Para algo sirve la justicia
DISPUSE PINTAR de color celeste, aproximándose al gris, una de las paredes de mi oficina. Como muchos creyeron que el día 15 de agosto, fecha en que recordamos la fundación de la Ciudad de Panamá, llamada La Vieja, era libre para "todo el mundo", entre ellos mi secretaria, quien se ausentó de su trabajo, creí conveniente hacerlo en horas de la tarde de ese día. Me acompañó para tal propósito mi esposa, quien se jacta de "saber pintar y de ver programas de cómo pintar una casa o una oficina". En realidad, más me complació su dulce compañía que su destreza para pintar, aunque admito que sabe hacerlo.
Les participo que en mi despacho tengo una estatua de la Dama de la Justicia. Es de color bronce antiguo, finamente tallada, de curvas exóticas, de sensuales pechos medios salientes, con uno de sus sensuales muslos exhibidos a la imaginación. La estatua tiene como un metro y medio de altura. Moviendo y quitando cuadros, fotos, diplomas, etc.; en fin, ustedes se imaginan toda la actividad que implica "pintar" con brocha gorda, mi esposa advirtió que una cortina impedía maniobrar el rolo y, por consiguiente, demandaba de mí que la apartara o que encontrara algo para sostenerla de modo que no rozara con la pared.
Busqué y no encontré nada útil que cumpliera con lo requerido por mi amantísima mujer. No obstante, en la búsqueda afanosa, observé a la Dama de la Justicia, la miré fijamente, me aproximé a ella y sin consultarla ni pedirle permiso, la levanté con mis brazos, la apreté contra mi pecho, entre tanto ella permanecía estática, fría; ¡cómo pesaba esa señora!, prácticamente no se dejaba levantar, pesaba más que un muerto de varios días; utilicé todas mis fuerzas, hasta que por fin pude desplazarla hasta ponerla nuevamente en el piso y con su espada la Dama de la Justicia pudo sostener la cortina. Dije a mi compañera: "! Vaya, para algo sirve la Justicia ¡". Mi esposa, sin hacer comentario alguno, reventó en risas, en puras carcajadas. Reía casi inconteniblemente, sin parar. Yo no lograba comprender la causa de su risotada. Pero ella, puestas sus manos en el vientre como queriendo contener la risa, me miraba y con el dedo índice de su mano derecha, por momentos, señalaba a la Dama de la Justicia. Yo remiraba a la Justicia y sólo avisaba en ella frialdad, indiferencia, poco importa, ni siquiera participaba de la alegría candorosa de mi compañera, parecía imperturbable, poco importa. Por el contrario, mantenía la espada en alto, a punto de lanzar el sablazo, de herir, cortar, fustigar, matar, de actuar. En la balanza no había nada que pesar, estaba vacía, como a la espera de equilibrar algo.
Hasta que por fin mi esposa dejó de reír y yo, haciéndome parte de la fiesta, de la algarabía, poniendo mis manos sobre sus finos hombros dije: "A qué se debe tanta risa?". Yamileth contestó: "Eso que dijiste, que "para algo sirve la Justicia".
Sonreí también, pero me quedé meditando en lo dicho: "Para algo sirve la Justicia". Parecía algo jocoso, cómo de lo ordinario, al parecer de muchos, tal vez haya dicho una gran verdad. ¿Será que la Justicia realmente sirve para algo?
Si la Justicia existe, ¿será cierto que tiene cuerpo de mujer sensual, esbelta, exuberante, exótica, provocativa y al mismo tiempo fría, indiferente, implacable, equilibrada? Personalmente no creo que sea así. Los griegos, en la Antigüedad, la pensaron y tenían una deidad a la cual llamaban Temis: ella era la diosa de la Justicia, dueña del buen juicio, del recto parecer, del juzgamiento incuestionado y aceptado. Sus palabras, sus sentencias, son inexorables, como el destino. San Agustín prefería hablar de "la cosa justa en sí misma"; decía que existía la "ipsa res iusta". Si esto es así, debemos confesar que la Justicia sólo existe allí en donde hay hombres y mujeres justos. Luego, somos los hombres los que hacemos que la Justicia exista, que ella sea vivificada a través de actos que traduzcan materialidad de justicia. Sin embargo, los llamados a ser justos ante el juicio o el proceso, por voluntad del Estado y de la Ley, son los que han sido instituidos como Jueces y Magistrados de la República. Ellos y tan solamente ellos pueden encaminar el sendero por donde pueda transitar la Justicia.
