular, pero gracias a un voto en la Corte Suprema, Bush logró imponerse en Florida, lo que le permitió ganar una mayoría de electores en el Colegio Electoral.
El profesor de gobierno de la American University, Richard Semiatin, le dijo a Clarín que "la elección fue tan pareja, que ambos partidos decidieron en ese momento que lo más importante en las próximas elecciones sería movilizar a sus bases para que salgan a votar".
A eso se le sumaron luego los atentados del 11 de Septiembre.
En el 2000, tanto Bush como Al Gore adoptaron estrategias electorales muy moderadas para no espantar a los votantes indecisos e independientes. Bush hablaba de conservadurismo con compasión y quería darle prioridad a la relación de Estados Unidos con México.
Los atentados, sin embargo, alimentaron el lado más mesiánico y conservador de Bush. Sus políticas fueron mucho más polarizadoras. Afloró el "están conmigo o con ellos", a nivel de la política exterior y de la doméstica.
Eso radicalizó el discurso también del lado demócrata. El efecto ha sido de un mayor debate y un incremento del compromiso político popular.
Los analistas coinciden en que la participación electoral será más elevada que nunca.
Este fue el propósito por el cual firmó un dramático decreto-ley reduciendo radicalmente las tasas de impuestos a las empresas, aumentando así las probabilidades de abultar más la deuda pública.
Las críticas no se hicieron esperar; viniendo no solamente de los demócratas sino también de muchos republicanos.
Por su lado, aunque el candidato demócrata John Kerry acusa sin vueltas a su rival de defender a los ricos en detrimento de los pobres, Bush actúa como si no se diera por aludido.
A su vez, el presidente ataca a Kerry calificándolo de izquierdista y oportunista, carente, según Bush, de posibilidades para financiar los programas sociales que propone.
Son ejemplos de una característica básica de esta campaña: una formidable polarización ideológica.
Como bien observa Ana Barón, la veterana periodista de Clarin de Buenos Aires: "No hubo medias tintas, ni ejercicios de moderación para conquistar el voto de los indecisos o de los independientes, como habían predicho muchos analistas. Todo el esfuerzo estuvo puesto en movilizar a las bases de los respectivos partidos".
Todos los observadores concuerdan que desde hace tres décadas que no había en Estados Unidos una elección tan polarizada.
Las dos últimas elecciones con posiciones radicalmente contrapuestas fueron en 1972: Richard Nixon contra George McGovern, y la de 1964, cuando Lyndon Johnson se enfrentó al ultraconservador Barry Goldwater.
En 1964, en el contexto de la "Great Society", Johnson propuso durante su campaña una serie de programas sociales que el conservador Goldwater calificó de socializantes y comunistas.
Ya en esa época, Goldwater quería privatizar la jubilación y estaba a favor de bombardear Vietnam del Norte.
En 1972, Nixon encaminó su estrategia para conquistar el sur de Estados Unidos, que en ese entonces era demócrata, acusando a McGovern de extremista "pro drogas y pro aborto".
La radicalización hoy de la campaña electoral se origina en el sombrío antecedente de los comicios de 2000. Al Gore ganó el sufragio popular, pero gracias a un voto en la Corte Suprema, Bush logró imponerse en Florida, lo que le permitió ganar una mayoría de electores en el Colegio Electoral.
El profesor de gobierno de la American University, Richard Semiatin, le dijo a Clarín que "la elección fue tan pareja, que ambos partidos decidieron en ese momento que lo más importante en las próximas elecciones sería movilizar a sus bases para que salgan a votar".
A eso se le sumaron luego los atentados del 11 de Septiembre.
En el 2000, tanto Bush como Al Gore adoptaron estrategias electorales muy moderadas para no espantar a los votantes indecisos e independientes. Bush hablaba de conservadurismo con compasión y quería darle prioridad a la relación de Estados Unidos con México.
Los atentados, sin embargo, alimentaron el lado más mesiánico y conservador de Bush. Sus políticas fueron mucho más polarizadoras. Afloró el "están conmigo o con ellos", a nivel de la política exterior y de la doméstica.
Eso radicalizó el discurso también del lado demócrata. El efecto ha sido de un mayor debate y un incremento del compromiso político popular.
Los analistas coinciden en que la participación electoral será más elevada que nunca.