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Panorama político panameño


Todo indica que en las próximas fechas el escenario político sufrirá de un recalentamiento, producto de las aspiraciones de las figuras que hoy marcan más oportunidades para ocupar los cargos de mayor relevancia en el país. Mucho falta por hacer, hasta concretar una base sólida sobre el cual cimentar estas metas presidenciales.
Se puede ponderar la participación del señor Ricardo Martinelli, empresario del medio que ha logrado un notable desarrollo con sus empresas en un mercado de oligopolio. Por otra parte, se destaca la desaparición en el tinglado político del Ing. Alberto Vallarino, desgastado en sus más caras aspiraciones y con él, los sueños de sus más allegados prosélitos. Este acontecimiento nos indica que hoy el capital no tiene representación en la presente contienda electoral.
No faltará que alguno de los presidenciales se autodenomine como el representante del capital. Esto sería negativo para cualquiera que aspire a las más altas magistraturas del país. ¡Sí mis hermanos!, pienso que en Panamá vale la pena hacerse pasar por pobre. Las consideraciones huelgan. Muchos concuerdan en que los principales problemas del país son el desempleo y la pobreza. La falta de empleos desemboca o deriva en la pobreza.
La pobreza está atada a la falta de educación, fe, esperanzas y oportunidades, etc. La falta de inversiones y la reducción de la velocidad con que circula el dinero, son factores de atascamiento y no de crecimiento. Los paliativos en forma de canasta básica de alimentos con que los políticos suplen a las mayorías son una ayuda, pero no resuelven el problema de la pobreza.
El pensador chino ya lo explicó hace mucho tiempo: " Dale un pescado a un hombre y le resolverás su problema por un día, enséñale a pescar y resolverás su problema para toda la vida". Otros iluminados, como la madre Teresa de Calcuta, recomiendan que a las personas pobres hay que enseñarles a ganarse la vida de la manera más decorosa.
Esta nación tiene un potencial enorme que hoy se está redescubriendo a través de sus mentes más despiertas. Es sobre las espaldas de los individuos más honestos y responsables sobre las cuales podremos cifrar algunas esperanzas hacia el futuro, en el plano político, económico o social.
De nada nos sirve tener el Canal, estar en la vanguardia en puertos, muchos parques forestales, ser ponderados en el exterior como excelentes en la producción de frutales: melones y sandías; ser los primeros en ricas especies: la flora y la fauna; tener costas en ambos mares, poseer altos índices de cobertura en la educación primaria y secundaria, tener un bajo porcentaje de analfabetas, etc. El progreso de un país depende de los pensamientos de la gente.
Creo que después de mucho cavilar, llegaremos a las mismas conclusiones. Si nos remontamos al pasaje de Moisés en la Biblia, en el libro de Éxodo, podemos ver que él, por instrucciones Dios, acercó su mano a su corazón, y cuando la retiró estaba llena de lepra - enfermedad hereditaria, contagiosa e inmunda en Egipto y la India antigua y todavía existe. Para poder rescatar a los israelitas de la esclavitud de los egipcios, Moisés debía curarse de toda su lepra. Para suavizar la expresión, diría que debemos ser consientes de dónde cojeamos; es decir, cuáles son nuestros pensamientos. A este ejercicio, los sociólogos de hoy día lo llamarían una catarsis social, o sea un proceso de depuración del individuo. Se entiende que en éste hay que atravesar por sucesivas etapas hasta consolidarse como un individuo sano, prudente y responsable. San Pablo apóstol, reduce ese pensamiento en la expresión siguiente: "Transformaos mediante la renovación de vuestro entendimiento". Pienso que creía que al hombre le era posible transformar o polarizar toda esa suerte de pensamientos dañinos por aquellos inmediatamente más cercanos a la virtud, la tolerancia, el afecto, la comprensión, el amor al prójimo, y la búsqueda de Dios en todas sus manifestaciones.
Centrándonos en nuestras realidades, podemos tener presidentes honestos, sanos, trabajadores y responsables, pero qué pasa con los enemigos de la honestidad y de la decencia, que por cierto los contamos entre centenares en este país. Tendremos que entrenar gatos, mangostas o pescadores para que nos libren de las ratas, serpientes y tintoreras que sólo viven esperando la oportunidad de saquear los tesoros del Panamá de hoy.
De todas formas este es el juego. O se impone el reinado de la mediocridad y la vulgaridad, o se levanta la fuerza de la razón, del conocimiento; el respeto al prójimo, al país con todos sus gobernantes y hacia nuestros antepasados que defendieron esta tierra y nos la legaron para vivir en ella de manera solidaria, conveniente y pacífica.

101 años de Panamá América

 
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