La Justicia no es caprichosa sino racional; no es soberbia sino humilde; no reposa en ella la mentira sino la verdad; no es ella jactanciosa, por el contrario es de origen noble; es enemiga de la altivez y está en guerra permanente con la vanidad; no pone obstáculos en su dictamen o parecer sino que hace suyo el libre acceso de todos en un plano de absoluta igualdad.
La Justicia no hace acepción de personas, sino que a todos mira como iguales. En verdad que si creyéramos en la Justicia y la apretáramos fuertemente en nuestro pecho, la abrazáramos como una amiga o hermana, sin ponerla en el piso, podríamos decir que "La Justicia sirve para mucho". Sirve para que cosechemos en épocas de sequía de rectitud, frutos de verdad y de amor; sirve para que en el desierto de la injusticia sembremos semillas de buen juicio; sirve para que en los sequedales de la prepotencia se filtre el néctar de la humildad y la nobleza de espíritu.
Gabriela Rojas, jefa de Seguridad y Salud en el Trabajo del Ministerio de Trabajo, explicó a Panamá América que la Comisión Tripartita desde de marzo, inició con la creación de sub comisiones que están viendo las partes técnicas del reglamento de seguridad en las construcciones.
La sub comisión que está evaluando el tema de higiene y protección personal, culminó hace unas semanas, dijo Rojas.
"En estos momentos, las comisiones están evaluando los temas de excavación, espacio curtinado, radiación idionixante y no idionixante, los trabajo en altura y la proteccion contra caídas.
Andrés Espinoza: "No están cumpliendo con las medidas de seguridad ni los dueños ni el trabajador. Se han dado mucho accidentes feos."
Juan Flores: "Debe haber más seguridad en las construcciones, deben usar cinturones y la compañia brindarle el equipo de seguridad necesario para que no se den más accidentes".
Rogelio Gaitán: "Yo soy carpintero y soy constructor, pero lo que deben hacer es darle charla a los muchachos que empiezan para que se cuiden.
Bosco Lasso: "Debe haber más seguridad, se han dado mucho casos de muertos y no creo que estén haciendo nada para solucionar y evitar más accidentes en las construcciones.
Les participo que en mi despacho tengo una estatua de la Dama de la Justicia. Es de color bronce antiguo, finamente tallada, de curvas exóticas, de sensuales pechos medios salientes, con uno de sus sensuales muslos exhibidos a la imaginación. La estatua tiene como un metro y medio de altura. Moviendo y quitando cuadros, fotos, diplomas, etc.; en fin, ustedes se imaginan toda la actividad que implica "pintar" con brocha gorda, mi esposa advirtió que una cortina impedía maniobrar el rolo y, por consiguiente, demandaba de mí que la apartara o que encontrara algo para sostenerla de modo que no rozara con la pared.
Busqué y no encontré nada útil que cumpliera con lo requerido por mi amantísima mujer. No obstante, en la búsqueda afanosa, observé a la Dama de la Justicia, la miré fijamente, me aproximé a ella y sin consultarla ni pedirle permiso, la levanté con mis brazos, la apreté contra mi pecho, entre tanto ella permanecía estática, fría; ¡cómo pesaba esa señora!, prácticamente no se dejaba levantar, pesaba más que un muerto de varios días; utilicé todas mis fuerzas, hasta que por fin pude desplazarla hasta ponerla nuevamente en el piso y con su espada la Dama de la Justicia pudo sostener la cortina. Dije a mi compañera: "! Vaya, para algo sirve la Justicia ¡". Mi esposa, sin hacer comentario alguno, reventó en risas, en puras carcajadas. Reía casi inconteniblemente, sin parar. Yo no lograba comprender la causa de su risotada. Pero ella, puestas sus manos en el vientre como queriendo contener la risa, me miraba y con el dedo índice de su mano derecha, por momentos, señalaba a la Dama de la Justicia. Yo remiraba a la Justicia y sólo avisaba en ella frialdad, indiferencia, poco importa, ni siquiera participaba de la alegría candorosa de mi compañera, parecía imperturbable, poco importa. Por el contrario, mantenía la espada en alto, a punto de lanzar el sablazo, de herir, cortar, fustigar, matar, de actuar. En la balanza no había nada que pesar, estaba vacía, como a la espera de equilibrar algo.
