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Pantaleón Henríquez Bernal


Para mí, Pantaleón Henríquez Bernal fue una bendición durante los años que ocupé el cargo de Ministro de Comercio e Industrias. Su trabajo en el ministerio, como jefe de relaciones públicas, lo entendió y lo tomó seriamente, cosa que no hacía consigo mismo. Su infalible ingenio, buen sentido de humor y la habilidad para contar historias eran el producto de su origen interiorano, así como lo era su confianza en sí mismo y su determinación.
Nunca olvidaré la lección que me dio un día en que le pareció que estaba contrariado. Vino a mi oficina, se sentó frente a mi escritorio y me dijo -casi lo puedo repetir al pie de la letra- "apréndase esto que ha sido un credo para mí, cada día es un nuevo comienzo -una oportunidad para estar contento y optimista y, quizás aún más importante, una oportunidad para llevar felicidad y esperanza a otros que nos rodean- ya sea que estos formen parte de nuestra familia más cercana, vecinos, compañeros de trabajo, o las muchas personas que llegan a pedir consejo o asistencia". No sé de dónde las había sacado, pero esas palabras me proporcionaron una mejor idea del papel que me toca desempeñar en la vida.
Cuando Pantaleón llegó al ministro, ya había sido Diputado a la Asamblea Nacional, además de haber ganado un gran prestigio como radiocomentarista fogoso, inteligente y respetuoso, profesión ésta que le había proporcionado un liderazgo a través de su ejemplo.
Esos años previos a la llegada al Ministerio, le dieron la experiencia de cómo manejarse en el campo político, algo en lo cual yo era un neófito y frente al cual sentía una profunda aprensión. Con su ejemplo, aprendí que la política era algo noble en la cual debíamos involucrarnos, porque las peleas que estábamos librando, muchas veces frustrantes, eran importantes y que nosotros podíamos hacer una contribución, y que teníamos que seguir esforzándonos para hacer mejor las cosas.
A Pantaleón se le debe el éxito de que un ministerio que era apenas un recién nacido, ganase rápidamente el aprecio y el respeto de la comunidad, pero eso requirió de trabajo duro y gran dedicación de tiempo.
Yo les puedo asegurar que fue un trabajador extraordinario, por su familia, sus amigos, su comunidad, su amada provincia de Los Santos y su país. Creo que si los que lo conocimos, le hubiésemos preguntado cómo quería ser recordado, hubiese utilizado las mismas palabras de Sir Lawrence Oliver cuando le hicieron esa pregunta y dijo:
222Con su partida, Pantaleón, se está llevando lo único que una persona se puede llevar de este mundo, su buen nombre y reputación, y por esto recibirá un juicio generoso.
"Deseo que la gente me recuerde como un diligente... trabajador experto... Yo creo que un poeta es un trabajador... Yo creo que Shakespeare fue un trabajador. Y Dios es un trabajador. No pienso que haya nada mejor que un trabajador".
Me siento muy orgulloso de afirmar que, a pesar de que no siempre coincidíamos con respecto a las soluciones a los problemas de relaciones públicas del ministerio, el reconocimiento fundamental de que nuestro objetivo de mantener en el más alto nivel de satisfacción las relaciones con el resto del Ejecutivo, el Legislativo, los productores, los importadores, distribuidores y consumidores con los funcionarios del ministerio, los medios de comunicación y el público en general era mucho más importante que la decisión de una persona en cuanto a la mejor avenida u otra decisión que podría ser una avenida que algunos de nosotros podíamos seguir.
Con su partida, Pantaleón, se está llevando lo único que una persona se puede llevar de este mundo, su buen nombre y reputación, y por esto recibirá un juicio generoso. Pantaleón fue una persona importante para mí, un amigo de esos que no pueden ser reemplazados en nuestros corazones y en nuestras mentes, quien hecho mucho de menos y que continuaré hechando de menos. Mi más sentido pésame para sus familiares.

101 años de Panamá América

 
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