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Pantalla chica, desafíos grandes


Una reciente encuesta nacional encontró que niños y adolescentes pasan entre 3 y 4 horas diarias frente a un televisor, y los adultos mayores de 46 pasan aún más tiempo que ellos, con la diferencia que son personas que por su edad deben tener criterios formados. Sería interesante saber con más exactitud los programas que ven o prefieren los niños y adolescentes en Panamá, pues en los EE.UU. se calcula que los niños entre 3 y 12 años que permanecen seis horas diarios promedio frente a la TV, y por los programas que ven al llegar a los 13 años han visto morir a 14 mil personas en la pantalla chica. Al alcanzar los 18 años un joven ha pasado ya 15 mil horas frente a un televisor acumulando un total de 21 mil de crímenes, violaciones, abusos y robos.

Las cuñas comerciales de más inversión e impacto entre las primeras diez contienen tres elementos negativos a la salud pública: productos alcohólicos (cerveza) cuya publicidad destaca la esfera juvenil; los casinos que promueven el juego y se asocian también con consumo alcohólico y otras prácticas; y las comidas rápidas muy criticadas como comida chatarras por no ser apropiadas para dietas sanas. La pregunta es ¿Cómo se permite esto?

Un elemento interesante y positivo es el peso de los programas de producción nacional (humor, bailes, noticias) o que involucran equipos nacionales (deportes) que igualan y superan las telenovelas enlatadas y películas de gran mercado. Se trata posiblemente de un público que busca reconocerse en la pantalla en construcción de identidad pero habría que preguntarse sobre la necesidad de incrementar la calidad de los programas, y estimular la recepción de los canales educativos (5 y 11).

Las familias de 4 personas promedio poseen dos televisores, lo que marca el impacto creciente de la TV especialmente al diversificar el consumo, pues ya toda la familia no ve el mismo aparato, que era a veces el único momento de socialización familiar en muchos hogares.

"La culpa no es del cuchillo sino del asesino" expresa Eduardo Galeano al referirse a los medios de comunicación, consignando que el medio no es solo el cuestionable sino más bien quienes determinan los mensajes que se transmiten por el diario, la revista, el televisor o el receptor radial. Es necesario reconocer la enorme responsabilidad que tienen tanto los anunciantes que auspician esos mensajes, los comunicadores que los manejan y el público receptor muchas veces atrapado entre la pasividad, la indiferencia y el conformismo.

Solo una coalición de los mejores esfuerzos pueden ayudarnos a mejorar la presencia de los medios logrando casar entretenimientos, información con orientación y conciencia. Esto requiere por una parte estímulos, refuerzos positivos y de ser necesario presión ciudadana para lograr que anunciantes y comunicadores impulsen una articulación que logra un salto de calidad tanto en las programaciones televisivas y radiales, como en los medios escritos. Por otra parte es urgente impulsar la educación o lectura crítica de los medios de comunicación que permita una mayor capacidad de discernimiento frente a ellos, por parte de receptores pasivos que deben convertirse cada vez más en perceptores activos.

(raulleisr@hotmail.com)

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