Pantalones largos para el Tribunal Electoral
Mucho tiempo ha pasado desde 1989 cuando el Tribunal Electoral (TE) anuló las elecciones generales de aquella difícil época, y con ello privó a todo un pueblo de su derecho democrático de elegir a sus gobernantes. A partir de esa controversial transición, se ha dado una completa renovación de los valores de la institución, desde su organización interna hasta su reglamentación, incluyendo una total reestructuración de su activo más importante, el cual es el recurso humano.
Hombres y mujeres probos, han mejorado y reforzado los conceptos de transparencia y libertad.
Próximos a una nueva elección que definirá los destinos de nuestra nación por todo un lustro, se abre el compás para evaluar la participación del precitado ente del gobierno, el cual ha sido objeto de críticas, algunas merecidas y otras un tanto injustificadas. Independiente de las premisas emuladas por amigos y detractores, el resultado es que a lo largo de sus responsabilidades se ha permitido que todos los presidentes de estos últimos tiempos cumplan su período constitucional, y a la vez gestionen el traspaso del poder de la misma forma como lo recibieron, en otras palabras, practicando democracia, que aunque incipiente, está alcanzando su estado de madurez con cada prueba que se le presenta.
Un sector de la sociedad considera que el Tribunal Electoral (TE) debe ser un poder independiente dentro del engranaje del Estado, con autonomía operacional y financiera, para que no sea objeto de manipulaciones y restricciones presupuestarias; cada vez que se le antepone un proceso de elecciones, se convierte en garantes del clamor de las masas.
En los años recientes el TE ha superado diversas crisis, como lo fueron la falsificación de las cédulas y la mermada credibilidad frente a los partidos políticos y la ciudadanía.
El procedimiento de escrutinio ha ido evolucionando acorde a los avances tecnológicos, al punto que se dejará de utilizar la tinta indeleble, la cual era un mecanismo de seguridad que impedía la doble emisión del voto, incursionando de igual forma en nuevas tendencias internacionales como lo es el sufragio electrónico.
Aunque estos cambios se den, aún el votante está escéptico, pues las modificaciones a patrones acostumbrados siempre conllevan un período de prueba para lograr su aceptación, que dependerá del nivel que logren para mantenerse imparciales, de lo contrario la historia los juzgará y sancionará.
Al final del camino, lo perenne es la necesidad de un pueblo que aspira a vivir en un ambiente de paz; por lo tanto, aunque el apoyo técnico es una herramienta imprescindible, recae desde los tres magistrados hasta los niveles menores de ejecución, que tengan clara su misión y sean guía, y ejemplo de conducta para el resto de los miembros de esta nación, apoyándose en preceptos de derecho que encaucen el deber ser en la búsqueda constante del progreso sostenido.
No se puede trabajar sólo al nivel de cumplir lo esperado, hay que superar las expectativas. La tarea no termina cuando se proclama al candidato electo, continúa hasta su instalación formal en el mes de septiembre e inclusive después, ya que en todo este período los funcionarios, que son la columna vertebral de esta institución, deben calar en la conciencia del pueblo para lograr el bien común, como lo señalara Cesar Cantú "los esfuerzos individuales nos traerán el progreso general".
A pesar de haber logrado grandes avances, todavía quedan muchos retos por delante. Es imprescindible, en consecuencia, que la ciudadanía esté pendiente de quiénes serán los que en el 2006 ocupen las posiciones más altas de esta augusta jurisdicción. Mientras tanto, los actuales deben promover el debate sobre el desmesurado aumento de las cantidad de curúles legislativas en un país tan pequeño y pobre como el nuestro, inclusive contemplar modificaciones en la forma como se cuentan los votos en los circuitos plurinominales, donde los partidos que alcanzan el cuociente logran doble escrutinio con el residuo; determinar la necesidad real de dos vicepresidentes y suplentes para legislador.
En otras palabras, todavía hay mucho por hacer y en la medida que sean individuos honestos y verticales, de esa misma forma las propuestas de cambio serán mejor aceptadas por todos los miembros de esta sociedad.