Hasta que por fin mi esposa dejó de reír y yo, haciéndome parte de la fiesta, de la algarabía, poniendo mis manos sobre sus finos hombros dije: "A qué se debe tanta risa?". Yamileth contestó: "Eso que dijiste, que "para algo sirve la Justicia".
Sonreí también, pero me quedé meditando en lo dicho: "Para algo sirve la Justicia". Parecía algo jocoso, cómo de lo ordinario, al parecer de muchos, tal vez haya dicho una gran verdad. ¿Será que la Justicia realmente sirve para algo?
Si la Justicia existe, ¿será cierto que tiene cuerpo de mujer sensual, esbelta, exuberante, exótica, provocativa y al mismo tiempo fría, indiferente, implacable, equilibrada? Personalmente no creo que sea así. Los griegos, en la Antigüedad, la pensaron y tenían una deidad a la cual llamaban Temis: ella era la diosa de la Justicia, dueña del buen juicio, del recto parecer, del juzgamiento incuestionado y aceptado. Sus palabras, sus sentencias, son inexorables, como el destino. San Agustín prefería hablar de "la cosa justa en sí misma"; decía que existía la "ipsa res iusta". Si esto es así, debemos confesar que la Justicia sólo existe allí en donde hay hombres y mujeres justos. Luego, somos los hombres los que hacemos que la Justicia exista, que ella sea vivificada a través de actos que traduzcan materialidad de justicia. Sin embargo, los llamados a ser justos ante el juicio o el proceso, por voluntad del Estado y de la Ley, son los que han sido instituidos como Jueces y Magistrados de la República. Ellos y tan solamente ellos pueden encaminar el sendero por donde pueda transitar la Justicia.
La Justicia no es caprichosa sino racional; no es soberbia sino humilde; no reposa en ella la mentira sino la verdad; no es ella jactanciosa, por el contrario es de origen noble; es enemiga de la altivez y está en guerra permanente con la vanidad; no pone obstáculos en su dictamen o parecer sino que hace suyo el libre acceso de todos en un plano de absoluta igualdad.
La Justicia no hace acepción de personas, sino que a todos mira como iguales. En verdad que si creyéramos en la Justicia y la apretáramos fuertemente en nuestro pecho, la abrazáramos como una amiga o hermana, sin ponerla en el piso, podríamos decir que "La Justicia sirve para mucho". Sirve para que cosechemos en épocas de sequía de rectitud, frutos de verdad y de amor; sirve para que en el desierto de la injusticia sembremos semillas de buen juicio; sirve para que en los sequedales de la prepotencia se filtre el néctar de la humildad y la nobleza de espíritu.
Gabriela Rojas, jefa de Seguridad y Salud en el Trabajo del Ministerio de Trabajo, explicó a Panamá América que la Comisión Tripartita desde de marzo, inició con la creación de sub comisiones que están viendo las partes técnicas del reglamento de seguridad en las construcciones.
La sub comisión que está evaluando el tema de higiene y protección personal, culminó hace unas semanas, dijo Rojas.
"En estos momentos, las comisiones están evaluando los temas de excavación, espacio curtinado, radiación idionixante y no idionixante, los trabajo en altura y la proteccion contra caídas.
Andrés Espinoza: "No están cumpliendo con las medidas de seguridad ni los dueños ni el trabajador. Se han dado mucho accidentes feos."
Juan Flores: "Debe haber más seguridad en las construcciones, deben usar cinturones y la compañia brindarle el equipo de seguridad necesario para que no se den más accidentes".
Rogelio Gaitán: "Yo soy carpintero y soy constructor, pero lo que deben hacer es darle charla a los muchachos que empiezan para que se cuiden.
Bosco Lasso: "Debe haber más seguridad, se han dado mucho casos de muertos y no creo que estén haciendo nada para solucionar y evitar más accidentes en las construcciones.