Ir madurando conlleva mayores exigencias; es nuestro derecho demandar que los actos vayan acorde a dicha responsabilidad. Por esta razón, con la primera elección de este mileno sobre sus espaldas, ha llegado el momento de demostrar que el Tribunal Electoral se ha ganado el mérito de ponerse los pantalones largos.
Hombres y mujeres probos, han mejorado y reforzado los conceptos de transparencia y libertad.
Próximos a una nueva elección que definirá los destinos de nuestra nación por todo un lustro, se abre el compás para evaluar la participación del precitado ente del gobierno, el cual ha sido objeto de críticas, algunas merecidas y otras un tanto injustificadas. Independiente de las premisas emuladas por amigos y detractores, el resultado es que a lo largo de sus responsabilidades se ha permitido que todos los presidentes de estos últimos tiempos cumplan su período constitucional, y a la vez gestionen el traspaso del poder de la misma forma como lo recibieron, en otras palabras, practicando democracia, que aunque incipiente, está alcanzando su estado de madurez con cada prueba que se le presenta.
Un sector de la sociedad considera que el Tribunal Electoral (TE) debe ser un poder independiente dentro del engranaje del Estado, con autonomía operacional y financiera, para que no sea objeto de manipulaciones y restricciones presupuestarias; cada vez que se le antepone un proceso de elecciones, se convierte en garantes del clamor de las masas.
En los años recientes el TE ha superado diversas crisis, como lo fueron la falsificación de las cédulas y la mermada credibilidad frente a los partidos políticos y la ciudadanía.
El procedimiento de escrutinio ha ido evolucionando acorde a los avances tecnológicos, al punto que se dejará de utilizar la tinta indeleble, la cual era un mecanismo de seguridad que impedía la doble emisión del voto, incursionando de igual forma en nuevas tendencias internacionales como lo es el sufragio electrónico.
Aunque estos cambios se den, aún el votante está escéptico, pues las modificaciones a patrones acostumbrados siempre conllevan un período de prueba para lograr su aceptación, que dependerá del nivel que logren para mantenerse imparciales, de lo contrario la historia los juzgará y sancionará.
Al final del camino, lo perenne es la necesidad de un pueblo que aspira a vivir en un ambiente de paz; por lo tanto, aunque el apoyo técnico es una herramienta imprescindible, recae desde los tres magistrados hasta los niveles menores de ejecución, que tengan clara su misión y sean guía, y ejemplo de conducta para el resto de los miembros de esta nación, apoyándose en preceptos de derecho que encaucen el deber ser en la búsqueda constante del progreso sostenido.
No se puede trabajar sólo al nivel de cumplir lo esperado, hay que superar las expectativas. La tarea no termina cuando se proclama al candidato electo, continúa hasta su instalación formal en el mes de septiembre e inclusive después, ya que en todo este período los funcionarios, que son la columna vertebral de esta institución, deben calar en la conciencia del pueblo para lograr el bien común, como lo señalara Cesar Cantú "los esfuerzos individuales nos traerán el progreso general".
A pesar de haber logrado grandes avances, todavía quedan muchos retos por delante. Es imprescindible, en consecuencia, que la ciudadanía esté pendiente de quiénes serán los que en el 2006 ocupen las posiciones más altas de esta augusta jurisdicción. Mientras tanto, los actuales deben promover el debate sobre el desmesurado aumento de las cantidad de curúles legislativas en un país tan pequeño y pobre como el nuestro, inclusive contemplar modificaciones en la forma como se cuentan los votos en los circuitos plurinominales, donde los partidos que alcanzan el cuociente logran doble escrutinio con el residuo; determinar la necesidad real de dos vicepresidentes y suplentes para legislador.
En otras palabras, todavía hay mucho por hacer y en la medida que sean individuos honestos y verticales, de esa misma forma las propuestas de cambio serán mejor aceptadas por todos los miembros de esta sociedad.
Ir madurando conlleva mayores exigencias; es nuestro derecho demandar que los actos vayan acorde a dicha responsabilidad. Por esta razón, con la primera elección de este mileno sobre sus espaldas, ha llegado el momento de demostrar que el Tribunal Electoral se ha ganado el mérito de ponerse los pantalones largos.